eldiario.es

Menú

De la transición al 155

- PUBLICIDAD -

No sé exactamente cuando me di cuenta que El País se había convertido en un periódico de derechas, ni cuando el PSOE se transformó en una entelequia, entre lo real y lo irreal. De repente he visto como políticos a los cuales admiraba, Felipe González, Alfonso Guerra, Jerónimo Saavedra, José Carlos Mauricio, se habían vuelto pancistas, que ya saben mis sufridos lectores que es una actitud acomodaticia, poco arriesgada, para provecho de quienes practican el pancismo, qué hay de lo mío y tal, y nuevos conversos del interés particular que el general. En cuanto a El País, que fue mi referencia periodística a nivel nacional desde que se fundó, y además fui corresponsal durante cuatro años , mi decepción fue paulatina, a fuego lento, hasta que en 2014 Antonio Caño se hizo cargo de la dirección del periódico que tantas ilusiones despertó a finales de los años 70. Fue corresponsal de El País en Washington, y sostuvo siempre un respaldo incondicional al expresidente Bush durante la guerra de Irak, y ha apoyado siempre la política de Israel contra el pueblo palestino, y para rizar el rizo está muy cerca de las posiciones del Partido Popular en España, y ahora se ha vuelto simpatizante pragmático de Ciudadanos. Su alineamiento con las tesis más conversadoras de la política exterior de Estados Unidos, y el incondicional respaldo a George W Bush en la guerra de Irak, provocó una gran oposición en un sector de la redacción de El País, estableciendo con el presidente de PRISA, Juan Luis Cebrián, un férreo control de la información y de la sección de opinión del periódico.

Sus ataques a Pedro Sánchez, amenazándole con el infierno si se acercaba y promovía un entendimiento con Unidos Podemos, han revelado sus posiciones más retrógradas, defensor a ultranza del sistema de la monarquía franquista/borbónica. Ahora mismo en la situación interna del diario global hay mucho miedo a que continúe la caza de brujas que desde 2014 practica Antonio Caño con el aplauso de Juan Luis Cebrián y que tenga como víctimas a los sectores más progresistas del periódico. En la redacción aún se recuerda una intervención de Caño en 2012, cuando todavía era corresponsal en Washington, defendiendo las tesis de la empresa que incluía el despido de un tercio de los periodistas. Su llegada a la dirección en 2014 significó la culminación de la derechización política y económica de El País. Entre otras perlas ideológicas, Caño ha definido el movimiento de indignados de Estados Unidos como hippy, siguiendo las consignas de la televisión de extrema derecha norteamericana, la Fox, y lo mismo ocurre con sus desaforadas críticas al movimiento Okupa Wall Street, y actualmente un 62 por ciento de la población de EEUU simpatiza con esta iniciativa popular. La deriva de El País hacia la derecha ha sido de tal magnitud que un exministro socialista, Jordi Sevilla, anunció en su cuenta de twitter que dejaba de leer y además de comprar el periódico, cosa a la que no he llegado, porque sigo leyéndolo en internet aunque no lo compro desde 2014.

