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Los rejos fascistoides sorianos

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En ocasiones me he referido a los rejos fascistoides de Soria y hubo quienes me reprocharon la utilización de ese sambenito para atacar a quien no gusta. Sin embargo, no es gratuita la imputación. La reiteración de las iniciativas judiciales de Soria buscan atemorizar a quienes lo critican. Tiene derecho, claro, a acudir a los tribunales si considera mancillado el honor que pueda tener. Pero la solicitud de penas de cárcel sugiere la añoranza fascista de cuando estaban tipificados los delitos de opinión, que se castigaban con severas penas de prisión; la petición de fuertes indemnizaciones recuerda las multas y suspensiones del franquismo a los medios sospechosos de desafección al Régimen para asfixiarlos económicamente. ¿Hace falta recordar a Cuadernos para el diálogo, a Triunfo, a la canaria Sansofé o al diario Madrid? Sus intentos de que otros medios no le den cancha a Carlos Sosa ni a quienes comparten sus opiniones traen a la memoria las llamadas telefónicas de los gobernadores franquistas a los directores de periódicos para que fulminaran a algún redactor o colaborador. Quienes vivimos aquella época estamos lo bastante familiarizados con esos procedimientos para no reconocerlos nada más verlos. Soria ha tratado de conseguir los mismos resultados tirando de los tribunales de Justicia para meter miedo a los críticos y llevarlos a la cárcel si posible fuera; y en su propio partido ha masacrado a quienes no están de acuerdo con sus modos. O sea, da el perfil.

Este recurso constante de Soria a los tribunales concita algunas apostillas. Una, el abuso de los poderosos que recurren al dinero público para soltar a sus abogados contra ciudadanos de a pie que han de tirar del propio para defenderse. No sé quien abona las minutas del carísimo bufete madrileño que ha contratado, aunque confío en que el pago corra de su cuenta y no de la de quienes no solemos llevar tanto dinero suelto en el bolsillo del bañador porque se nos ha ido en impuestos.

A sujetos como Soria lo peor que puede pasarles es tropezarse con quienes no le temen y están dispuestos a llegar adonde haga falta. No le favorece que le aguanten el tirón y que acabe la gente preguntando la razón de que los jueces establezcan que los procesados han dicho la verdad de Soria y no se ordene, en la jurisdicción que corresponda, una investigación a fondo de los hechos tenidos por ciertos.

Al margen de juridicidades, sí anotaré que el desprestigio político de Soria ha fortalecido a Paulino. Lo digo porque si Paulino le ha aguantado carros y carretones para no perder la presidencia, debe haberse dado ya cuenta de que Soria no romperá nunca el pacto porque necesita continuar en el Gobierno. Es su última trinchera; fuera de ella no sería nada y tendría mayores dificultades para salir del atolladero. Por eso Paulino se atrevió a relevarlo de algunos asuntos y prefirió que no se acercara por el Consejo de Ministros en el que se iban a tratar cuestiones de su departamento. Se ha convencido, Paulino, de que no se le revirará por la cuenta que le tiene.

Si sale del Gobierno no estaría Soria en condiciones de pactar o de imponer que lo traten bien en los medios deseosos de remendar sus cuentas de resultados con la ayuda del erario público a cambio de una mayor "comprensión" o de un apoyo abierto a este sujeto. El negocio es el negocio y Soria tiene la llave de la caja.

En este sentido, se observan cambios significativos. Unos más burdos que otros. Entre los segundos figura la crucifixión mediática del empresario Rafael Bittini en el caso Tebeto. No pretendo defenderlo ni justificarlo; sólo me llama la atención que se carguen en él las tintas presentándolo como el gran campeón del deporte de sacarle cuartos al Gobierno. Sin entrar en valoraciones éticas ni estéticas, se pasa por alto que en un sistema capitalista no es pecado, todo lo contrario, defender los propios intereses, de modo que las embestidas contra él buscan ocultar o poner en segundo plano la ineptitud y la negligencia del Gobierno al dejar los resquicios que le han permitido ganarle varias manos. Tratan de centrar la atención en el empresario con un desprecio tal por el discernimiento del personal que no se paran a pensar que la habilidad de Bittini para jugarle el ojo no sería, en todo caso, sino resultado de una incompetente gestión de los negocios públicos. Se busca escamotear la relación de los Soria con este asunto orientando todos los focos hacia el empresario.

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