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El show en la mina San José

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Chile era una fiesta. El mundo miraba asombrado. Setecientos metros separaban a 33 hombres del sol. Sesenta y nueve días sin diferenciar los amaneceres de las noches, sin decir buenos días a la compañera, sin cenar el potaje de la madre, sin ver como evolucionaba la barriga de la novia con el chiquillo dentro. Después de sesenta y nueve días bajó una jaula que te podía sacar al mundo, que te rescataba de la montaña, que te liberaba de una prisión de oro y cobre. Ya dentro de la cápsula tu cuerpo subía un metro por segundo. ¿Qué pensaban Víctor, Esteban, Ariel, Darío? durante ese viaje hacia la vida? No lo sabemos, vamos a esperar unas semanas, quizá sólo unos días, ya las emisoras de televisión y radio hablaron con sus primos, sus hermanas, sus vecinas, para ofrecerles algunos miles de euros por una entrevista en exclusiva.

Ahora que acaban de cerrar la mina San José, muchos quieren seguir sacando oro de ella. Empresas de publicidad, marcas de refresco, periódicos, radios, televisiones, todo el mundo quiere hacer negocio con estos treinta y tres hombres que sólo existían para sus familias hasta el pasado mes de agosto. El primer negociante ha sido Sebastián Piñera, un ricachón admirador de Pinochet que aprovechó esta desgracia para darse a conocer al mundo y para promocionarse ante los chilenos. Ahí estaba, presidiendo el comité de recepción. Piñera controla buena parte de los medios de comunicación de Chile porque fue su dueño. Su victoria electoral estuvo acompañada de un terremoto y un maremoto, miles de chilenos siguen sin vivienda, pero eso no preocupa al presidente, que desde que se supo que los mineros estaban con vida ha dedicado su agenda política a controlar la noticia. Primero se guardó la noticia de que aquellos hombres seguían vivo hasta que llegó el presidente para contarlo, después la fecha del rescate se ha condicionado a la agenda de Piñera.

Todos los periódicos del mundo tuvieron ayer en sus portadas las fotos de los 33 mineros. Los diarios digitales nos iban contando al minuto el rescate de esos trabajadores. Hasta el desierto chileno se trasladaron más de mil periodistas, decenas de familiares llevan semanas durmiendo en casetas de campaña en el campamento La Esperanza. En el comité de recepción sólo podía estar el familiar más directo y el presidente de Chile. Se prohibió la presencia de algún portavoz del sindicato de los mineros. No, eso no interesaba. El liberalote Piñera no permitió que algún sindicalista contara al mundo que frente a su palabrería sobre la seguridad laboral que espera en el futuro a los mineros chilenos está la realidad del día a día. Chile, el primer exportador de cobre del mundo, no ha firmado el convenio de seguridad en la mina de la Organización Internacional del Trabajo, simplemente si se hubiera respetado ese convenio la mina San José hubiera tenido 2 salidas de seguridad a la superficie.

No se respeta el convenio de la OIT ni en la mina san José ni en ninguna otra. Por eso este año han muerto 31 mineros en Chile, y el omnipresente Piñera no fue a ninguno de los funerales. Tampoco estuvieron en el comité de recepción Marcelo Kemeny ni Alejandro Bohn, los dueños de la empresa San Esteban, propietaria de la mina. Estos 69 días, mientras los mineros sobrevivían en la cárcel de oro y cobre, Bohn y Kemeny han estado en libertad. Se limitaron a pedir perdón y a firmar el despido de los mineros enterrados. Ellos escondieron la noticia del derrumbe durante cinco horas, escondieron los planos de la mina a los geólogos para que no supieran las carencias de seguridad. Por ahorrarse unos mil euros no construyeron una salida de seguridad y ahora en la operación de salvamento el estado chileno ha tenido que pagar más de 7 millones de euros. Nadie habla de estos dos golfos, ni de los cientos de sinvergüenzas que se han hecho ricos con el negocio del cobre en Chile mientras decenas de trabajadores han muerto enterrados o asfixiados los últimos años.

Hace 37 años el presidente Salvador Allende nacionalizó las minas de cobre. El gobierno de Estados Unidos le respondió con un golpe de Estado y varias décadas de dictadura sangrienta de Pinochet. Ahora un heredero de Pinochet ocupa el Palacio de La Moneda, llegó con los votos del pueblo que veía su televisión y leía sus periódicos. Las minas son un negocio privado y los yanquis, por eso, no mandan tanques sino la cápsula Fénix para sacar a los mineros del fondo de la tierra. Son las vueltas de la historia.

Después del gran show de Sebastián Piñera en la puerta de la mina de San José, después de la movilización de todo un país que ayer vivió en directo una fantástica película de 22 horas de rescate, después del desfile por televisiones y radios de estos 33 hombres que eran anónimos hasta hace unos meses, después de que los mineros comprueben que los focos de televisión les pueden hacer más daño que la oscuridad de la mina, después de la gran fiesta en el desierto chileno?Estamos dispuestos a volver a gritar ¡Chile, Chile, Chile...mineros de Chile! Antes sólo hace falta responder a una pregunta: ¿cuándo firmará el gobierno de Piñera el convenio de seguridad minera de la OIT?¿Cuándo, señor presidente? Déjese de palabrerías y responda de una vez a la pregunta y, después, si tiene tiempo, pregunte por los chilenos y chilenas que siguen sin vivienda después del maremoto que nos trajo su victoria electoral.

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Juan García Luján

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