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Los militares y la Constitución

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Importantísimos han sido en nuestro camino constitucional las cesiones de la izquierda y las acomodaciones de la derecha. Claves del texto del 78 han sido las complejas aportaciones nacionalistas. Todo el mundo del derecho de aquellos años hizo un verdadero encaje de bolillos para lograr el milagro de una Constitución que ha durado 30 años.

Pero convendría no olvidarse de un actor silente hoy pero amenazador ayer, los Ejércitos.

Ya sé que se dejaron jirones de la piel de sus ideas los comunistas y los socialistas de esos días. Ya sé que tuvieron que ceder muchos ideales los nacionalistas de todos los territorios que hoy son autonomías. Pero nada es comparable a los riesgos que tuvimos que correr para conseguir que los militares no frenasen una Constitución de la que hoy -militares y civiles- estamos orgullosos.

Hay dos herederos de Francisco Franco que -curiosamente- ayudan a que la Constitución esté aquí: el rey Don Juan Carlos y las Fuerzas Armadas. Digo que ayudan, no que sean fundamentales.

Hay un número en la Constitución Española maldito: el número 8.

El artículo 8 recoge esa peligrosa redacción de que las Fuerzas Armadas son la garantía de la integridad territorial y del ordenamiento constitucional. Todavía hace pocas fechas un general creó problemas citando este texto.

Los militares están plenamente identificados con la Constitución; pero también con el artículo 8º. Apuesto que habrá más problemas en el futuro.

Reitero que el número 8 es una maldición en la Constitución española. No sólo el número 8º del texto, sino también el Título VIII es un problema por sí y entre sí. Espero que se me entienda. Hablo de los militares.

Tengo tanta seguridad en que los militares nunca jamás complicarán un proceso constitucional en España, que no puedo por menos de hacer un modesto homenaje a un militar que murió por defender a la naciente democracia: el general Marcelo Aramendi, que se pegó un tiro en su despacho del Cuartel General del Ejército al no poder soportar los insultos y agresiones de algunos de sus compañeros de armas. Corría el año 1981. El creía en la Constitución, pero sabía que sus compañeros no la comprendían.

Gracias a él y a muchos otros como él aquí estamos.

* Militante socialista, promotor de Nuevas Tecnologías y escribe en elplural.com

Luis Solana*

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