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Dos significativas palmeras y las pinochas de Tamadaba

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En dos recientes artículos insertados en este periódico digital CANARIAS AHORA, nos ha lamentado y preocupado. En uno de ellos, se daba la noticia de la muerte de dos señeras palmeras de nuestra ciudad de Las Palmas de Gran Canaria; y en el otro, se informaba de la peligrosa saturación de pinocha en el Pinar de Tamadaba. Ambos han herido la sensibilidad de cuantos sentimos la Naturaleza y nos comportamos como naturalistas, manteniendo el respeto, protección, armonía y equilibrios con el Medio Ambiente.

Las dos centenarias palmeras canarias (Phoenix Canariensis), que vivieron muchos años orillando el barraco de Guiniguada, se convirtieron en parte esenciales del paisaje y visión más estética de El Risco. Eran las emblemáticas figuras que inexcusablemente tenían que ser retratadas en las representaciones gráficas de los artistas locales, en los principios del pasado siglo. En los lienzos del indigenista José Jorge Oramas y del neoimpresionista Nicolás Massieu Matos; de fotógrafos y otros artistas, fueron de imprescindible captación estas lindas palmeras por la esbeltez y singularidad que les caracterizó. Dichas palmeras eran tomadas por los artistas como motivo principal en los primeros planos de sus composiciones plásticas, figurando juntamente el barrio de El Risco de San Nicolás, con sus viviendas populares de autoconstrucción, en segundo término.

Esa zona era, hasta hace bien poco, los límites periféricos de la ciudad, donde las fincas de plataneras se cultivaban a lo largo de las orillas del citado barranco. La agricultura de lugar, por sus riegos, originaba la humedad que necesitaba el subsuelo de las enraizadas palmeras. Estos humedales las mantenían con vida. El abandono de las fincas agrícolas por la expansión de la urbe y de la misma agricultura, fueron la causa de la ausencia de regadío para que el suelo y la humedad necesaria mantuvieran su vitalidad. Con ellas han muerto también, esta bella panorámica de Vegueta, que desde el propio El Toril (hoy Rectorado de la Universidad y antiguo Instituto de bachiller) o el viejo hospital de San Martín –desde cuyas ventanas las pintó Jorge Oramas, en el que se recuperaba de tuberculosis–. Estas vistas eran los idóneos lugares de visión para captar el paisaje de las palmeras y de El Risco.

El abandono de estos ejemplares de la flora autóctona, además de emblemáticas para la ciudad, es un ecocidio de responsabilidad absoluta de Parques y Jardines del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria, quien debe cuidar de toda la arboleda, sobremanera de las más añosas, por el representativo significado que conforman la la idiosincrasia, cultura y el paisaje de la urbe capitalina. Lamentablemente, la panorámica del lugar ya ha dejado de ser la misma. Pero gracias a los artistas y su arte, las podemos seguir contemplando en su esbeltez y señorío, como ejemplares únicos de la zona donde pervivían y se emplazaban.

La siguiente noticia es producida por la alarmante saturación de pinochas que abundan y permanecen sin la debida limpieza en el Parque Natural de Tamadaba. Es incomprensible que después de haber sufrido en las islas el reciente y trágico incendio de la isla de La Palma, no se ponga drástico remedio para eliminar este muy peligroso combustible, que cual pólvora, puede dejar en cenizas todo este paraje natural virgen del Pinar de Tamadaba.

El ser humano no aprende. En lo que va de tiempo del presente siglo, se han incinerado, por negligencias, descuidos o abandonos de las limpiezas de los bosques canarios de las autoridades irresponsables, la cantidad de 60.420 hectáreas. Y concretamente, en la isla de Gran Canaria, casi las 19.000 hectáreas han sufrido fuegos en su naturaleza arbórea. En el planeta que habitamos, el hombre ha destruido el 46% de la masa forestal, eliminando cada año 15.000 millones de hectáreas de esa vida boscosa, por deforestación y por la actividad humana en su dislocado desarrollismo industrial, en menosprecio a la Naturaleza y su Medio Ambiente.

El responsable del Cabildo grancanario, aduce que no se puede cubrir la limpieza y conservación de las zonas forestadas de toda la isla, por falta de presupuesto del que dispone Medio Ambiente. Es un despropósito no contar con el dinero necesario para la conservación de la Naturaleza. Aunque el pastoreo en ese lugar sea escaso y restringido por ser zona protegida; haya poca demanda en el uso de la pinocha para los alpendres, ni tampoco sea aprovechada para cubrir las zonas de riego y mantener la humedad del suelo.

Debe el ente buscar una urgente solución para salvaguardar los pinares de la isla. Y hay una solución que fue un éxito hace unos cincuenta años. Esta se llamó “Día del árbol”. Consistió en repoblar las zonas de la cumbre grancanaria, plantando pinos muy jóvenes. Ese día, programado por el Cabildo, con las plantas, zona a repoblar y guaguas gratuitas, acudían gentes de todas las edades para ayudar a la reforestación de la isla. Ese mismo remedio se puede hacer para la limpieza de pinocha del Pinar de Tamadaba. Sería una solución altruista y de fiesta de la Naturaleza para los que acudan.

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