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¡Todo el poder para Sarkozy!

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Le preguntaron a Sarkozy si tanta mayoría perjudicaría al juego democrático. Lo negó rotundamente. En realidad, necesita una mayoría aplastante capaz de contrarrestar la previsible resistencia social a su proyecto de ruptura neoliberal. Además, adelantó una peculiar política para la formación de las distintas áreas gubernamentales: “aseguraremos la diversidad, la apertura y la unión”. ¿Qué quiso decir? Que está dispuesto a superar políticamente la división formal entre la izquierda y la derecha, seduciendo incluso a sectores social liberales del partido socialista (inmerso en una crisis interna) para así arrinconarlo mejor. La extrema derecha la tiene en el bolsillo. Por otro lado, ya soltó un primer golpe de efecto tras su victoria, al incorporar al Gobierno a personalidades provenientes de la izquierda como Bernard Kouchner, Eric Besson, Jean Pierre Youyet y Martin Hirsch. Ahora quiere profundizar esa orientación. Su idea consiste en proponer a un grupo de diputados socialistas su entrada en una mayoría ampliada tras las legislativas. Sarkozy promociona “la formación de un grupo autónomo de individualidades de izquierda”, que deberán distanciarse del grupo socialista oficial para colaborar con la mayoría. Hay muchos personajes tentados por la propuesta, entre ellos Jacques Attali, quien ejerció en su día como asesor de Francois Mitterrand y, si recuerdo bien, como ministro de Cultura. Naturalmente, estas iniciativas del presidente, ya definido en algunos círculos gabachos como el nuevo populista, tienen muy nerviosos a los socialistas, que llaman constantemente a la movilización de sus electores el próximo domingo para obtener diputados suficientes y ejercer algún control sobre Sarkozy desde la Asamblea Nacional. Al fin y al cabo conformarán el único grupo parlamentario de oposición. La izquierda tendrá que pensar en su reconstrucción, ligando su destino inmediato a la resistencia social contra el plan de ruptura y a un futuro de cambio. Lo que Le Monde Diplomatique denomina política de destrucción social, y Sarkozy llama ruptura, incluye contrato de trabajo único similar al rechazado de nuevo empleo (CNE); incremento del tiempo de trabajo; condiciones a la protección social mínima; limitación al derecho de huelga; reforma fiscal regresiva; liquidación del impuesto a las grandes fortunas; desmantelamiento de más servicios públicos, “de la protección social y de las jubilaciones; disminución progresiva del presupuesto de sanidad, no reemplazo de uno de cada dos funcionarios que se jubilen; caza a los inmigrantes; relanzamiento de la Europa liberal y apoyo a la política estadounidense”. Ya veremos si la prevista mayoría absoluta de Sarkozy en la Asamblea Nacional alcanza para tanto.

Rafael Morales

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