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Más pobres

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Otro dato que podría parecer increíble, la gente tampoco come urnas. Lo de Egipto y Túnez tiene mucho que ver con el hambre, con los contrastes sociales, con los gobernantes corruptos que cada vez son más ricos mientras la población carece de los derechos fundamentales. Lo digo porque esta fiesta de la democracia que Occidente celebra como un triunfo de su sistema es una falsedad. Los tunecinos se echan al mar después de la caída de Ben Ali porque siguen si poder comer, sin trabajo, sin sanidad. En las últimas décadas los sátrapas han funcionado como embajadores de Europa y Estados Unidos en sus países, se han dedicado a defender los intereses de empresas foráneas que explotan los recursos de los africanos. A cambio se han llevado importantes comisiones que han guardados en los bancos europeos. Por eso la CIA los protegió hasta el último minuto y les garantizó un retiro tranquilo: eran de los nuestros.

En el año 2008 los mandamases mundiales que se reúnen en el G-20 decidieron incluir en su agenda el estudio del Programa Mundial para la Agricultura y la Seguridad Alimentaria. Los señoritingos del universo se dieron cuenta de que para lograr la estabilidad económica había que tener en cuenta si la gente comía o no. Porque, claro, si se nos mueren de hambre no los podemos explotar. Pero con la quiebra de grandes banco y multinacionales volvieron a olvidarse de los pobres. Y en sus reuniones sólo mostraron preocupación por los déficit públicos, las guerras entre el euro, el dólar y otras monedas y la reforma del sistema financiero. Tampoco debemos sorprendernos, ya don Francisco de Quevedo lo dejó escrito en el siglo ¡de oro! español: poderoso caballero es don dinero.

Dice el presidente del banco Mundial, Robert Zoellick, que la subida de los alimentos está adquiriendo "niveles peligrosos" porque amenaza a decenas de millones de personas en todo el mundo. Casi mil millones de personas que sufren hambre en todo el mundo; más del 60% son mujeres. Un tercio de la mortalidad infantil en el planeta se atribuye a la malnutrición. Zoellick ha pedido al G-20 que se hable de estos datos en la reunión que sus dirigentes mantendrán este fin de semana en París. ¡Qué cosas!, pretende el Banco Mundial joderle los canapés a los señoritos del mundo. Ellos, tan felices que estaban preparando la reunión para hablar de divisas, sistema financiero y para dar la bienvenida a la democracia a Egipto y Túnez. Y los malnutridos estos pretenden que hablemos de ellos.

Lo recordaba en un acertado artículo este domingo el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz (que fue, por cierto, vicepresidente y economista jefe del Banco Mundial). Túnez era un país con unos datos económicos positivos, bien visto por los organismos internacionales y las agencias de calificación. Decía Stiglitz que " no basta con que los Gobiernos contribuyan a un crecimiento suficiente. Al fin y al cabo, el PIB creció un 5%, aproximadamente, en Túnez a lo largo de los 20 últimos años, y se citaba con frecuencia a ese país porque podía alardear de una de las economías con mejores resultados, en particular dentro de esa región."El economista norteamericano añadía que "Tampoco es suficiente seguir los dictados de los mercados financieros internacionales: así se pueden conseguir buenas calificaciones de los bonos y agradar a los inversores internacionales, pero eso no significa que aumente la creación de puestos de trabajo o el nivel de vida de la mayoría de los ciudadanos." Vamos, que Túnez se portaba bien, hacía los deberes que les mandaban desde el FMI y los desprestigiados organismos internacionales. Pero entre esos deberes no estaba ni está la justicia social, las necesidades básicas o los derechos humanos.

Por eso debemos de estar atentos a este llamamiento del Banco Mundial y a la respuesta que darán en la reunión de París el próximo fin de semana los del G-20. Italia ha decretado el estado de alarma ante la llegada de miles de tunecinos a Lampedusa. Se sabe que Berlusconi tan sólo dejará entrar en su palacio a algunas menores tunecinas que estén hermosas y cumplan estrictas normas estéticas. Al resto les espera porras, cárceles y expulsión. A los malnutridos de la tierra sólo estamos dispuestos a verlos en los telediarios. Pero, cuidadito, porque los pobres también crecen en Europa. Las reformas económicas que imponen los del G-20, el FMI, la banca, las eléctricas y el resto de la chusma internacional crean riquezas a los de siempre y pobreza a más gente todavía. Llegará el día en el que apaguemos la tele, nos demos cuenta de lo que nos está pasando y vayamos caminando a nuestra propia Plaza de la Liberación.

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Juan García Luján

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