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Un sueño cumplido

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Hace unos días,  celebramos en el Parlamento de Canarias un acontecimiento muy especial: la final del Primer Concurso Regional de Debate Escolar que hemos organizado y promovido conjuntamente tres instituciones, la Consejería de Educación y Universidades, los cabildos insulares y el Parlamento de Canarias.

Un concurso que fue posible por la participación y el compromiso de las instituciones participantes, la implicación de los centros educativos, el compromiso del  profesorado, el apoyo de las familias y, por supuesto, el entusiasmo del alumnado, que acogió desde el principio esta iniciativa con muchísimo cariño. Mi agradecimiento a todos y todas por convertir en realidad una aspiración. También quiero hacer extensivo mi agradecimiento a los medios de comunicación, por el interés mostrado en el desarrollo de los debates.

Desde que asumí la presidencia del Parlamento de Canarias, me comprometí a hacer todo lo posible por acercar la institución a la ciudadanía. Quería lograr que el Parlamento fuera una institución sentida y querida como lo que es: el espacio público en el que organizamos nuestra convivencia. Creo que quienes tenemos la responsabilidad de representar a las instituciones, además de cumplir satisfactoriamente las funciones que tenemos asignadas y ejercer responsablemente las competencias que tenemos atribuidas, tenemos que ser auténticas escuelas de ciudadanía, para que cada ciudadano y ciudadana comprenda y vea en nosotros la mejor expresión de una cultura democrática. Ese era y es nuestro sueño.

Ya ven que en ocasiones los sueños se cumplen, y también han podido comprobar que para que los sueños se hagan realidad tiene que darse una condición: que sean sueños compartidos. Esta sencilla lección de pedagogía política la aprendimos todos de un gran hombre, Martin Luther King.

Para hacer realidad ese sueño acordamos proporcionarles a nuestros estudiantes la oportunidad de realizar una tarea relevante en un contexto real de modo que pudieran mejorar sus competencias para participar activamente en una sociedad democrática. En este punto, el sueño institucional y los objetivos escolares coincidían plenamente, de modo que todos hemos cuidado mucho que esta experiencia tuviera, ante todo, un valor educativo.

En ese mismo sentido y para ampliar el valor educativo de la experiencia, quisiera compartir con ustedes una sencilla reflexión. Somos conscientes, quienes hemos organizado este debate, de la dificultad que ha supuesto para el alumnado tener que defender ideas que personalmente no comparten y sabemos y agradecemos enormemente el trabajo que han realizado para exponer razonadamente sus argumentos, evitando todo tipo de descalificaciones. Es importante subrayar que, actuando como lo hicieron, realizaron un auténtico ejercicio de cultura democrática y que, además, lo hicieron no en el salón de clase, sino en las instituciones.

A mi juicio, la mejor razón para comprender y valorar esta experiencia podría expresarse en una frase muy utilizada por su sencillez y brevedad: “estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”.

Esta frase, habitualmente atribuida a Voltaire pero que él nunca pronunció, define el núcleo esencial de una cultura democrática, una cultura basada en el respeto a las diferentes formas de pensar. La frase, en realidad, merecería ser anónima ya que forma parte de ese acervo cultural que hacemos nuestro cada generación porque representa lo mejor del saber acumulado.

Sé que muchas personas conocen y comparten esta ejemplar argumentación, por eso he querido recordarla.

Creo que lo que hizo realmente la escritora británica Evelyn Beatrice Hall, una gran estudiosa de la vida y obra de Voltaire, fue señalarnos algo esencial para el funcionamiento de las instituciones democráticas: la voluntad sincera de escuchar y de entender las razones de quienes no piensan como nosotros. Y eso es, ante todo, lo que ha hecho cada uno de los equipos cuando ha tenido que enfrentarse a la necesidad de encontrar razones para pensar y actuar de una forma determinada, se han tenido que poner en el lugar del otro, del que no piensa como nosotros. Ese entendimiento empático, créanme, es toda una lección de democracia y forma parte del reto diario al que nos enfrentamos quienes habitualmente ocupamos los escaños del Parlamento de Canarias. Representamos ideas diferentes, lo que significa que hemos sido elegidos y elegidas por la ciudadanía porque representamos soluciones diferentes a los problemas que genera la convivencia en una sociedad plural. Todos aceptamos, desde el principio, que nadie tiene la razón, o lo que es lo mismo, que nadie tiene una solución mágica para todos los problemas.

Todos, sin embargo, compartimos el mismo deseo de que las personas puedan disfrutar de las mejoras condiciones de vida posibles, unas condiciones que le permitan alcanzar el máximo desarrollo posible de sus capacidades. Compartimos y quiero que ustedes lo sepan, que la auténtica razón de ser de la política es asegurar la vida, en el más amplio sentido de la palabra. Por eso, confrontamos nuestras razones y tratamos de elaborar las mejores soluciones.

Esto nos obliga a participar activamente en dos tipos de situaciones: el debate, en el que confrontamos nuestras razones, y el diálogo, en el que tratamos de alcanzar acuerdos que cada una de las partes considera aceptables a partir de sus propias razones. Debate y diálogo son, por tanto, los pilares para el funcionamiento de una institución democrática.

Amin Maalouf, nuestro brillante ganador del premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2010, define muy bien el reto que tenemos por delante y que probablemente nos acompañará a lo largo de la vida.

“Me parece que ha llegado el momento de modificar nuestras costumbres y nuestras prioridades para atender al mundo en que estamos embarcados. Porque en este siglo no hay forasteros, sólo hay compañeros de viaje. Nuestros contemporáneos, vivan en la acera de enfrente o en la otra punta del mundo, sólo están a dos pasos de nuestra casa; la forma en que nos comportamos los afecta en su propia carne; y la forma en que se comportan ellos nos afecta a nosotros en la nuestra”

La participación de los alumnos y alumnas en el Concurso ha acreditado, una vez más, el talento de la juventud de Canarias. Hemos escuchado y comprendido sus razones, pues sean o no las nuestras merecen y deben ser expuestas. Desde el diálogo, desde el debate, hagamos juntos ciudadanía.

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