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Nada de rectificaciones

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Tal vez tenga razón y uno pase abiertamente de los orígenes y etología de las disputas, pero lo que yo quería dejar claro ?y claro está? es que ofrecen una penosa imagen al personal elector con sus disputas y que si, efectivamente, los objetivos de unos y otros se centrasen en la defensa del medioambiente y del futuro de las islas y del planeta, se unirían por encima de las diferencias personales y los detalles nimios en lugar de llevar sus aburridísimos enfrentamientos incluso al campo de los medios de comunicación. O sea, que no rectifico nada y que quienes tendrían que rectificar, si acaso, en aras de las ideas que afirman defender serían los protagonistas de esta encarnizada lucha por el dominio de siglas y poco más, porque, si hablásemos de poder y de influencia social y política, todo se nos iría en aire, puro o contaminado, pero aire en fin.

Otro comunicante me recomendaba, en la sección de comentarios de los lectores, que me leyese la legislación europea sobre pecios. Una recomendación que tampoco seguiré. Lo siento, porque, por mucho que se legisle, los pecios seguirán existiendo y multiplicándose al margen de lo que decida Estrasburgo. El famoso y trágico Prestige, un suponer, ya es un enorme pecio y no hubo directiva comunitaria que lo impidiera. Un pecio no es más que un buque o cualquier parte de un buque, hundido. Por naufragio, accidente o decisión administrativa. Los gobiernos español y canario hundieron hace un par de décadas bastantes barcos de nuestra flota pesquera para convertirlos en pecios que generaran una riqueza piscícola que, después, nadie aprovechó porque no había flota pesquera para hacerse con las nuevas capturas. Cosas raras que pasan en este país, oigan.

José H. Chela

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