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Un nuevo pacto para Gran Canaria por EDITORIAL

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La isla de Gran Canaria olía a corrupción. No tanto por la gran cantidad de concejales imputados en investigaciones judiciales, a los que les presumimos por supuesto la inocencia, sino por el conocimiento de sumarios donde se trasluce claramente la corrupción en las formas. Únase a las formas la corrupción en las costumbres, porque, ¿de qué otra manera se puede calificar el hecho de que el presidente del Cabildo, con motivo de una visita del a la isla de José Luis Rodríguez Zapatero, se fuera a pescar salmón en un jet privado con un empresario que a la postre saldría beneficiado de una decisión propia? En su momento pareció desprecio al presidente del Gobierno. Hoy sabemos que fue desprecio al ciudadano de Gran Canaria. Y si al parecer la corrupción no tiene incidencia inmediata en el estado de ánimo electoral, sí que trastorna el estado de ánimo ciudadano, produciendo hastío y desidia hacia todo lo que se residencie en la cosa pública. El grancanario sabe poco de su futuro, de cómo será su territorio mañana, si se podrán mantener las señas de identidad vinculadas a lo rural, si se podrá seguir contando con ese motor de la economía que ha venido siendo el turismo. Tampoco sabe de su lugar en esto que llamamos Canarias más allá de que cada momento es agredido por un loquinario editorialista de la isla de Tenerife. Sabe poco porque hace tiempo que no recibe explicaciones. Por todo eso acaso el electorado grancanario decidió promover un vuelco electoral, que bien gestionado por los vencedores, podría ser de fácil exportación a otras islas. Puede que en Gran Canaria se haya localizado el epicentro de un terremoto electoral de efectos retardados que pudiera extender sus efectos a otras islas en nueve meses, en ocasión de la nueva cita electoral. Depende de los vencedores. Por ello saludamos al nuevo pacto PSC-Nueva Canarias que va a gobernar buena parte de los centros de poder de Gran Canaria, porque son gente no siempre con rostro nuevo, pero sí con talante de progreso y con un nivel de coherencia que ahora necesita la política para los grancanarios. Pero les pedimos que huyan de efectismos, que expliquen a los ciudadanos la realidad actual de la isla. Porque después de tanto tiempo escuchando tonterías y mentiras de satrapillas de guardarropía, ahora el ciudadano quiere escuchar la verdad dicha en lenguaje sencillo y con talante optimista. Tampoco piden mucho más que una isla limpia, sana, alegre y culta, como le gustaba decir al alcalde Rodríguez Doreste hace ya casi veinticinco años, cuando se refería a la ciudad que anhelaba.

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