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El veto a la libertad de Carlos Sosa

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He informado de todos los escándalos de corrupción de las dos hégiras anteriores: con Felipe González fue Filesa, Roldán y el Gal, fundamentalmente. Con Aznar, los episodios fueron también variados: el "caso Gescartera" y la Guerra de Irak, para resumir. De ellos me han censurado artículos y he alcanzado gloriosas portadas. Guardo para mí un sinfín de documentos inéditos y confidenciales que más pronto que tarde verán la luz. Algunos afectan a la política nacional, otros a la canaria. Aquí he conocido también a siete presidentes: Jerónimo Saavedra, Manuel Hermoso, Fernando Fernández, Lorenzo Olarte, Román Rodríguez, Adán Martín y Paulino Rivero. Para algunos fui una pesadilla, para otros un placebo. Quiere esto decir que he visto de todo y a todos, y aún me queda por ver (y contar) mucho más. Pero lo que estoy viendo con este PP me está asombrando como nunca. No sólo ese mal estilo para encajar las investigaciones judiciales (que tan lúcida y arriesgadamente ellos denunciaron cuando fueron oposición a González y por las que España tanto les recompensó con dos legislaturas de poder, una con mayoría absoluta), sino por su nefasta relación con la prensa. Si les sopla el viento a favor, todo son halagos, parabienes, mimos, ofertas y arrumacos. Cuando la corriente arrecia en contra se convierten en censores, inquisidores y perseguidores de la libertad. Tengo pruebas (y documentos) en carne propia, pero mi caso es menos importante, hay algunos más.

Hoy quien se está partiendo la cara por la libertad de información y de expresión, por la transparencia en la gestión pública y el control de la prensa sobre el poder es Carlos Sosa. No es la primera vez ni será la última, acaba de recibir un veto más, esta vez de un concejal tinerfeño del PP que ya previamente le secuestró administrativamente su modesto periódico gratuito para hacerlo inviable. ¡Cuánto temen a Sosa los poderosos! Si tuvieran la más mínima posibilidad, le cortarían hasta el suministro eléctrico para que ni en Internet denunciara sus trapisondas, mendacidades y medias verdades. Pero por fortuna no está sólo. En una sociedad abierta y global está mirando mucha gente, que sólo se deja convencer con pruebas y argumentos, se acabó el tiempo de las opacidades, el control informativo y la voz única. De ahí el éxito de Sosa y sus medios. ¿Dificultades? Las tendrá siempre, pero también la inmensa satisfacción de saborear y disfrutar de ese bien tan escaso que no hay que malgastar nunca. El problema es de los que no han leído a Cervantes cuando escribió que ese era uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre. Otros prefieren el dinero, que atesoran avariciosamente, sisando o rapiñando a todo el que antes halagaban. ¡Pobres gentes!

Federico Utrera

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