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Carnevali: ''El 'Pato' ha devuelto la estabilidad a la portería de Argentina''

ENTREVISTA CON EL ENTRENADOR DE PORTEROS DE LA UD LAS PALMAS

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El argentino Daniel Alberto Carnevali, portero titular de su selección en el Mundial de Alemania'74, considera que Roberto Carlos Pato Abbondanzieri, arquero menos goleado de la Liga española con el Getafe, "ha devuelto la estabilidad a la portería de Argentina, cosa que venía buscando desde hace un par de años".

A sus 60 años, Carnevali dedica su vida en Las Palmas de Gran Canaria a su familia y, cómo no, al fútbol. Regresó a Argentina a finales de los 80 tras su periplo en la Unión Deportiva -entidad que con él bajo los palos vivió una auténtica época dorada para un club tan pequeño-, pero en 1996 volvió a la isla para instalarse definitivamente.

Desde entonces, y en diferentes etapas, ha trabajado como entrenador de porteros del club amarillo en todas las categorías, e incluso montó una escuela de fútbol que desde 1998 lleva su nombre y que hoy en día es una de las más conocidas en Gran Canaria. Su tarea para la próxima temporada en la Unión Deportiva será iniciar un proyecto plurianual con el objetivo de "sacar porteros en el club".

El legendario portero internacional argentino habla, entre otras cosas, de los guardametas en general, sobre sus experiencias en el Mundial de Alemania'74 y sobre la Copa América que se disputa en estos momentos en Venezuela.

Argentina va con todo lo que tiene para intentar ganar la Copa América. ¿Le molesta que otras selecciones no lo hagan?

Respuesta: Yo creo que a lo mejor todas las selecciones deberían hacer lo que hace Argentina: intentar ir con el mejor potencial futbolístico que tiene para dar realmente a la Copa América la importancia que tiene, para que no sea una copa nada más. Lo de Argentina es merecedor de elogio, porque ya de antemano piensa en ganarla. Luego la puede conseguir o no, pero va con todos sus efectivos.

¿Cómo ve el grupo?

Argentina tiene un grupo complicado. Estados Unidos no se sabe nunca lo que va a dar y Colombia y Paraguay son rivales muy directos. Pero confío en que pueda pasar la primera fase y después, dependiendo, le puede tocar Brasil en la segunda. La Copa América tiene garantizada esa salsa del fútbol por lo menos en los enfrentamientos entre las selecciones sudamericanas.

El Pato Abbondanzieri acabó su primera temporada en la Liga española con el Getafe como el portero menos goleado (30 goles encajados en 36 partidos). ¿Qué le parece?

El Pato es un buen portero, ha progresado muchísimo en los últimos años. Adquirió mucha experiencia en Boca Juniors y ahora ha llegado a un nivel futbolístico muy bueno. Es un portero que tiene la posibilidad de ser titular de la selección con tranquilidad, porque ha demostrado que puede estar ahí, y aparte de la experiencia que tiene como jugador, en el vestuario es importante porque es una persona muy alegre que transmite seguridad, y eso en momentos difíciles sirve. Creo que es un portero que le ha dado estabilidad a la portería argentina, cosa que venía buscando desde hace un par de años.

¿Por qué cree que Argentina ha dado tantos grandes porteros a lo largo de la historia?

En todas tierras hay jugadores especialistas. Si quiero un defensor, voy a Holanda, por ejemplo, que tiene defensores que trabajan el uno contra uno muy bien; son agresivos, rápidos... En Francia los pivotes defensivos son buenísimos... Y Argentina siempre ha dado buenos porteros. Yo creo que es porque, a lo mejor, culturalmente es una tierra de porteros. Quizás tuvo una transición hace un par de años. A la selección argentina le ha costado, por lo menos por lo que hemos visto a nivel de juego, encontrar un portero titular.

¿Cómo definiría al portero argentino?

El portero argentino es un portero rápido, vivo, que está muy atento al juego y que lee muy bien el juego. No es un portero de meta, sino de área, y eso en el fútbol actual es importante. Es un portero con visión de juego, que siempre juega de forma adelantada detrás de su defensa y que golpea muy bien el balón. Además, es una capacidad del fútbol argentino el uno contra uno. Porteros como (Juan Pablo) Carrizo o (Hugo) Gatti han marcado una época en ese aspecto.

Cuando jugaba no existían los entrenadores de porteros y ahora usted lo es. ¿Cómo ve ese cambio?

Es importante tener un entrenador específico, porque el fútbol ha cambiado. Entrenar específicamente te da más posibilidades de corregir todo tipo de errores que puedan tener, y, además, trabajar con más tiempo todas las capacidades que necesita el portero. Antes se trabajaba dentro de las condiciones y las posibilidades que había. No se tenía tan estudiado la cantidad de paradas que hacías de balones que te tiraban desde fuera del área, la cantidad de saltos que hacías, la cantidad de tramos de velocidad... Antes se veía menos eso y trabajabas hasta la extenuación.

¿Y dónde se siente mejor, de portero o de entrenador?

Ni una cosa ni la otra. Antes entrenaba, jugaba y tuve la suerte de jugar con la selección un Mundial. No trabajaba mal, sino que se trabajaba diferente. Ahora hay más posibilidades de poder trabajar mejor. Como todos los trabajadores del mundo, hay que aceptarlo y creer que es mejor que lo anterior.

Hablando del Mundial, ¿qué le pasó a Argentina en Alemania'74?

