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Es la política, imbécil

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El único problema es que el electorado, que no es tan sabio como los políticos repiten demagógicamente, suele ser bastante amnésico. Si no lo favoreces en vísperas electorales, no se acuerda de lo que hicieron por él y se olvida de votar al partido gubernamental. Los legisladores deberían bajarse el sueldo y aprobar leyes justas y de provecho para todos. Por ejemplo, prohibido hacer demagogia y electoralismo so pena de cárcel con cadena perpetua a pan y agua. Pero eso es mucho pedir. Los políticos forman una clase endogámica y presumida que vive de las cosas tal y como están. Si así viven bien, para qué cambiarlas. Cuando Zapatero anunció que los nuevos bebés llegarían con un pan de 2.500 euros bajo el brazo (el pan está subiendo mucho últimamente), Zaplana contestó que era una barbaridad, pero a renglón seguido dijo que el PP había prometido antes que el PSOE 3.000 euros por recién nacido. Cuando Soria (el bueno, el ministro, no el Clark Gable de aquí) prometió que los niños tendrían dentista gratis, la consejera canaria de Sanidad, la del estatuto nacionalsocialista, exclamó que era otra barbaridad, pero a renglón seguido se inventó las ayudas para los niños canarios que visitaran al odontólogo. Supongo que las ayudas de Roldós no iban encaminadas a comprar tebeos entre la amalgama de revistas rosas del recibidor de la consulta. Sería más lógico que las revistas del corazón estuvieran en las consultas de los cardiólogos. Cuando la ministra de Vivienda se comprometió a entregar doscientos y pico euros a los jóvenes que alquilaran una vivienda (Chacón, como es joven, debe creer que los mayores no viven de alquiler), rápidamente salió el Gobierno canario nacionalpopulista, siguiendo la terminología roldeña, a ofrecer un cheque de 300 euros, eso sí, después de criticar desenfrenadamente la medida del Gobierno ZP por electoralista y demagógica. La oposición califica siempre de electoralista y demagógica cualquier medida popular el Gobierno, aunque inmediatamente aplica otra disposición aún más generosa en los sitios en los que está en el poder. Ninguna de las tres medidas populistas, demagógicas y electoralistas me atañen. No pienso tener más hijos, el más pequeño ya cumplió los catorce años y no tendrá dentista gratis (es más, me acabo de gastar una pasta gansa por culpa de su dentadura) y yo tengo más de treinta como para ponerme ahora a buscar piso de alquiler sin subvención. O sea, no estoy contaminado y por lo tanto no he sido persuadido en la compra de mi voto. Es la política, imbécil. O más bien: ¿son los políticos imbéciles o quizá creen que lo somos nosotros? A lo mejor si me dan un trabajo serio, estable y digno, voy y les voto. Pero me temo que no caerá esa breva. Yo no soy tonto. Ponme el dedo en la boca y te lo demuestro.

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