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El vuelo del ángel caído

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Y el sueño se hizo realidad. Aquellos hermanos tenían 14 y 16 años cuando se embarcaron. Los adolescentes isleteros pagaron parte del pasaje con algunos ahorros, el resto lo abonaron trabajando en el barco. Se produjo el milagro, llegaron vivos a Buenos Aires, y se pusieron a buscar trabajo. Entraron a trabajar en la imprenta Galianone, especializadas en libros de arte. Los emigrantes isleños trabajaron duro, la imprenta funcionaba bien para el patrón a costa de impedir, por ejemplo, que trabajadores como Cándido y Fermín pudiesen coger un mes de vacaciones para visitar a la familia en Gran Canaria.

Llegó el siglo XX y Argentina vivió la conocida como crisis del corralito. Carlos Menem había dejado a Fernando de la Rúa un elevado déficit. Los bancos tenían miedo de que el Estado argentino entrara en quiebra. Llegó el Fondo Monetario Internacional con sus planes de ajuste de siempre, los bancos (con el apoyo del Estado) se negaron a dar dinero en metálico a la población. Así provocaron el cierre de pequeñas y medianas empresas, y asesinaron a la clase media argentina. La historia que vivimos hoy, con crisis económica, bancos y Fondo Monetario Internacional como protagonistas malvados se vivió en Argentina hace diez años. No aprendimos nada y así estamos, con gobiernos europeos sometidos a los planes de las instituciones golfas de siempre.

Comenzó la quiebra de empresas. Y la imprenta Galianone se declaró en quiebra. Empezaron los despidos de sus trabajadores. Cuando quedaban 15 el patrón vendió las máquinas sin decirlo a los empleados. Un peón que iba a desmontar la rotativa avisó a los trabajadores, que decidieron encerrarse en la imprenta y seguir trabajando en contra del criterio del patrón. Cerraron las puertas, se organizaron por turnos. Continuaron imprimiendo libros. Con la complicidad de un vecino rompieron una pared que daba para su casa y sacaron la primera mercancía hecha por ellos, para evitar que la policía la requisara. Así nació Chilabert, la imprenta que se organizó en forma de cooperativa.

Ocurrió en muchas fábricas. Los trabajadores pagan un canon por el alquiler del local y el uso de las máquinas. Hace cuatro años Adolfo García, un abogada grancanario que lleva casi una década yendo de vacaciones a Buenos Aires, conoció la historia de esta imprenta. Adolfo, un hombre desinquieto que hace años promovió la Cafebrería Esdrújulo en la calle Cebrián, quería montar una editorial. Se acercó a la imprenta y se conoció a Cándido y Fermín, tres isleños de la misma patria: de la república independiente de la Isleta. La conexión fue muy sencilla.

Así nació la editorial canaria El ángel caído. Por ahora ha publicado tres libros de Leopoldo María Panero, el poeta loco se hizo amigo de Adolfo después de beber cientos de vasos de leche en la cafebrería Esdrújulo. Otro proyecto es la publicación de un libro-disco del cantautor canario Andrés Molina. Este lunes se presenta en Madrid el libro Tras las huellas del capitán Sabina, escrito por el periodista argentino Christian Masello. Se trata de una biografía novelada de los últimos años de la vida de Joaquín Sabina. El libro recoge testimonios de Silvio Rodríguez, Jorge Drexler, Serrat, Ismael Serrano y Pedro Guerra.

El destino hizo que tres soñadores de la Isleta (Cándido, Fernando y Adolfo) de edades y educación diferentes se encontraran en una imprenta de Buenos Aires. Adolfo no ha pedido ni recibido un céntimo de subvención pública. Arriesga sus modestos ahorros como Cándido y Fernando arriesgaron el pan y la vida en la lucha por la dignidad durante la crisis del Corralito. En estos tiempos de agachar la cabeza, de recortes de los derechos laborales, de discursos contra los trabajadores, de criminalización de los que se rebelan, de argumentos simplones a favor de Rajoy o Zapatero sin recordar que los gobiernos están haciendo de peones de los especuladores. En estos tiempos en los que los derechos se llaman privilegios y la delincuencia financiera se disfraza ciencia económica, yo me quedo con el ángel caído que vuela cargado de libros y canciones desde la imprenta de Buenos Aires hasta las librerías canarias.

Juan García Luján

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