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El sitio infame de Gaza

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Gaza ya se había convertido en una prisión para sus habitantes porque así lo decidió Israel, con el apoyo de Estados Unidos y la complicidad vergonzante de la Unión Europea, tras la victoria democrática de Hamas. Bastaba mantener el control de las fronteras por tierra, mar y aire, decidiendo unilateralmente lo que podía entrar o salir de territorio sobre el que tiene obligaciones humanitarias como potencia ocupante. Que jamás cumplió. Se dedicó, por el contrario, a hacer la vida imposible a los habitantes de Gaza, a castigarlos por su apoyo a los islamistas. Aunque sabía que cualquier sanción contra la población civil constituye una violación de las leyes internacionales. Esperaba Israel el agotamiento de la población y una reacción contra sus líderes políticos. Además aguardaban, de paso, reforzar la autoridad del presidente Abu Mazen en detrimento de Hamas. Pero fracasó. Ehud Olmert, presionado por la extrema derecha de su propio Gobierno, recurrió ahora a cerrar aún más el asedio contra los ciudadanos de Gaza, acompañándolo con operaciones militares justificadas bajo las disculpas de siempre. A saber, los cohetes que lanzan militantes islamistas desde Gaza. Olmert cortará progresivamente (torturas colectivas a fuego lento) los suministros de víveres, combustible y electricidad. ¿También el agua? El presidente de la comisión parlamentaria de Asuntos Exteriores y Defensa, Tzahi Hanegbi, declaró que “tarde o temprano habrá que llevar a cabo una operación militar contra la franja de Gaza, y desde ese mismo momento no tenemos ninguna razón para mimarlos suministrándoles agua o electricidad”. Exportación de la civilización occidental en estado puro. Participando en la confusión tan conveniente como mediática entre Hamas y los ciudadanos en general, Condoleezza Rice, declaró que Estados Unidos también considera a Hamas una “entidad hostil”. ¿Quiere decir que apoya las medidas de Olmert contra la población palestina? No cabe otra interpretación. Resulta incomprensible, en ese caso, que esta secretaria de Estado ande por la región tratando de mediar en el conflicto y preparando una conferencia internacional destinada, repite año tras año, a crear un Estado palestino. ¿Con Gaza o sin Gaza? Esta romana está seriamente perturbada si supone que goza de cualquier autoridad moral o credibilidad en Oriente Medio, más allá de las autoridades israelíes y algunos mandatarios árabes. No importa lo que pacte con Abu Mazen y Ehud Olmert, y mientras el proyecto histórico del Gran Israel siga aplicándose con la ayuda de Washington. El secretario general de la ONU, Ban Ki Moon, rechazó la decisión israelí de declarar “entidad hostil” a Gaza y solicitó a Olmert su reconsideración. Idéntica actitud asumió la Comisión Europea. Más de lo mismo. Israel jamás aceptó ninguna resolución del Consejo de Seguridad que contrariara su política de lento genocidio contra el pueblo palestino. Menos todavía tendrá en cuenta una sugerencia amistosa de Ban Ki Moon o de su eco en la impotente Europa. El mínimo aceptable como medida de la comunidad internacional sería exigirle a Israel el levantamiento del sitio de Gaza bajo amenaza de graves sanciones y la implementación de un plan de ayuda humanitaria urgente para los desamparados palestinos de Gaza. Suponiendo que quede un ápice de vergüenza en los jefes de la ONU y de la Comisión Europea. ¿Mucho suponer? Seguramente.

Rafael Morales

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