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La miseria política

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Niega Soria que haya rifirrafe entre los socios y me lo creo porque tanto él como Paulino están dispuestos a tragar carros y carretones con tal de seguir en el machito. Son dos políticos amortizados y listos para el desguace, pero no lo saben. Esto es lo único claro porque lo demás es todo confusión.

Confunde que a las manifestaciones de Paulino diciendo, más o menos, que la guanchancha no es prioritaria siguiera el acelerón de Ruano que convocó plazas policiales y puso sobre la mesa, oye, hasta los figurines. Soria, como les dije ayer, pasó de prometer acabar con la Policía durante la campaña electoral a apoyarla cuando llegó al Gobierno; apoyo que extendió a todo el PP, aquí y en Madrid, lo que no casa demasiado con lo ocurrido en el Congreso, que Ana Oramas atribuye a luchas internas del PP y a enfrentamientos con la dirección. Más entretenimiento.

Total, que no hay quien se aclare. No es asunto de mayor interés y allá ellos con sus cosas. Sin embargo, le sirve al Gobierno para que miremos en otra dirección y no veamos, por ejemplo, cómo crecen las colas ante Cáritas, hasta doblar la esquina, a la espera de un plato de comida. Las cifras son espeluznantes pero el Gobierno está en otras cosas. Como el pastón que acaba de gastarse en Londres para promocionar el turismo. Frívolamente porque no se sabe bien si el objetivo era traer ingleses aquí o si los turistas eran los canarios invitados al derroche londinense.

Ni caso a que Cáritas calcule que hay ahora mismo más de 150.000 parados en las islas, que el 45,2% de los hogares canarios no llega a final de mes y que en uno o dos años el 30% de la población canaria puede estar en el umbral de la pobreza.

Frente a tanto esfuerzo gubernamental con la Policía, las promociones londinenses o la famosas Medidas Urgentes, la ley de Prestación Canaria es tan restrictiva que casi ninguna familia puede acogerse a sus ayudas; hasta el punto de que en 2007 se tramitaron muy pocas solicitudes. ¿Para qué perder el tiempo? En cuanto a la ley de Dependencia, diga lo que diga Inés Rojas, la realidad es que ahora mismo no es posible acogerse a ella. Concretamente en Las Palmas de Gran Canaria, hay gente que vive en coches, en chabolas o en naves abandonadas y el centro de Cáritas de la Avenida de Escaleritas ya no dispone de plazas suficiente para responder a las solicitudes, que van en aumento.

Yo no sé si hay rifirrafe en el pacto a cuenta del rollo de la Policía autonómica. Pero estoy seguro de que la miseria y la pobreza de miles de isleños no provocará ni una sencilla discusión. Y mucho menos rifirrafes entre los socios del Gobierno porque la miseria política también existe.

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