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Más perdido que el barco del arroz

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Me impresionó, de verdad, la imagen del mentado Paulino en el Parlamento mostrando su cólera con el gesto contenido y traspuesto por la expresión extraterrestre de quien pretende comunicar que acaba de aparecérsele Dios bendito y enseña la losa labrada que le entregara, como addenda a las dos que diera a Moisés. Admito no conocer a nadie que haya tenido tan sublime visión; como mucho, sé de quienes se han topado con ovnis tripulados por raros seres a los que invitaron a cubatas tras cerciorarse de que no eran inmigrantes sin papeles. No sé, por tanto, qué cara se les queda a los que han visto a Dios, pero fue lo primero que se me ocurrió cuando el hombre, el Paulino mentado, amenazó urbi et orbe con querellas a cuantos aprovechan que hay marea para darle el golpe a la lapa.

Añadió, el muy presidente que emprenderá, además, cuantas otras acciones estime necesarias para conseguir que se callen, coño, y pensé que, gracias al mismo Altísimo, Paulino no dispone aún de la Policía autonómica con la que se nos caerá el pelo a más de cuatro. No le llegó a tiempo la guanchancha para reforzar la represión disuasoria de quienes consideran, erróneamente, que también son hijos de Dios y herederos de su gloria los desafortunados que no figuran en el selecto censo de amigotes y entenados del Gobierno reclutados en las aulas de la Universidad de la Vida cuando bebían garrafón y pinchaban discos.

He mencionado varias veces a Dios debido, seguramente, a que Paulino me tocó la vena fervorosa enterrada bajo viajes de brosa agnóstica. Son menciones e invocaciones que afloran del deseo de no acabar en el banquillo. Sé, desde luego, que estaría bien acompañado de desafectos, incluso de jueces reos, como dije, pero mal de muchos, consuelo de tontos, es fama.

Por eso, para escurrir el bulto, les diré que la adjudicación de la TDT fue una granujada, en el buen entendido de que aplico la primera acepción de granuja=uva separada del racimo. De lo que se infiere que las granujas propiamente dichas son las empresas rechazadas y que no fue el Gobierno, qué va, quien las separó de forma desastrada e irregular del racimo nutricio de las adjudicaciones. En fin. Ni cuando Él habitaba entre nosotros había que dar tantas vueltas para decir las cosas y dejar a los lectores desplegar la imaginación; o las acepciones en el presente caso. Yo, habrán visto, me limito a ir por uvas.

Tantas vueltas he dado que pasé buen rato cronicando la última de Paulino Rompetechos en TDT a base de dichos y refranes isleños de aplicación al entuerto. Pensé contar que Paulino es un ser que no puede ser al frente de un Gobierno que no debería ser, pero es aunque le llegue el agua a las cajetas. Este no ser que les digo, Paulino, compareció ante el Parlamento con los bezos estofados del mismo encochinamiento para advertir que lengua que hable, lengua que paga y exigir que no le toquen el baúl; o sea, que le dejen el alma quieta quienes le advirtieron con tiempo de que esa burra lo tumbaba; los mismitos, oye, que le dicen ahora, al verlo con las bembas atufadas, no te arrugues que no hay quien planche. Pero él siguió haciendo buches poniendo de manifiesto que no toda madera sirve para trompo y que se metió a brujo sin conocer las hierbas; de ahí que el Gobierno tenga menos luces que un coche de pedales y ande más perdido que el barco del arroz. Estuve tentado de largarle todo eso, pero, ya ven, no me atreví.

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