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Una real pantomima

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Uno de esos tópicos típicos, una de esas pantomimas, a los que nos hemos ido acostumbrando todos, es el mensaje de Navidad del Rey a los españoles. Cada 24 de diciembre el discursito de marras y, al día siguiente, la opinión de los partidos con la niñada de que si se fijó más en las propuestas de unos que en la de los otros y con la paginita obligada de los medios de comunicación para comentar las bondades del susodicho. La verdad es que casi siempre se trata de una repetición de lugares comunes, lo que ha sido la causa posiblemente de que cada año pierdan audiencia esos minutillos de pamplinas navideñas (dos millones de espectadores en diez años).

Es bien conocido que al monarca le redactan sus discursos, siempre desde la óptica y el consentimiento de quien gobierna, pero a mi me parece que en esta ocasión se han pasado ?el escribiente y el lector- de castaño oscuro. No es de recibo que el jefe del Estado, que debe mantener una actitud imparcial y de respeto a todas las ideologías y a todos los sectores de la población, se haya decantado de una manera tan burda por los que tienen la sartén por el mago en detrimento de los que peor lo están pasando. El rey no puede en absoluto tomar partido y defender las políticas neoliberales -aunque sea las que comparta- que una gran parte de nuestra sociedad está sufriendo y ha rechazado en manifestaciones y en una huelga general.

No estoy de acuerdo con la mayoría de analistas que califican la felicitación de vacía de contenido y cargada de redundancias. Yo no la veo tan inocente.

Al entrar de lleno en el tema, después de las felicitaciones de rigor, don Juan Carlos hace referencia a la crisis que "en nuestro caso ha puesto de manifiesto desequilibrios y deficiencias estructurales". Podría haber sido más preciso y haber dicho que nos metimos en una burbuja inmobiliaria, donde todo el monte era orégano, que destruyó el litoral español y gran parte del paisaje y el medio interior; que nuestra educación es de la peores de Europa y que no existe modelo productivo alternativo alguno; que lo privatizamos todo y no tenemos ni banca pública, ni energéticas públicas -lo que nos hace depender enormemente del exterior-; que nos hemos cargado el sector primario, que... Podría haber citado la corrupción "estructural" que corroe la democracia y podría haber nombrado a los que nos han llevado a esta situación. Para que su discurso fuera más creíble.

A continuación nos traslada que "los parados concentran nuestras preocupaciones; son una prioridad insoslayable". ¿Por qué no denuncia entonces que el Gobierno haya anunciado la eliminación de las ayudas de 426 euros a los desempleados, que se van a ver en la calle sin ningún tipo de recursos para subsistir, al tiempo que se recortan la sanidad, los servicios sociales públicos y se reducen notablemente las ayudas a oenegés como Cáritas, que se las van a ver y desear para poder paliar miles de casos de exclusión social? ¿Qué consuelo se les transmite a los más de cuatro millones y medio de parados, a los casi 42% de jóvenes sin empleo? Que falso suena aquello de que "continuemos prestando la máxima atención a los excluidos y marginados, trabajando por la igualdad de oportunidades y en apoyo a los discapacitados"

"Pienso en quienes han tenido que cerrar comercios, talleres o negocios" ¿Y entonces por qué no exigir a los bancos que abran la mano a los créditos, absolutamente cerrados para la gran mayoría? ¿Por qué entonces lo de acabar con las cajas? ¿Por qué no una banca pública que permita que fluyan los créditos ante proyectos solventes? ¿Por qué no entonces un impuesto a la banca y las rentas más altas? ¿Por qué no un control de las SICAV, de la cuentas en Suiza??

"La crisis ha requerido la adopción de importantes decisiones?". ¿La crisis?. No sería más preciso llamarle sistema financiero, mercados, neoliberalismo ? "Y para crecer como necesitamos, debemos proseguir y abordar juntos las reformas necesarias, cumpliendo además nuestros compromisos en materia presupuestaria y de déficit", es decir, visto bueno a los recortes sociales, a los salarios de los funcionarios, a la congelación de las pensiones, al despido libre y barato, a cargarse la negociación colectiva, al aumento de la edad de jubilación, al incremento del periodo de cotización para el cobro de las pensiones, a la paralización de las inversiones para que no crezcamos y así nos puedan intervenir. Es decir, posición de firmes ante el FMI, el BCE, la OCDE y el liberalismo campante. Apoyo rotundo y clara legitimación de lo que estamos sufriendo, a una práctica política alienante, de alguien que no puede ni debe decidir nada.

Desde luego es muy necesaria la "unidad, responsabilidad y solidaridad" y que "nada que valga la pena se consigue sin renuncias y sin entrega", incluso para los que reciben nueve millones de euros del erario público sin rendir cuenta alguna y para los que se han recortado apenas un 5% de sus presupuestos en el último año (a la Casa Real me refiero), infinitamente menos que cualquier ministerio, y eso que no contamos con todo lo que supone de coste el Patrimonio del Estado a su disposición en Madrid, Barcelona, Mallorca, Sevilla, los barcos, los aviones que vuelan gratis a bodas y bautizos, etc?

Y para rematar, una de populismo facilón: la foto de la selección española de fútbol. Con los triunfos que ha conseguido España en este último año en el campo de la investigación sobre el cáncer, las células madre, los trasplantes?por ejemplo, a lo mejor le pudo haber cabido también en la mesita alguna foto de nuestros investigadores, que si que apuestan por un nuevo modelo productivo.

Antonio Morales Méndez

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