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Un pacto político y social por el mar

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Los problemas más difíciles de gestionar son los que no se ven. Los que crecen sin que sean visibles hasta que alcanzan tal magnitud que finalmente se revelan ante la sociedad con toda su potencia, muchas veces cuando es demasiado tarde y llevamos tiempo consciente o inconscientemente contribuyendo a que el problema crezca sin freno. Lo que hemos vivido este verano en Canarias con la crisis de las microalgas no es más que el fruto de décadas y décadas de maltrato a nuestras costas y a nuestro medio marino. Vivir en una isla como es nuestro caso, significa muchas cosas, pero sobre todo significa tener una relación constante con nuestro mar. Y ello, aunque no seamos costeros, o no seamos muy amigo de la playa o del mar. Él siempre está ahí. Condiciona nuestra vida diaria, nuestro clima, nuestra economía y también nuestro futuro. Pero llevamos demasiado tiempo sin mirar debajo de la alfombra hasta que la mugre acumulada ha terminado por salir y nos la hemos encontrado inundando casi a diario nuestras playas, nuestros charcos, nuestra costa.

Los representantes políticos debemos siempre conceder el beneficio de la duda y dar en primer término presunción de veracidad a los informes técnicos de los profesionales de la administración pública que velan por la seguridad de la salud. Vivimos en un entorno seguro desde el punto de vista de la salud y eso es un valor que debemos tener en cuenta. Como máximo representante de la protección de los consumidores que he sido en esta Comunidad Autónoma es una máxima que no me puedo saltar. Por ello, no pondré en discusión que el fenómeno de las cianobaterias no tiene una relación directa con los vertidos ilegales al mar, o aguas deficientemetne tratadas, ni que no suponen un riesgo grave para la salud. Es lo que han dicho los técnicos, y no desconfío de ellos, aunque el debate técnico y científico sobre estas dos cuestiones existe y no podemos obviarlo. Hay técnicos que sostienen contrariamente a lo mantenido por el Gobierno de Canarias que si hay una relación entre la proliferación de las cianobacterias y las aguas mal depuradas vertidas al mar, así como que que el contacto humano con ellas puede tener problemas de salud que irían más allá de una simple urticaria. Pero más allá de la discusión técnica, la crisis de las microalgas ha sido un dislate desde el punto de vista de la gestión política. Mala comunicación, contradicciones, falta de previsión en el cariz social que iba adquirir, falta de coordinación entre administraciones, mensajes contradictorios sobre su origen y sus efectos. Porque al mismo tiempo que hay que confiar en primer término en los informes de los técnicos, no es menos cierto que en materia de seguridad para la salud lo más peligroso es la desinformación, la información contradictoria y la inseguridad que eso genera en  la población, y justamente eso es lo que este Gobierno, con su presidente a la cabeza, han conseguido este verano. Ser más peligrosos que las cianobacterias. Su mejor consejo es pedirle a los canarios que no dijéramos nada porque dábamos mala imagen, cuando lo cierto es que no hay peor imagen que una playa sucia y un Gobierno inoperante. Ha faltado dirección política y liderazgo, algo a lo que este gobierno está peligrosamente acostumbrándonos cuando se produce una crisis que requiera de una actuación gubernamental eficaz. Los ciudadanos han carecido de información puntual sobre la evolución de la aparición de las microalgas, algo que científicamente no es tan complejo. Debían levantarse cada mañana y mirar su trozo de costa para ver si había habido suerte y no aparecían en su playa. Ni un mísero mapa en el WEB del Gobierno para advertirnos de donde habían aparecido ese día. Las redes sociales y la ciudadanía han suplido ese lamentable vacío. Ha habido desinformación a pie de playa. Ni un mísero folleto que explicara algo sobre un fenómeno que dicen ha venido para quedarse, esperemos que este Gobierno termine antes por nuestro bien. Criterios distintos en cada momento. Unas playas prohibidas al baño, otras solo recomendando no meterse en el agua, otras en las que solo se prohibía en una determinada zona. En definitiva un desastre. Mientras, el Gobierno de vacaciones, mandando a los técnicos a dar la cara en un problema que ha sido más de gestión política que técnica. Esperemos a la apertura de puertas del Parlamento para oir al Consejero porque alguien debería terminar por presentar su dimisión en este asunto. Se une a esto algo que no es demagogía, al final nuestra costa y nuestras playas, las que más se han visto afectadas, han sido las que son el espacio de disfrute de la gente de esta tierra que son muchas, que no pueden irse fuera en pleno verano quince días a bañarse y disfrutar de las costas y las playas de otros. Siempre terminan pagando los que menos tienen.

Respecto a la relación entre la proliferación de las cianobaterias, los emisarios submarinos y el vertido de aguas indebidamente tratadas al mar, aunque demos por bueno lo que dicen los técnicos de que no hay una relación, es evidente que tenemos un problema con esto. Con o sin cianobaterias, y es posible que esta discusión haya servido para que finalmente tomemos conciencia de que el mar no es un vertedero. Lo cual además es bastante absurdo teniendo en cuenta que vivimos en una isla, es tanto como decir que hemos convertido la isla en el centro de un gran basurero. Tenemos un grave problema con el tratamiento de las aguas que vertemos al mar. Lo tenemos hace tiempo. Pero como esa mugre bajo la alfombra no éramos consciente de que cada vez había más mugre y menos alfombra para taparla y ha acabado inundándolo todo. Este debate debemos tenerlo, y está ligado a lo que queremos hacer con las islas, con el modelo de desarrollo y hacia dónde queremos ir. Nos visitan al año 14 millones de turistas y subiendo. Catorce millones de personas más de carga ambiental a nuestras islas. Que generan residuos y que tienen un impacto en nuestro medioambiente obvio. Nos hemos preocupado de hacer terminales de aeropuerto, carreteras, jardines. Pero tenemos una asignatura pendiente obvia con nuestras infraestructuras medioambientales. Hace décadas que no hay una planificación suficiente ni inversión para tomarse el tema de los emisarios y la depuración del agua en serio. Y algunos hablan de llegar a los 20 millones de turistas pero con infraestructuras de hace 20 años. Esto es de extremada importancia para nuestro futuro. Me atrevería a decir que uno de los principales retos para las próximas décadas y para nuestra próxima generación. Tener una relación más respetuosa y mayor conciencia sobre la importancia de nuestro medio marino. Y no es una cuestión solo de políticos. Que lo es evidentemente, y debemos pensar ya en la planificación y coordinación con todas las administraciones implicadas. Un pacto político por el mar, por su sostenibilidad. Pero también es un reto colectivo y como sociedad. Las viejas bicicletas, baterías en desuso, la nevera desvencijada o el somier roñoso que a veces se sacan del fondo del mar cuando se limpia una playa no ha sido arrojado por ningún político incompetente. Lo hemos hecho uno de nosotros. Lanzo por ello esta idea. Hagamos ese gran pacto por el mar, por nuestras playas y costas. Yo me sumo ya.

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