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Desayuno con diamantes

ASÍ LO VIMOS (ANTES) / CRÓNICA DE UN DERBI JUGADO ANTES DE QUE PINO ZAMORANO LE DIERA AL PITO

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Ángel es irrecuperablemente fanático. Rubén lo lleva por dentro pero contemporiza. Ángel y Rubén han sido dos de los dos mil tinerfeñistas que han cruzado el charco para disfrutar del derbi. Y aparte de llevar los colores blanquiazules hasta en los calzoncillos, son buenos amigos míos. Nos conocimos gracias a mi compañero y sin embargo amigo Paco Simón, redactor de Marca, una tarde de derbi en un bar (no podía ser de otra manera) de Santa Cruz, con Carlos de por medio. Carlos no ha venido este sábado a Gran Canaria por si acaso le pilla la crisis ¡en febrero!...en fin, él se lo pierde.

Estuve a punto de disfrutar con ellos (Rubén también estuvo a punto) un viaje inolvidable para ellos a Alemania durante la Copa del Mundo. De ese viaje sólo aporté mi conocimiento ciego de la ciudad de Munich, para guiarlos, cerrados los ojos a través del móvil de Paco, Ángel al volante, directamente al parking más cercano de la Viktualienmarkt, mi esquina preferida de la capital de Baviera, así escondidita al lado de la weltberuhmtes* Marienplatz. Me moqueo toa por no haber sido el perfecto Cicerone de Ángel, Carlos, Paco y los suyos en mi Munich del alma.

Pero este sábado toca derbi, aparte de lamentar viajes imposibles. Me cité temprano con Iván Bonales y los suyos (Alejandro Pipi Arbelo, Ricardo Togores) en el Imperial Playa. Ramoncito Hernández y Paquito Simón se quedaron en Tenerife, pero abrimos boca manteniendo nuestros piques interinsulares a través de las ondas, para escarnio de quienes tienen el sentido del humor a la altura del báter. Reconozco que en un momento dado de la mañana, ya mediodía de veda abierta, me cansé de estar al hilo de la programación de Radio Marca Tenerife. De esa mañana de diamantes, me quedo con una foto y una confidencia de Pablo Sicilia que espero que Ricardo me envíe pronto (la foto, que de la confidencia nadie sabrá, a no ser que me llame su padre, don Luis).

Ángel y Rubén acudieron a mi llamada al hall del Imperial Playa. Paseo de Las Canteras mediante. Aguantamos exactamente los minutos de rigor hasta que alguien (yo, vale) rompió el hielo para buscar una cañita al lado. Nos fuimos al Tamanco, no sin antes cruzarnos con mi maestro de pillerías periodísticas, Óscar Jiménez. Y allí la patria se hizo chica apoyados en la barra del bar. Desayunamos pata de cerdo, ensaladilla y tollos con cervecitas de la tierra. Tropical, para más señas. Ángel, de profundo irrecuperable, no se atrevía a cuestionar la comanda, hasta que el aluvión de gente, palmeros unos, herreños otros, canariones de pro los más, propiciaron la ocasión.

Es el instante ese que retraté en la foto de esta crónica previa. Ángel consigue por fin disfrutar de su Dorada con Rubén detrás, intentando explicar al mundo (trabaja en Cervecera) que Tropical y Dorada son los mismo desde hace años, multinacional sudafricana de por medio. No había manera. Ángel quería su Dorada. Y la tuvo como debe ser. Rubén todavía se parte.

Son las tres y media de la tarde. Ya estoy en Siete Palmas. Hace hora y media que no sé nada de ellos. Empiezo a escuchar tambores de los primeros aficionados del Tenerife que ocupan plaza en la Curva. Esto se pone bueno. Hemos quedado en llamarnos cuando acabe el trabajo. Ángel, Rubén y yo. Y Canarias entera, allí donde esté.

P.D.: Ángel tiene un bar en Ramón y Cajal. La Oveja Negra. Cuando toque el derbi de vuelta le pediré que me sirva una Tropical. Como aquí en Las Palmas ha podido pedir su Dorada.

* mundialmente famosa auf deutsch

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