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La refundación del nacionalismo catalán

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En los partidos nacionalistas las consecuencias de la derrota electoral se viven con una pasión parecida. Pasado el momento del desconcierto, del duelo, los dirigentes llaman a la unidad, a la refundación, provocando una irradiación del “amor a lo nuestro”, a las “esencias fundamentales de nuestra forma de vida”, siempre frente a los otros, a los “de fuera”, mezclando emotividad y tacticismo para recuperar la perdida de sus posiciones no solo en el mercado electoral, sino también al interior de su propio partido. Artur Mas, líder de Convergencia Democrática de Cataluña (CDC), el sucesor de Jordi Pujol, derrotado en las últimas elecciones autonómicas, acaba de convocar un acto de masas el 20 de noviembre en el Palau de Congres de Barcelona para vivificar el catalanismo. La convocatoria ha ido precedida de una serie de declaraciones todas ellas en la línea de lo que ya se llama la refundación del nacionalismo catalán. Los convergentes quieren establecer un “espacio abierto”, una “casa común”, dicen, capaz de albergar en su seno a catalanistas del PSC, personalidades independientes y republicanos disidentes de ERC como Joan Carretero. Su proyecto se fundamenta en tres ejes principales: la necesidad de un rearme moral; la defensa de la personalidad nacional diferenciada de Catalunya; y la creación de un ámbito catalán de decisión. No habla de autodeterminación pero la conjugación de los tres ejes está mucho más cerca del soberanismo que del federalismo, casi en la línea del PNV. La operación de Mas cuenta con apoyos importantes como el de los expresidentes Jordi Pujol y Pasqual Maragall, pero por el momento le ha fallado su socio electoral, el democristiano Unió Democrática de Catalunya (UDC). Por su parte, los republicanos de la Esquerra han calificado como una opa la operación, e incluso la han ridiculizado diciendo que esa casa grande “tiene vigas con aluminosis”. El gobernante Partido Socialista se mantiene muy atento a los acontecimientos, principalmente tras los recientes coqueteos de Mas con Pasqual Maragall y el anuncio ampliamente publicitado por CDC de la asistencia del ex presidente al Palau de Congres. Hasta ahora el catalanismo de CDC y de UDC había oscilado inteligentemente entre objetivos de mayor autogobierno y la colaboración con el Gobierno de España, sin importarle mucho quién residiera en La Moncloa. Sin embargo, las últimas declaraciones de Mas mueven a la confusión, al menos en cuanto a la terminología usada, ya que introduce el concepto de “ámbito catalán de decisión” empleado, entre otras fuerzas, por el conglomerado de Batasuna. Para añadir confusión a la situación, el todavía presidente del PNV, Josu Jon Imaz, acaba de pronunciarse abiertamente en la XVIII Escuela de verano de CDC por un nacionalismo posibilista, cooperador con las instituciones del Estado, cosechando el aplauso de los convergentes, un aplauso que en su tierra no supo conciliar. El PSC ya ha lanzado algunas advertencias. No es razonable -dicen- que en un mundo de soberanías compartidas e interdependencias crecientes, se promueva un futuro de Cataluña sin o contra España. Los socialistas de Montilla que apuestan por la España plural mantienen que el catalanismo debe moverse en el escenario español y europeo, advirtiendo que aquellos que quieran desertar del combate por una España plural deberían explicar cuál es su objetivo final y cómo y con quienes pretenden conseguirlo. La “casa común” propuesta por Mas, señala el eurodiputado socialista Ramón Obiols, supone, principalmente, aceptar los elementos comunes del catalanismo plural, renunciado totalmente a la tentación de la exclusión y asumiendo la victoria de otros. La “casa común” es para todos los que han nacido y viven en Catalunya. Lo contrario es la dialéctica de la confrontación entre “los de casa” y “los de fuera”. Ello y la apropiación de los símbolos catalanes supondría un grave error que llevaría indefectiblemente a la división, a la confusión y al debilitamiento de Cataluña. En cualquier caso, Mas no lo tiene nada fácil. Su proyecto en origen nace debilitado por la ausencia de los democristianos de Durán i Lleida. Y sin ellos la tarea de sintonizar con las amplias capas medias de la sociedad catalana para encauzarlas en el catalanismo de nuevo cuño bajo unas nuevas siglas es una tarea más que complicada, teniendo en cuenta que los tiempos de las mayorías absolutas pertenecen al pasado.

Vicente López Pascual

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