Yo creo que hubo un poco de todo. Teníamos a priori un muy buen equipo en cuanto a nombres, pero quizá no hubo la posibilidad de una conjunción. Había jugadores que estábamos jugando en el extranjero. Unos estaban en Argentina, otros en Francia, otros en Brasil. Creo que el rendimiento de todos nosotros, y eso habría que ponerlo en primer lugar, no fue el óptimo, no fue el que podíamos dar todos, pero, además, a nivel organizativo las cosas no salieron bien. Y luego hubo dos equipos que estuvieron por encima de todos, que fueron Alemania y Holanda.

El gran Johan Cruyff le metió dos goles en el primer partido...

Con Holanda fue un tema bastante especial. Habíamos jugado un partido amistoso previo al campeonato y habíamos perdido 4 a 1 y dijimos que Holanda cuatro goles no nos hacía más. En cambio de 4 a 1, perdimos 4 a 0 (risas). Era un equipo superior. Estaba montado con una estructura diferente, llevaban trabajando juntos muchísimo tiempo y emplearon un sistema innovador, muy moderno para esa época. Fue la revelación del Mundial junto a Polonia, otro de los más pequeños que más rendimiento tuvo.

Argentina siempre se definió por la conjunción, la unidad, la defensa de la albiceleste. Decía usted que eso no ocurrió en Alemania'74 y que además la organización falló.

Son cosas que ya pasaron, pero obviamente el tema organizativo falló. Primero, falló por nosotros, por los futbolistas; y segundo, porque tampoco se tuvo la capacidad desde fuera para poder corregir esas cosas. Ya venía sucediendo desde toda la etapa previa, desde que nos clasificamos contra Paraguay y Bolivia. Había jugadores que estaban en Argentina, otros que venían de Brasil y Uruguay, otros de España y Francia... Entonces se empezó a armar una especie de onda negativa en un sector y otro y eso repercutió después en el día a día. Era como que estaban montados grupos y quizás no tuvimos la posibilidad de poder participar juntos en entrenamientos ni en concentraciones. Parecía un poco que todos estábamos luchando por jugar en el Mundial y no por hacer un grupo pensando en vencer al rival. Creo que se juntaron varias cosas y al final tuvieron un resultado negativo para nosotros.

Usted no jugó el último partido ante la República Democrática Alemana (RDA). Lo sustituyó el tercer portero, Ubaldo Fillol, que luego sería el guardameta que más ha vestido la albiceleste. ¿Sintió que le señalaban como el culpable?

No. Yo siempre pensé que el portero no es culpable, ni de los triunfos, ni de las derrotas. A veces te decían que por ti se había ganado un partido, como por ejemplo contra Bolivia o Paraguay, que acabó 1-1 y tuve una actuación fenómena. Todos decían que era por mí, pero yo digo que no, que el portero está para eso, para salvar situaciones de gol, y que a veces está para ir a buscarlas dentro. Es un poco compensatorio una cosa con otra. No me sentí culpable, al contrario. Fue una decisión del entrenador el que jugara un portero que no había jugado.

Hábleme un poco de René el Loco Houseman, la estrella de esa selección argentina.

René tenía una mezcla de imaginación e irresponsabilidad. Era irresponsable para todos sus actos, por eso en el campo actuaba de la manera que actuaba. Yo digo que la gente irresponsable es la que en el campo después se desinhibe y hace las mejores cosas. Poseía una técnica individual impresionante, una velocidad y una explosión con las que sacaba muchísima ventaja a sus rivales, pero era irresponsable en el sentido de su vida privada y de su orden en el entrenamiento. Él vivía la vida con una filosofía personal que yo no discuto, pero que a lo mejor no era lo más adecuado para pensar en el futuro. Pero así y todo llegó a jugar a nivel de selección y era un jugador extraordinario, diferente, de esos que en un momento determinado te saca algo de la galera que no lo saca un futbolista común. Ese es el concepto bajo el que yo miro a René.

Después del Mundial regresó a Las Palmas y formó parte de la segunda época dorada del club, junto a compatriotas suyos como Miguel Brindisi, Quique Wolf y Carlos Morete. ¿Cómo fue su vuelta a la isla?

Al principio me costó reivindicarme en Canarias, porque la actuación en el Mundial no fue buena, ni para toda la selección ni para mí individualmente. Yo cometí algunos fallos, por ejemplo en el partido que se perdió ante Polonia (3-2) y que podíamos haber empatado. Me costó otra vez volver al sitio que yo tenía cuando me fui de aquí. Pero siempre pensé que esto son cosas del fútbol y que además lo que había jugado era un Mundial. En tu carrera deportiva el Mundial lo tienes como un objetivo casi inalcanzable. Hay que estar contento de haber participado, aunque el resultado no fue el esperado.

¿Se daba cuenta de la locura futbolística que se vivía en la ciudad?

Como futbolista no te das cuenta de lo que significa para la ciudad el hecho de haber conseguido lo que consiguió Las Palmas en esos momentos. Eso lo viví después. Obviamente nos dábamos cuenta dentro de la ciudad del afecto y el cariño de la gente. Todos nos saludaban. Yo llegué a encontrarme con el coche limpio y lavado, con un cartelito que me daba las gracias por lo que hacía. Todas esas cosas son símbolo de que la gente te aprecia. Pero todo lo que el equipo ha logrado te das cuenta con el tiempo.

Hábleme un poco de los porteros españoles: Casillas, Valdés, Reina...

Casillas es un portero que además de tener condiciones para serlo está tocado con la varita mágica. Por diferentes cosas que le han pasado durante su carrera es un portero que tiene ángel, estrella. Valdés ha demostrado en el Barcelona que también tiene un rendimiento bueno, y Reina se ha adaptado al fútbol inglés perfectamente. Es una quinta de porteros de buena calidad.

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