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La rehabilitación no es la panacea para Gran Canaria

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Hace unos días escuché a mi amigo Rafael Molina Petit, economista y gestor reputado, en una entrevista radiofónica, que el impacto sobre el territorio de la edificación turística en Gran Canaria era del 2,7% y en días pasados una importante empresa del sector, ha tenido que recurrir a los tribunales de justicia por disconformidad con los Planes de Modernización, Mejora e Incremento de la Competitividad de San Bartolomé de Tirajana y ambos hechos, aunque no lo parezca, tienen que ver con algunos conceptos básicos de nuestra estrategia turística que, además de ser falsos, están haciendo un gran daño a la isla de Gran Canaria, a saber: 1.- que no se debe construir más infraestructura alojativa nueva por el impacto que ya tiene el sector sobre el territorio y 2.- que hay que poner el foco de la estrategia y las ayudas en la planta ya construida y sobre todo en la obsoleta, es decir en aquella que no solo se construyó con criterios profesionales turísticos equivocados a futuro, como la realidad demuestra (apartamentos) sino que, por desgracia, en algunos casos se hizo con cicatería y mal gusto y no ha sido debidamente mantenida.

La planta alojativa turística de Gran Canaria está descompensada en relación con la demanda de nuestros actuales clientes y eso, como ustedes comprenderán, no se arregla con los parches de la rehabilitación, sin entrar en la enorme dispersión de la propiedad, a veces un propietario por cada apartamento que tenga el complejo, es decir un equipamiento de doscientos apartamentos, doscientos propietarios, cada uno con sus economías, con sus problemas personales y con sus prioridades. Insisto la rehabilitación no es la solución para el sector turístico de Gran Canaria, aunque, por supuesto, esas infraestructuras deben ser mantenidas y rehabilitadas como manda la ley.

Nuestra isla tiene que llegar en los próximos años a los cinco millones de turistas para que la economía funcione y se creen los puestos de trabajo que logren rebajar el paro a niveles aceptables y la gente empiece a sentir que de verdad le ha llegado la salida de la crisis y ese crecimiento de turistas no es posible sin una planta alojativa hotelera en condiciones de competitividad con otras islas y con otros destinos competidores.

Esto es el mercado y en él, es el consumidor el que decide y por ahora lo que ha decidido, seguramente en virtud de lo mal que lo hemos hecho en Gran Canaria, sobre todo a nivel legislativo y ejecutivo, es que en los últimos años hemos recibido más de un millón menos de turistas al año que la otra isla capitalina y de seguir así, en el presente año 2014, recibiremos más de un millón y medio menos de turistas, con lo cual el objetivo de los cinco millones estará cada vez menos al alcance de nuestras posibilidades como destino turístico.

El resumen de mi reflexión de hoy no puede ser más claro: o Gran Canaria espabila y se dota de una planta alojativa acorde con las demandas actuales

de nuestra clientela turística, o los grancanarios nos vamos a ver en situaciones muy complicadas en los próximos años. Y ello, créanme, no pasa por la tan traída y llevada rehabilitación.

Gracias por leerme.

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