eldiario.es

Menú

Gran Canaria se cuela en la obra de Mari Jungstedt

PUBLICADA EN SUECIA SU ÚLTIMA NOVELA NEGRA

La escritora escandinava afincada en Arguineguín se inspira en acontecimientos cotidianos de la isla.

- PUBLICIDAD -

El sur de la isla de Gran Canaria se ha convertido en motivo de inspiración recurrente para la escritora sueca de novela negra Mari Jungstedt, quien ha imaginado su última novela publicada y la próxima, en la que actualmente trabaja, tras varios acontecimientos vividos en ella.

Gran Canaria se cuela en la obra de Mari Jungstedt

Gran Canaria se cuela en la obra de Mari Jungstedt

Hace tres semanas apareció en Suecia su undécima novela, No caminas solo, obra que cobró vida en su mente un día que acudió a una peluquería de Arguineguín, pueblo del sur de Gran Canaria donde la escritora se ha afincado parte del año, según ha relatado este jueves durante una rueda de prensa con motivo de la Feria del Libo de Las Palmas de Gran Canaria. Un sábado por la mañana, Mari Jungstedt acudió al Salón Jenny, había poca gente y una de sus peluqueras comenzó a hacerle la pedicura mientras su pequeña hija de tres años jugaba a su aire por el establecimiento, donde sonaba la radio.

Las dos mujeres estaban separadas de la niña por una pared y no la veían, razón por la que la madre le conminó en un momento dado: "Evelyn, ven aquí porque no te veo", ha contado la autora. Esa preocupación expresada en voz alta propició un destello de inspiración en Mari Jungstedt, que imaginó una novela en la que una niña desaparece en una peluquería de la isla de Gotland, donde habitualmente ambienta sus obras, y que motivó su última obra publicada en Suecia.

No ha sido la única vez que una situación vivida en Gran Canaria sirve de musa para esta escritora de novela de negra, cuyos libros se han publicado en veinte países y de los que en España han aparecido seis, el último de ellos La falsa sonrisa.

"Parecía una película de Almodóvar"

Otro hecho sucedido recientemente en Playa del Inglés le ha inspirado para su próxima obra, ha explicado Mari Jungstedt al describir cómo recientemente decidió comprar una casa en el sur de Gran Canaria.

La escritora acudió para la compraventa a Playa del Inglés, donde había quedado con varios miembros de una familia, quienes de pronto comenzaron a discutir entre sí y a sacar a la luz viejos agravios familiares y cuentas pendientes con mucha expresividad emocional por parte de todos. "Parecía una película de Almodóvar, y yo allí, en medio de todo ello", explica riendo la escritora, quien decidió basar su próxima obra en las cuestiones escondidas que subyacen en toda familia y salen a la superficie ante determinados acontecimientos que propician su afloramiento.

Muchas de las obras de Mari Jungstedt reflejan elementos biográficos, en especial La falsa sonrisa, que incluye numerosos aspectos de una infancia en ocasiones difícil con un padre alcohólico y en la que sufrió acoso en el colegio. Ese libro comienza con un niño de siete años que vive con su madre deprimida y sus dos hermanos y una mañana le prepara el desayuno con mucho amor porque la noche anterior ella ha estado llorando y desea que esté contenta.

El niño pone lo mejor de sí en su intento, pero fracasa y la preparación del desayuno crea diversos problemas domésticos, razón por la que la madre le regaña. "Ese niño era mi hermano y la niña que llora mientras lo observa todo era yo", comenta la escritora, quien expone en muchas de sus obras cómo la niñez nos afecta el resto de nuestra vida.

La escritora considera que el éxito de autores escandinavos dedicados a la novela negra se explica porque en Suecia existe una tradición de este género desde la década de los sesenta, con una gran crítica social que ha cosechado mucho éxito. Hace unos veinte años las mujeres empezaron a escribir novela negra y ellas introdujeron nuevos elementos literarios, como las relaciones personales o la vida cotidiana, que enriquecieron el género, añade.

- PUBLICIDAD -

Comentar

Enviar comentario

Enviar Comentario

Comentarios

Ordenar por: Relevancia | Fecha