De la transición al 155 hemos vivido cosas positivas y otras no tanto, o cuando menos, discutiblemente democráticas. De la dictadura se pasó a la monarquía franquista/borbónica con la utilización por parte de los gobiernos de Felipe González de la policía franquista, la tenebrosa Brigada Político/Social, que se bautizó como Brigada de Información, con policías franquistas en sus filas como Roberto Conesa, José Amedo, Antonio González Pacheco, alias Willy El Niño, y a nivel de Canarias Heliodoro Rodríguez, que estuvo primero destinado en Arucas y luego en La Palma, y la misma utilización hizo el PSOE de los jueces que estuvieron en el Tribunal de Orden Público (TOP) franquista, que luego pasaron casi en su totalidad a la Audiencia Nacional. La policía secreta, el Ejército, la Justicia, la Iglesia Católica, las finanzas, todos sufrieron una metamorfosis hacia la pseudodemocracia falsaria y eso sí, muy pragmática. Del régimen del Caudillo por la gracia de Dios se pasó a la etapa de la UCD de Adolfo Suárez, que había sido Secretario General del Movimiento fascista, y luego a un Felipe González que fue aupado a la secretaría general del PSOE por los servicios secretos alemanes y por la CIA norteamericana con el beneplácito del almirante Carrero Blanco. El franquismo fue en realidad un movimiento muy amplio en el que convivieron diferentes familias, desde las falangistas hasta el Opus Dei, y muchas de ellas le sobrevivieron con el PSOE de Felipe González. Dejando atrás todo el proceso negativo del PSOE desde la gestación del felipismo, y que ya hemos tocado en otros artículos, ahora si cabe analizar el acontecer de los últimos tiempos, con la vieja guardia liderada por Felipe González, y la nueva guardia encabezada por Susana Díaz, que se dedica a ponerle palos en las ruedas a Pedro Sánchez de forma permanente, incluido el intento de asesinato político de Susana Díaz, y la posterior resurrección de Sánchez. Los débiles resultados en Catalunya, en donde sólo subió un diputado el PSC/PSOE pese a los esfuerzos de Miquel Iceta, confirman la crisis de la izquierda que se extendió a Catalunya en Comú/Podem, que perdió nada menos que tres diputados en relación a la convocatoria del 2015, comicios que se presentó como Catalunya si que es Pot. Lo que sí parece claro es que la izquierda en Catalunya es mayoritariamente independentista, representada por Esquerra Republicana de Catalunya, en detrimento de las dos fuerzas de izquierda con implantación estatal, PSC/PSOE y los comunes y podemitas.

De la transición al 155, de oca a oca y tiro porque me toca, y parece más o menos claro que casi estamos como en el inicio de la democracia con la monarquía franquista/borbónica que mantuvo todas las estructuras de poder y las financieras devenidas de la dictadura, y además con presos políticos y exiliados como la guinda del pastel reaccionario. Los resultados de la elección en Catalunya no han resuelto el asunto/trasunto, y el pollo está servido para las próximas calendas. Lo único positivo que se puede sacar de momento es la gran derrota del Partido Popular que va a estar en el Parlament en el grupo mixto con la CUP y que esto puede tener consecuencias muy negativas a nivel nacional para Mariano Rajoy, con la gran victoria de Ciudadanos de la mano de Inés Arrimadas, que ahora se convierte en la fuerte oposición de derechas españolista, o constitucionalista. Como escribe Pepe Alemán en relación al asunto/trasunto “la cuestión es que entre unos y otros han dividido a la sociedad catalana llevándola intencionadamente o por torpeza, a posiciones tan irreconciliables que no hay manera de poner de acuerdo a los bandos que acaban de revalidar institucionalmente su existencia enfrentada en las elecciones del 21-D. No creo casual que en el lenguaje político en relación a Cataluña se hayan consagrado caracterizaciones como la existencia de un bloque constitucional” o “unionista” frente al “independentista”, afirma Alemán. Y añade para terminar que “ por último, insistiré en la idea de que las elecciones catalanas no sólo han servido para poner de manifiesto que el artículo 155 de la Constitución no sirve para nada. Y que es posible que Puigdemont se equivocara al no convocar elecciones cuando pudo hacerlo. Pero también es posible que no lo hiciera para llevar las cosas al punto en que están. Habrá que estar atento a esta posibilidad. De momento, es evidente que no se ha restablecido la estabilidad en Cataluña”, termina Alemán. Por mi parte no me atrevo a hacer pronósticos de lo que pueda pasar de aquí a la elección de la Mesa del Parlament, de la recogida de las actas de diputados,  o si Puigdemont entrará en Barcelona desde Bruselas en avión, tren, barco o en burro por las mugas fronterizas, ahora mismo me es inverosímil, pero lo que sí deseo es que no haya un choque de trenes violento, porque haber un descarrilamiento más o menos suave me da la impresión que es inevitable si don Tancredo Rajoy sigue con su táctica inmovilista.

- PUBLICIDAD -

Comentar

Enviar comentario

Enviar Comentario

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha