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El arte y la cultura mestiza a través del belén, en el Museo de América

OCASIÓN ÚNICA PARA VALORAR LAS APORTACIONES CULTURALES DEL MUNDO AMERICANO

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Magos y pastores es el título de la exposición que presenta el Museo de América. Una muestra que estará abierta hasta el 29 de abril de 2007 y que incluye una selección de más de dos centenares de piezas del arte colonial más representativo: pinturas, imágenes religiosas bordadas o realizadas con plumas y figuras escultóricas de ángeles, magos, pastores y demás personajes del imaginario religioso, vajillas, mobiliario y elementos textiles figuran en la muestra, en la que queda patente el genio creativo y la riqueza visual de los virreinatos. Tomando el belén como punto de partida, la exposición supone una ocasión única para valorar las aportaciones culturales del mundo americano.

La muestra da fe de que a través de los belenes se pueden descubrir valiosas claves que permiten comprender mejor la sociedad de aquellas tierras en tiempos de su pertenencia a la Corona Española. Está concebida como un recorrido a través del ciclo navideño en el que se hacen presentes los diferentes protagonistas, principales y secundarios, del mismo. El ciclo navideño es, en definitiva, un ciclo solsticial además de religioso. Se inicia con el fuego encendido del Adviento y se cierra con otra festividad dedicada, desde tiempos inmemoriales, al fuego, la Candelaria, simbolizado en la luz de las candelas que, tanto en Europa como en América, aparecen dotadas de poderes mágicos y profilácticos. Lo celestial y lo terreno se vinculan en un mundo de color y magia para mostrarnos como, desde tiempo inmemorial, las creencias no son estáticas sino que aparecen llenas de matices y se enriquecen con las aportaciones de otras culturas.

Durante siglos, los humanos han poblado el continente americano con diferentes formas de entender la vida, basadas en creencias que abarcan desde el animismo, el culto a los astros, a la naturaleza o a los muertos hasta complejas religiones con dioses de atributos bien definidos. Estas innumerables ideas religiosas generaron comportamientos sociales, gestos y ritos que, a partir de 1492, con la llegada de los navegantes castellanos a América, guiados por Cristóbal Colón, comenzaron a ser sustituidos por una religión única: el cristianismo católico romano. Aparentemente, las antiguas religiones se fueron olvidando, si bien algunos de sus conceptos, como la resurrección o la veneración a los cuerpos de los muertos, se integraron en la nueva doctrina.

El primer ámbito de la exposición nos muestra el difícil encuentro de dos mundos contrapuestos con cosmovisiones muy diferentes: el que hallaron los españoles -con dioses y ritos desconocidos para los recién llegados-, y las imágenes básicas del cristianismo, comunes para los europeos pero extrañas para los indios.

Las primeras imágenes recibidas desde España y las primeras predicaciones iban a marcar para siempre las artes plásticas del continente americano. Convencidos de que al corazón se llegaba a través de los ojos, misioneros y religiosos se esforzaron en fortalecer la devoción popular a través de las imágenes. Como resultado nacería un arte singular que tiene una de sus mejores representaciones en el ciclo navideño.

El belén constituye el referente visual de ese ciclo y ocupa la segunda parte de la muestra. Misioneros y religiosos promovieron en América la costumbre de realizar belenes, nacimientos o pesebres, representación simbólica del nacimiento de Jesús en Belén de Judea. Mediante figuras móviles que se ubican en un escenario desmontable, el belén muestra un misterio religioso.

Los antecedentes de esta manifestación artística hay que buscarlos en la veneración a la reliquia del pesebre donde nació Jesús y en representaciones teatrales medievales aunque alcanzó su popularidad gracias a San Francisco de Asís quien, en la Nochebuena de 1232, protagonizó una visión considerada milagrosa. A finales del s. XV, el belén estaba plenamente arraigado en España, fijándose los personajes principales y, en las primeras décadas del siglo XVI hay constancia de la colocación de belenes en tierras americanas.

Se elabora en el mes de diciembre para festejar los días 24 (Nochebuena), 25 (Navidad) y 6 de enero (Epifanía o Adoración de los Reyes Magos) y, antiguamente, se desmontaba el día 2 de febrero, fiesta de la Candelaria.

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