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La pregunta del millón de euros

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Sinceramente: podría haber dedicado la mañana a probar la salinidad, a lengüetazo limpio, del agua del Charcón. A ponerme a hacer cuentas de cuánto debo ahorrar este mes -200 euros de ZP de por medio- para pagar la matrícula escolar de los niños. A fantasear con la playita de este fin de semana o simplemente mirar a los celajes hasta que llegara mi hora de hacer que cubro, diligentemente, con la media diaria de las 65 semanales (más que nada para ir entrenándome, gracias Gorby). Pero la causa de fuerza mayor me dio una mañana movidita y una resaca de tarde, noche y despertar aún más grande.

Porque esta mañana de jueves, en la tienda a la hora de ir a comprar el periódico, en el bar tomando un cortadito e incluso en la guagua camino de Mesa y López a Triana, no escuché a ningún mortal hipotecado hablar escandilizado sobre Rafael González Bravo de Laguna y su confesión, sacada por los abogados de Sosa cual dentista del siglo pasado, de que hubo sugerencia de Soria de que retirara su recurso contra la victoria de Isolux so pena de mandar a sus franceses al paro. Ni amenaza, ni presión ni nada, sólo quizás una "sugerencia en tono coloquial", como la que acojona a un empresario millonario cuando quien sugiere, en plan "chacho, mira a ver", es un pobre asalariado. Ya.

Pero a nuestra gente no preocupa ni altera lo que se cuente en las fiestas de postín de esta burguesía de andar por casona subvencionada. Tampoco que Soria deje fisuras ante la juez sobre su desconocimiento de Luis Delso, el de Isolux al que sí identificaron Luzardo y Curro Fernández Roca, o del papel de González Bravo de Laguna como representante de Idagua, la ganadora del concurso perjudicada por el reinforme más rápido que inmediatamente. Ni la libertad de prensa en solfa, ni el tono y contenido de la acusación pública, ni los puestos de trabajo de esta empresa importan, con la que está cayendo fuera, al común de los mortales.

Pero esta mañana de jueves, José Manuel Soria ha estado en boca de quienes, con mucho sigilo y a veces sin tener que esforzarme, he acercado la oreja a ver qué decían cuando compraban el periódico, se tomaban el cortadito o mataban el tiempo mientras llegaba la guagua. Su millón de euros perdido por todos nosotros, ciudadanos de Las Palmas de Gran Canaria, de Gran Canaria y Canarias, ha calado hondo en la conciencia del pueblo llano. El millón de euros lo he escuchado del Puerto a Las Palmas esta mañana de jueves más que la bronca de Luis a Torres o el 1-3 de Portugal a los checos.

Pobre vicepresidente tenemos. Ha hecho del victimismo para disfrazar su intención de hundir a una empresa su condena pública en la calle. Porque la pregunta del millón de euros, mientras resuenen los ecos de este juicio, sigue en el aire: "¿Y cuánto se hubiera ahorrado el contribuyente de la capital y la isla con su magnífica herencia de telaraña en las arcas públicas de haberse dedicado a cobrar entre 18.000 y 26.000 euros mensuales como técnico comercial del Estado?". Anda, deja a Rajoy y llama a Rato...

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