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Falleció Marcel Marceau, la figura más internacional del mimo

SU FAMILIA ANUNCIA QUE SERÁ ENTERRADO EN LOS PRÓXIMOS DÍAS

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Marcel Marceau, la figura más internacional del mimo, ha muerto a los 84 años, tras seis décadas traspasando fronteras con sus gestos melancólicos y las historias sin palabras de su célebre personaje Bip.

La familia del artista francés, que en un primer momento no dio precisiones sobre el fallecimiento de Marceau más allá de que se había producido el sábado, anunció que será enterrado en el cementerio parisino de Père Lachaise en los próximos días.

El genio del mimo, que había revitalizado este arte del gesto desde finales de los años 40, se había inspirado para ello en los grandes actores del cine mudo, como Buster Keaton, Harry Langdon y sobre todo Charles Chaplin, por el que desde niño había mostrado admiración y al que le gustaba imitar.

Nacido en Estrasburgo el 22 de marzo de 1923, en 1944 entró en la resistencia contra la ocupación de Francia por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, después de que su padre, de origen judío, fuera detenido y deportado al campo de exterminio de Auschwitz, donde murió.

Fue precisamente durante esa contienda, y para escapar a la persecución antisemita, por lo que cambió su apellido original Mangel por Marceau.

Una vez desmovilizado, aunque primero empezó una formación en artes decorativas en Limoges, pronto se orientó al teatro al inscribirse en la Escuela de Arte Dramático Charles Dullin, donde estableció una relación fuerte con uno de sus profesores, Etienne Decroux, que fue una pieza clave en su giro hacia el mimo.

El año 1947 marcó una inflexión en su carrera con la fundación de una compañía propia y, sobre todo, la creación del personaje de Bip, que le acompañó el resto de su vida identificado por su perfil filiforme, su cara pintada de blanco, los pantalones anchos de payaso, la camisa marinera y una expresividad corporal en apariencia frágil pero llena de vivacidad.

Marceau hizo de Bip un ser marcado por la sensibilidad, la melancolía y la poesía de la pantomima que le permitió explorar la sociedad moderna centrada en su dimensión trágica.

Sus espectáculos, a medio camino entre el teatro y la danza, alcanzaron una dimensión internacional a partir de mediados de los años 50 y constituyeron una revisión moderna de la tradición de la dramaturgia de la Commedia dell'Arte italiana.

Pronto se hizo tanto o más famoso que en Francia en países como Japón o en Estados Unidos, donde su "marcha contra el viento" constituyó una de las bases técnicas del baile de Michael Jackson.

El genio del mimo llevó algunas de sus pantomimas al celuloide y tuvo papeles destacados en Barbarella de Roger Vadim (1968) y La Dernière folie de Mel Brooks (1976).

En 1978, cuando estaba en la cumbre de su carrera, creó en París una Escuela Internacional del Mimodrama para asegurar el relevo en su arte del gesto, al que añadía también enseñanzas de danza y acrobacia de bastón o teatro con la vista puesta en lo que él mismo calificó de la "creación total".

Marcel Marceau, que había recibido las máximas distinciones oficiales en Francia, como la Legión de Honor o las condecoraciones de la Orden Nacional del Mérito y de las Artes y las Letras, no pudo sobrevivir a ese centro de formación, desaparecido en 2005 por falta de financiación.

Gracias a su energía y a su constitución, se siguió subiendo al escenario casi hasta el final de sus días, y así en 2000 organizó una gira bajo el título Les Premiers Adieux de Bip (la primera despedida de Bip), a la que siguió en 2002 Le retour du mime Marceau (la vuelta del mimo Marceau), e incluso una nueva gira en 2005 por Latinoamérica con Le meilleur de Marceau (lo mejor de Marceau).

La gran figura del mimo, que según cuentan quienes le trataron era un gran conversador, afirmaba pese a todo que "la palabra no es necesaria para expresar lo que se tiene en el corazón".

Al conocerse la noticia de la muerte se sucedieron las reacciones de homenaje, entre ellas las del presidente francés, Nicolas Sarkozy, que manifestó "emoción, admiración y respeto" por el mimo, que calificó como "uno de los embajadores más eminentes" del país.

El primer ministro, François Fillon, recordó al "artista", al "maestro" y al "resistente", y recordó que sus "historias sin palabras" tenían el don raro de poder comunicarse a todo el mundo más allá de la barrera del lenguaje.

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