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Un modelo tramposo no es excusa

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Ahora, cuando el ciclo llega a su final, Adán Martín no sólo se revela como el peor presidente de la historia democrática del Archipiélago, sino también como el que menos escrúpulos tuvo. Un día me puso una querella por escribir de él que presidía el gobierno más corrupto de todos los tiempos; después, el sentido común impuso que era mejor un acuerdo de circunstancias antes que tarifar en los tribunales por algo que a cada día que pasaba se contemplaba fehacientemente en el escenario de la realidad. No puedo afirmar que el todavía presidente sea un personaje en brazos de la corrupción: ni tengo pruebas ni tampoco sé si existen; pero sí, en cambio, puedo asegurar sin temor a caer en el error que su forma de entender el mando alimenta ferozmente la mamandurria y la componenda. Y algo peor: la sensación de que nadie pilota la nave. Pero no se trata de un poder ajeno a los acontecimientos, como si sobrevolara por encima de una nube y se mostrara enajenado a lo terreno. No. Lo terrible es que únicamente está pendiente de lo suyo, Lo único que le interesa es él mismo, y los intereses del lobby que le aupó al poder. Todo lo demás le importa un pito. Y esos intereses son los que estimulan las llamadas persuasivas de los empresarios para preguntar por los compromisos contraídos, el enaltecimiento permanente de la cuenta de resultados de personajes como Pedro Luis Cobiella, el atendimiento obsesivo a la clientela y el intervencionismo por bandera, y esa manera tan nuestra de entendernos con la porquería abriendo ventanillas en las que toquen los inversores, y el baile de comisionistas con un kilo de rímel en cada ojo que observamos en su fatal lujuria con frecuencia escandalosa. Con un presidente tan banal en lo profundo y, al mismo tiempo, tan comprensivo en las formas, cualquier situación, por rocambolesca que parezca, puede ocurrir. Este final de legislatura en la que a la luz del día, en pleno Parlamento, máxima expresión de la representación popular, se aprueban normas a favor de la cuenta de resultados de los partidos que gobiernan; o bien se subvierta la cruda verdad y se oriente la culpabilidad de una pésima administración hacia quien no tiene posibilidad alguna ni de acertar ni de equivocarse, por cuanto todos sus movimientos se efectúan fuera de las áreas de poder, es la certificación palmaria de que nos encontramos ante una gravísima degeneración de la política y de aquellos que viven de ella. 2.- Cuando nada es gratis ¿Qué mensaje se está lanzando desde el pactito PP/ATI?... Uno muy claro: fastídiense ustedes. Hemos perdido la dignidad; somos unos genuinos partidarios de los reality shows, donde famosillos y aspirantes se ponen a caldo con un lenguaje procaz e irritante y, desde luego, desde el promontorio en el que respiramos no estamos dispuestos a perder ni un buen negocio ni la oportunidad de anatemizar a quien se despliega con la ambición de relevarnos. Hasta ahí podríamos llegar. Que los socialistas pretendan tocar poder, en plan comparsa, complementario, secundariamente, es aceptable; pero que en su chifladura den un paso adelante y hagan constancia de que están dispuestos a alcanzar el trono eliminado el status quo anterior, es decir, cambiar de lobbys, limpiar los salones, enviar al paro a un montón de damnificados que llevan un siglo sin bajarse del coche oficial, eso sí que no. Y menos si hay posibilidad de penas de cárcel de por medio. Ahí estamos: envenenada nuestra convivencia porque las encuestas transmiten una seria opción de cambio. Sobre todo en la isla de Gran Canaria, que es lo que tiene al caudillo del Cabildo rebosando neurosis. Y como es algo tangible y real hay prisas para todo: para cobrar con una mano, y para alterar las conclusiones de las comisiones eólica y Amorós con la otra. Y si resulta pornográfico a los espectadores, mala suerte, que miren para otro lado, o que se abstengan de ir a votar, lo cual sería un favor para garantizar la continuidad de lo mismo. Mucho peor es quedarse en la calle y regalarle la oportunidad a tus antiguos súbditos para que te recuerden a la primera lo traidor y lo sabandija que fuiste. Falta estilo, claro. Y cultura democrática. Y tantas cualidades relacionadas con el buen gusto. Pero a veces olvidamos con excesiva facilidad que esta autonomía se montó entre combatientes al franquismo y sus servidores. Y que en el reparto ganaron los que estaban dentro. El régimen ha continuado en Canarias a través de ATI, sin apenas giros, con estratégicas modulaciones; y el resto de las islas han copiado el modelo en vista de los éxitos. Los que tuvieron la oportunidad de convertir este Archipiélago en una sola plataforma perdieron su momento cuando gobernaron: era entonces cuando tuvieron que liquidar los reinos de taifas, una ley electoral que privilegia el enanismo, el victimismo como arma de ataque, el suceso increíble de un montón de recaudadores corrompiendo un sistema de coña. No lo hicieron por “sentido de la responsabilidad”, y ahora, cuando se trata de asaltar lo que ellos ayudaron a construir con sus miedos y su “respeto a los valores tradicionales”, se topan con una diablesa dispuesta a cortarle el corazón de un solo tajo. Puede que sea tarde para casi todo. De repente aparece un mesías pregonando a los cuatro vientos que la fiesta de los golfos terminó. Vale. ¿Y qué esperaba? ¿Que ese mundo demencial y caótico a la vista de la gente normal, y tan cuerdo y sensato para ATI y para su UPN grancanaria, se declarara derrotado sin lidiar una batalla a la altura de su pasado? ¿Tal vez aguardaba que suplicaran perdón por haber sido tan felices durante estos últimos veinte años? Cualquier recién enamorado del poder es un idiota babeante que cree estar inventando el amor, y aquí lo que se necesita, me temo, es gente que haya echado los polvos suficientes y pagando. Ganar es un oficio peligroso y cuesta unos tremendos sacrificios. Al socialismo canario le pasa algo parecido al nacional: creen que poniendo la otra mejilla conquistarán el cielo, y lo único que alcanzan es un rostro desfigurado. Aunque se entrenen jamás llegarán a rozar siquiera el grado de excelsa sinvergozonería de los actores del pacto PP/ATI: es una herencia sanguínea, de rango, de clase, de manera de entender la civilización. Lo más asombroso es que el socialismo en vez de hablar cara a cara con aquellos que le pueden conducir al poder, convenciendo a los ciudadanos, persuadiéndoles de la importancia de su voto, tranquilizando las aguas de los que temen ser arrasados, lo que hace es justo lo contrario: López Aguilar encumbrándose en conferencias magistrales en Madrid, y su tropa, afrentada por las provocaciones, filosofando sobre su miedo a la inexistencia porque su supuesto líder, el que los ha metido en el lío, huye del polvoriento desierto intelectual que son para él las Islas. Y es curioso: es tanto el miedo que demuestra la derecha defendiéndose con mil cañones de una simple posibilidad, tan profundo el principio de gangrena en su mente, tan enorme el cáncer freudiano que crece en sus pulmones, tan desesperada su adicción a los despachos, que la sensación que dan es que su victoria o derrota electoral pende de un hilo. Lo que no sé yo es si hay alguien con capacidad en el bando opositor con la cabeza suficientemente fría para saber cuál es el camino del éxito, y cómo comunicarlo al resto. Y, entre nosotros, tampoco sé si quieren sinceramente ganar.

Francisco J. Chavanel

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