eldiario.es

Menú

La protohistoria de la TDT

- PUBLICIDAD -

En pocos asuntos como en este, el fariseísmo de los partidos políticos es tan acusado. Estos lobos sin escrúpulos asoman la patita de cordero bajo las alfombrillas en la puerta de los ciudadanos ofreciendo el loable propósito de que usted, amable lector, y yo veamos mejor la televisión. Pero esconden el rabo peludo de Lobo Feroz, cuando no dicen que en realidad desean que nos traguemos, por supuesto con calidad digital, lo que ellos quieren que veamos: su burda propaganda y manipulación política partidista. Desde que existe la televisión en España, no ha habido un partido político en el poder que no haya manipulado ni mentido abiertamente en este asunto, empezando por el partido único, pasando por la UCD, el PSOE, el PP y vuelta el PSOE. Y también en sus oportunas trasposiciones a la política autonómica y local. Todos ellos han mantenido la televisión, y en menor medida las radios, como un servicio esencial de titularidad del Estado, porque como reza el preámbulo de la Ley 4 de 1980, del Estatuto de Radiodifusión y Televisión, ERTV, “la televisión es un vehículo esencial de información y participación política de los ciudadanos, de formación de la opinión pública, de cooperación con el sistema educativo…”. Y con algún esfuerzo se podría llegar a entender que fuera un servicio esencial del Estado, pero en ningún caso el aparato de propaganda del Gobierno de turno. Es lógico defender que los servicios esenciales del Estado deben ser controlados por éste, pero ello no implica que deban ser ejecutados por él mismo. Una cosa es regular y controlar las redes técnicas de radiodifusión o de comunicación por cable, de forma que fuera efectivo el derecho constitucional de los ciudadanos a informar y ser informado, y otra cosa bien distinta es que los gobiernos sean proveedores de contenidos y a la vez administradores de las redes de radio y televisión. De ahí nace la eterna discusión sobre el alcance de la programación y los contenidos en las televisiones públicas y la permanente acusación de falta de pluralismo y exceso de gasto en programas de entretenimiento, cuya oportunidad es sólo justificable con la pobre excusa de la necesidad de aumentar las audiencias. Es la versión digital moderna del “pan y circo” del Imperio Romano. Y por poner un símil de lo que quisiera expresar, utilizando el gráfico ejemplo de las papas y las coles que me enseñó un veterano profesor de Radio ECCA ya felizmente jubilado, una cosa es que un ayuntamiento tenga un Mercado Municipal y otra bien distinta es que se dedique a vender frutas y verduras, menos aún sin afiliarse a algo.

José Fco. Fernández Belda

- PUBLICIDAD -

Comentar

Enviar comentario

Enviar Comentario

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha