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La neurosis obsesiva de Antonio Alarcó

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El debate político es positivo. Eduardo Haro Tecglen y Jaime Campmany, columnistas de El País y el ABC respectivamente, bien discutieron entre sí desde columnas enfrentadas, pero siempre desde la sonrisa, la elegancia con la que el Capitán Alatriste asesina en sus novelas y con un uso del castellano más que deseable. En cambio usted, ha hecho del artículo como género periodístico un ladrillo petulante e indigesto. Sin nada que decir, sin ninguna línea argumental.

El panfleto pretencioso está al alcance de cualquiera. El reconocimiento y el aplauso distingue a las personas que poseen entidad propia. Lo sencillo, en la vida como en la política, es lanzar bravuconadas sin razonamiento político. Eso no cuesta nada. Quién más o quién menos, lo ha sufrido en el trabajo o cuando ha tenido una iniciativa y molesta a los que no tienen inquietudes. Pero ante esto, como ante las críticas de bajo vuelo que usted lanza, sólo cabe oponer la fortaleza democrática que da saberse apoyado por la mayoría ciudadana, la de la victoria en las urnas, y seguir trabajando. Merecer y poner en valor el trabajo bien hecho, para ganarse la confianza de la ciudadanía, de las personas que se toman la vida en serio, no es nada fácil, requiere de mucho esfuerzo. Y tengo la impresión, que usted con esos dos artículos no va para nada en esa dirección. Es más, cuando uno necesita de dos páginas enteras del periódico para hablar de otra persona, le sugiero encarecidamente que revise su capacidad de concreción y sea usted quien se haga mirar la profunda envidia y el complejo de inferioridad que, contra lo que aparentan, rezuman sus parrafadas.

Juan Fernando López Aguilar es, ante todo, el ganador indiscutible de las elecciones en Canarias, el líder más votado, y, a diferencia del suyo, no está sujeto a ninguna imputación por corrupción. El argumento democrático lo hace valioso. Los lectores entienden perfectamente que usted no esté de acuerdo con su actuación política, que la discuta y plantee su alternativa. Pero ello requiere de argumentos y reflexión. Es decir, esfuerzo. Por el contrario, se dedica usted a disparatar sobre la justicia, las acciones de la izquierda abertzale, imputando con berridos infantiles todos los males habidos y por haber en nuestra España constitucional a López Aguilar y a Zapatero. Es como decir, que Martínez de la Rosa es el culpable de las guerras carlistas. Menos dislates y más argumentos.

Juan Fernando López Aguilar sí fue Ministro de Justicia, pero de un gobierno democrático, al amparo de la Constitución de 1978 y respetuoso con el Estado de Derecho. No fue el Ministro Iturmendi de la España franquista de los cincuenta ni llevó cartera alguna en el gobierno de Arias Navarro.

Usted en sus artículos no ha hecho política sino antropología negativa. Ya que tanto ha mencionado el mundo universitario, mi profesor de "Teoría de las Relaciones Internacionales" siempre nos decía que cuando uno lanzaba un artículo o publicación lo único que podía esperar es crítica y refutación. Pero usted no ha hecho eso. Usted no merece refutación sino el desprecio de cualquier lector inteligente. A falta de argumentación, su logorrea se instala en la ridícula y pedante inanidad intelectual que ha fabricado por encargo para complacer a su jefe, hundido en su desprestigio. Salir de ese desierto le va a resultar muy difícil. Mientras tanto, me permito sugerirle que cambie de táctica, no vaya a ocurrir que los lectores piensen que le tiene envidia.

¿Pero sabe qué es lo mejor? Que además de López Aguilar en la Ejecutiva del PSC-PSOE todavía hay más personas valiosas y con solidez intelectual como Juan Rodríguez-Drincourt, Pilar Grande, Santiago Pérez, Nina Santana, Gloria Gutiérrez, Arcadio Díaz, ? Haciendo política en positivo, en mayúsculas.

En fin, señor Alarcó. Ante la provocación, el desprecio. Ante la crítica, una propuesta. Y ante la burla, una sonrisa. Cuando quiera hablar de política, de la de verdad, en serio, soy yo el que le invito a un café.

* Secretario de Comunicación del PSC-PSOE

Rafael Álvarez Gil*

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