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Espacio de opinión de Canarias Ahora

Que vienen los “moderados”

Santiago Pérez

Las Palmas de Gran Canarias —

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La verdad es que la Historia de España, si demasiadas veces no fuera trágica, habría que tomarla a broma.

El PP a efectos de comunicación funciona como un escuadrón militarizado. Bueno…a otros efectos también. Pero esa es otro relato.

Durante toda la campaña han repetido, como una letanía infinita, que representan la alternativa moderada, sensata, razonable…Así todos los días, hasta el mareo.

“Moderados” fueron en el siglo XIX español toda una pila de antiliberales, conjurados para perpetuar hasta donde pudieran los peores rasgos de sociedad y de la monarquía absolutista del Antiguo Régimen. Porque, conscientes del extraordinario poder de las palabras, las viejas clases dominantes tenían claro que había que esconder como fuera los intereses que representaban tras el disfraz de las palabras.

El gran arquitecto del régimen moderado, plasmado en la Constitución Isabelina de 1845, que marcó las líneas políticas del Estado español en el resto del siglo XIX y gran parte del XX, fue el general Narváez, el espadón de Loja.

La Constitución “moderada” suprimió la soberanía nacional, restauró la soberanía compartida entre el Rey y las Cortes, eliminó hasta el concepto de poder judicial (y todo lo que oliera al principio de separación de poderes, ADN del liberalismo político), la Milicia Nacional y el juicio por jurados, los ayuntamientos electivos… El Régimen “moderado” recuperó la confesionalidad del Estado, restableció la censura, creo el impopular impuesto de consumos, redujo el derecho al voto al 1% más acaudalado de la población y persiguió con saña a los progresistas, empleando a fondo para ello a los aparatos del Estado.

¿No les suena algo esta música sombría?

En definitiva, una sociedad bajo el dominio de la oligarquía y un sistema político autoritario y bajo la hegemonía del Rey, en las antípodas del régimen parlamentario.

Con la cantaleta del moderantismo, el PP vuelve --en realidad nunca salió del todo-- a las más genuinas querencia de la derecha española, de la derecha de siempre. Hasta hace poco presumían de liberales. Y nunca lo fueron: al menos en el sentido del liberalismo político. Ya ni “liberales”: la derecha vuelve a ser “moderada”.

El PP ha sido un partido muy conservador. De la misma forma que lo moderados del XIX dieron cobijo a los ultra reaccionarios carlistas, la extrema derecha española no tiene representación propia: la representa el PP. Es verdad que ese es un buen servicio a la sociedad española; pero no le resulta gratis al PP y le impide homologarse a los partidos conservadores europeos.

Se ve con claridad en sus reiteradas negativas a condenar el régimen franquista, en su actitud ante la legislación sobre interrupción voluntaria del embarazo, el reconocimiento del matrimonio entre personas del mismo sexo, en sus propuestas legislativas en materia de derechos….y en un largo etcétera.

Comparten el peor rasgo del más extremo conservadurismo: la falta de respeto a la inteligencia de las personas. Porque parten de una visión antropológicamente pesimista: el ser humano es egoísta, tonto, venal, un lobo para el hombre. Por eso puede ser engañado, sobornado y, sobre todo, no puede gobernarse a sí mismo.

El líder “moderado” Donoso Cortés defendió la preferencia de la dictadura militar ante el peligro que supondría el reconocimiento del sufragio universal.

Es mucho más desaprensivo e hiriente el descaro con el que despachan ante sus innumerables casos de corrupción (ordenadores de Génova rotos a martillazos incluidos) o, sin ir más lejos, ante la utilización del poder estatal por el ultra Fernández Díaz contra sus adversarios políticos --en esto se también imitan a los“ moderados” del XIX-- que la propia gravedad de los asuntos. Y miren que son graves.

Les veo y oigo durante la campaña repetir las ristra de leyes anticorrupción que han aprobado, cuando todos sabemos que para luchar contra la corrupción no hacen falta las mejores leyes del mundo; sino respetar la independencia de los jueces, ¡de la Fiscalía!, de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, de los Servicios de Inspección de Hacienda, y no utilizarlos partidistamente. Y, además, dotarles de medios.

Y tomar medidas ejemplificadoras, que es exactamente lo que Rajoy no ha hecho ni una sola vez, porque no ha podido. El problema no es Rajoy, por muchas responsabilidades que tenga. Es el PP, éste PP.

Ni en materia de políticas sociales --a pesar de las mentiras en directo de Pablo Casado, nueva estrella rutilante-- ni ante la grave crisis de la España de las Autonomías, actúa el PP como un partido moderadamente conservador.

Apuesta por reimplantar la versión más despiadada del capitalismo, con todas las secuelas de concentración de la riqueza, incremento constante de las desigualdades, privilegios tributarios y precarización laboral y social. Todo con la coartada de la Crisis.

Y no le hace ascos a aprovechar la cuestión catalana para sacar rentas partidistas.

Mantener al PP en el gobierno es a grandes rasgos resignarnos a que todo el poder, el económico y el institucional, resida en unos centros de decisión muy alejados de la mayoría de los ciudadanos, de sus problemas y de sus esperanzas.

Y la herencia imperecedera del liberalismo político fue, precisamente, que la concentración del poder en las mismas manos es siempre una amenaza para la libertad.

Esa herencia que ni los “moderados” españoles del XIX, ni sus proclamados herederos de las últimas semanas, entenderán nunca. Porque no les conviene.

Así que ¡CUERPO A TIERRA, QUE VIENEN LOS MODERADOS!

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