eldiario.es

Menú

Le Corbusier a tamaño natural

EL REINA SOFÍA ACOGE UNA EXPOSICIÓN SOBRE EL ARQUITECTO

- PUBLICIDAD -

Entre 1958 y 1965, los siete últimos años de su vida, Le Corbusier (La Chaux-de-Fonds, Suiza, 1987 - Roquebrune-Cap-Martin, Francia, 1965) estuvo ligado por profundos vínculos de amistad y de colaboración artística con la suiza Heidi Weber, propietaria en Zurich de una galería de decoración de interiores. Heidi Weber sentía verdadera admiración no sólo por la arquitectura sino también, especialmente, por los muebles y la obra plástica de Le Corbusier, facetas ambas por entonces muy poco conocidas y que ella se propuso difundir.

En 1959 consiguió de Le Corbusier el acuerdo para producir y comercializar los muebles metálicos por él diseñados en 1929, tarea que continuó con gran éxito hasta 1962. Pero, además, comenzó enseguida, a promover exposiciones de pinturas, esculturas, tapices, obra gráfica, esmaltes, etcétera, de Le Corbusier, dedicándose de manera casi exclusiva a dar a conocer al público la obra de su admirado artista-arquitecto. Este último, que siempre había insistido en la idea de la unidad de las artes, en la imposibilidad de ser buen arquitecto si no se poseía además una gran sensibilidad plástica y en que la clave de su arquitectura había que buscarla en su pintura, vio por fin así cumplida su aspiración, por largo tiempo frustrada, de que se valorase su aportación artística en estos campos.

La exposición Le Corbusier: museo y colección Heidi Weber, que ofrece el Museo Reina Sofía de Madrid hasta el 3 de septiembre, reúne una amplia selección de la colección de obras de Le Corbusier de Heidi Weber, incluyendo pinturas, esculturas, dibujos, tapices, esmaltes, grabados, litografías y muebles. Se presentan, además, numerosos documentos originales de la construcción del pabellón de Zurich. La única pieza expuesta que no forma parte de la colección de Heidi Weber es el cuadro La Caída de Barcelona, pintado por Le Corbusier en 1939, movido por el impacto que le causó la caída de la ciudad en manos de las tropas franquistas. Este cuadro es ahora parte de los fondos del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía gracias a la generosa donación que la propia Heidi Weber hizo del mismo en 1987.

El montaje pretende, igualmente, reflejar las ideas de Le Corbusier en cuanto a la exhibición de las obras de arte, un campo en el que reivindicaba huir del monumentalismo de los museos y recuperar algo de la escala doméstica, contemplando las obras en ambientes más íntimos y a una altura menor de la que es habitual. Las piezas se exhiben, así, en ámbitos en los que se ha querido dar una idea de las medidas estándar del Modulor (los 2'26 metros de altura como elemento básico, una medida que Le Corbussier adoptó como la referencia más adecuada para un espacio en función de la proporción humana) tal y como fueron aplicadas en su edificio de Zurich. De este último se ha recogido también, en la parte central de la sala, la imponente presencia de la rampa. Así, tanto la agrupación de las obras como su disposición espacial están pensadas para rendir homenaje a esa frase de Le Corbusier que Heidi Weber hizo suya y colocó como encabezamiento del catálogo de su colección: "No hay escultores solos, pintores solos, arquitectos solos. El acontecimiento plástico se realiza en una 'FORMA UNA' al servicio de la poesía".

- PUBLICIDAD -

Comentar

Enviar comentario

Enviar Comentario

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha