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El viento del diablo

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Dejo a Luzardo ante la gran ola de asirocamiento político que en el caso del macho Soria puede acabar en el frenopático. Lo desarretó, oye, la ocurrencia del juez de lo de Mogán para que el TSJC eche un ojo a Adán Martín y Domingo Berriel en relación a Santana Cazorla. La presteza soriana en cerrar filas con el presidente canario fue tanta que no pude apreciar si lo movió el cariño que tiene a Adán o que el asunto arranca de Anfi del Mar, la empresa que lo llevó en jet privado a coger salmones noruegos, pobrecitos míos. Es decir, si son cosas del querer o de los nervios al sentir las bombas técnicamente cerca. En todo caso, merece reconocimiento (si es médico, mejor) por cuanto se ha superado desde su denuncia de la proclividad psocialista al asesinato y el secuestro a esta parte. Tampoco es flojo siroco el del Carnaval de Santa Cruz. Unas magníficas fiestas en tiempos, devenidas en horterada tercermundista que venden ahora como genuina expresión cultural para permitir a Zerolo desviar la atención de sus tribulaciones judiciales; mientras, el periódico que ya saben considera el auto judicial contra el ruido nuevo ataque a Tenerife de mano canariona. Para Zerolo y El Día, tratan de dar un golpe de muerte a los carnavales primeros del mundo y quintos de Alemania. Y casi marcan con cruces los portales de los vecinos traidores por querer descansar también en estos días; noches, o sea. Podrían controlar los tremendos altavoces callejeros al uso y dar más tiempo a Zerolo de cumplir su promesa de llevar las multitudinarias juergas a lugar adecuado. Pero interesa hacer del incidente parte de la confabulación universal que pasa por Las Teresitas. Genio y figura. El siroco peninsular no es menor. Será el cambio climático. El nombramiento de Fernández Bermejo en Justicia puso al PP a 180 antes incluso de formalizarse; lógico, pues no va la derechona a renunciar al privilegio de nombrar ministros por la tontería de estar en la oposición. Para esto no hicieron ellos una guerra y buscan otra. A los poco memoriosos diré que Fernández Bermejo fue el fiscal que hace tres décadas logró la condena del inspector José Matute por matar en Tenerife, a golpes de kárate, al detenido Antonio González Ramos. Un atropello intolerable, la condena, que el Gobierno reparó rehabilitando al policía. Pero no perdonan a Bermejo su rectitud de entonces mantenida hasta hoy. Lo dicho: el siroco es viento del diablo.

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