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Del tuiteo al tuteo

Mariano se escondió bajo las faldas de Soraya y ni siquiera se permitió ver el debate a distancia

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Mariano se escondió bajo las faldas de Soraya y ni siquiera se permitió ver el debate a distancia entre los tres opositores porque acudió a una entrevista que a la misma hora le hacían en Telecinco, la cadena amiga o enemiga, según se mire, según en qué lado estés.

Rajoy sabe lo que es opositar porque hace muchos años se presentó a unas oposiciones a registrador de la propiedad y consiguió la plaza. No sabemos cuánto tiempo trabajó en el oficio, pero poco porque desde muy joven se dedicó a la política, empezando por la Diputación de Pontevedra y acabando en La Moncloa, donde está ahora con posibilidades de renovar el cargo ya que todas las encuestas señalan que el PP será el partido más votado en las elecciones de este mes.

Vivimos en un país demoscópico dominado por las encuestas y los sondeos. Hacemos tanto caso a las encuestas que las televisiones dejan fuera a Izquierda Unida, que es la tercera fuerza en votos tras las últimas elecciones generales, para incluir en los debates a Podemos y Ciudadanos, partidos emergentes que no cuentan con un solo diputado en el Congreso, entre otras cosas porque nunca se han presentado a la cámara baja. UpyD, con representación parlamentaria como IU, tampoco está en los debates. Y si no estás en los debates, si no estás en la tele, no existes.

Rajoy huye como gato escaldado de la confrontación dialéctica. Solo quiere enfrentarse, como la reina madre, al líder del principal partido de la oposición porque teme a los otros dos. A pesar de ello, tiene la desvergüenza de decir que es el rey de los debates y que si no va a más (en realidad solo acude a algunos cara a cara) es porque sus responsabilidades no se lo permiten. Sin embargo, sí le permiten estar tres horas comentando un partido del fútbol del Real Madrid en la Cope o yendo a casa de Bertín Osborte en TVE para contar que no se sabe planchar las camisas.

Hay que ser muy simplón para tratar de engañarnos con estos subterfugios más propios de una registrador de la propiedad de Santa Pola que de un presidente de un Gobierno serio. Mientras Rajoy sestea y se esconde en su búnker, los líderes de los otros tres partidos con posibilidades de gobernar debaten entre ellos con normalidad democrática y se tutean en la época del tuiteo. Son colegas generacionales. Son listos, jóvenes, guapos y preparados. En cambio Rajoy, que ya es sexagenario, podría ser su padre. Un padre al que ninguno de los tres se quiere parecer. Ni falta que les hace.

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