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Helsinki Cine Aasia 2015 (marzo, 12-15, 2015)

Tercera edición del festival de cine asiático -Cine Aasia- celebrado en Helsinki, durante los días 12 al 15 del presente mes de marzo. 

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Una de las cosas que aprendes cuando vives en otro país es que nadie tiene la exclusividad en cuanto a formas de pensar y maneras de actuar. Por extraño que pueda parecer, una persona nacida en España, otra nacida en China, y otra, en Finlandia, pueden coincidir en la forma en la que afrontar el dilema de vivir en un mundo como éste. Quizás por eso la programación de la tercera edición del festival de cine asiático de Helsinki - Cine Aasia- bien se podría decir que estaba teñida del unamuniano sentimiento trágico de la vida, tan del gusto del escritor y filósofo español de principios del pasado siglo XX.

Este sentimiento trágico, personal e inducido por las circunstancias que cada persona debe hacer frente mientras esté vivo define todos y cada uno de los minutos que conforman el metraje de la película Coming Home, dirigida por Zhang Yimou. Los tres personajes principales –un padre, una madre y una hija- verán cómo su vida se va haciendo pedazos, de forma inexorable y sin que nada pueda llegar a evitarlo. Inmersos en la locura que luego el mundo conoció bajo el nombre de Revolución Cultural, un matrimonio no solo deberá vivir separado, sino que, cuando pueden llegar a reencontrarse, aunque solo sea por un efímero instante, será la hija quien lo evite, presa, ésta, del clima de persecución al que se vio sometida la población de la República Popular China. Cuando todo parece que puede volver al punto en el que la vida parecía que no era tan mala, serán las propias secuelas de aquella separación, y los abusos cometidos por el régimen, los que harán acto de presencia. Con Coming Home, el director Zhang Yimou vuelve a incidir en algo que a la historia le ha costado reconocer; es decir, que el régimen del gran líder Mao estuvo tan corrupto y fue tan destructivo para con los ciudadanos de aquel país como cualquier otra dictadura que se precie. La película se sustenta no solo en la magnífica dirección, sino sobre los hombros de la increíble Gong Li y su compañero, Chen Daoming, quienes representan de manera real y sin ningún tipo de concesión los avatares de quienes vieron su vida destrozada a causa de una ideología que iba en contra de los seres humanos.

Y de una familia destrozada por un régimen dictatorial pasamos a un grupo de personas que, sin ser familia, verán cómo su vida acaba tan deshecha y carente de sentido como les ocurre a los protagonistas de la película de Zhang Yimou.

Red Family, película dirigida por Lee Ju-Hyoung, que cuenta con el guión del director Kim Ki-Duk, nos presenta a un comando operativo de Corea del Norte que vive, haciéndose pasar por una familia, en Corea del Sur. La historia –una tragedia, con toques de comedia- demuestra no solo el sinsentido que se vive en ese país, dividido hace más de medio siglo, y cómo un régimen tan corrupto e insensato como el que impera en Corea del Norte puede llegar a condicionar las vidas de las personas que viven bajo su dominio. Lo más triste de la historia es que, a pesar de los eslóganes, las soflamas y las memeces ideológicas, lo único que quieren los cuatro integrantes del comando es tener la misma vida anárquica, caótica y mundana que tienen sus vecinos. La razón de todo esto es muy simple: sus vecinos son libres para hacer lo que quieran. Ellos, no. El esperpento llega a tal extremo que ni siquiera uno de ellos, que lleva veinte años destacado en Corea del Sur, puede admitir delante de sus compañeros que está enfermo de cáncer y que le queda poco tiempo de vida. Si Coming Home incide en algo que sucedió hace más de medio siglo, Red Family por su parte cuenta una insensatez igual o mayor, que, por desgracia, puede estar sucediendo ahora mismo.

Cambiando de escenario, en Chigasaki Story vemos que los problemas de las personas son iguales en todos sitios. En este caso no tenemos ningún régimen dictatorial demente condicionando la vida de nadie, sino un grupo de amigas que tratan de vivir su vida sin hacerse demasiado daño entre ellas. Película sencilla, bien contada y mejor interpretada, Chigasaki Story demuestra que, mientras los sentimientos le ganen la partida al raciocinio de las personas, éstas difícilmente lograrán ponerse de acuerdo y llevar una existencia lo más normal posible. A diferencia de las dos anteriores, esta historia termina con un halo de esperanza, el cual dudo mucho que sirva para evitar que alguien la vuelva a encharcar.

Y es, precisamente, esa capacidad del ser humano por meter la pata una y otra vez, o ser capaz de aprender de los errores propios, la que condiciona la vida de Zhang, un detective que -tras perder a su mujer y su trabajo de inspector- trata de rehacer su vida, investigando un caso que quedó inconcluso cuando aún formaba parte del cuerpo de policía. En cierta forma, el devenir de Zhang está marcado por el frío que rodea a toda la película –y no lo digo en sentido figurado- y por el tempo narrativo que el director Diao Yi-Nan le impone a la historia. Black Coal, Thin Ice es de esas historias a las que hay que darle una oportunidad, porque ni sus protagonistas, ni su rocambolesca trama te enganchan desde el principio. Es más, hay momentos en los que ninguna de las actitudes que estás viendo en la pantalla te seducen lo más mínimo, aunque si logras sobrepasar la primera media hora de metraje lograrás ir viendo cómo cada cosa va encajando, aunque no de la forma más lógica.

En cuanto a 2030 se refiere, será el agua -y no el frío- el elemento que condicione la vida y los sucesos que veremos en la pantalla. La película vietnamita dirigida por Minh Nguyen-Vo se estructura en dos planos. Por un lado, el presente, en un momento en el que el nivel del mar ha subido hasta cubrir lo que era buena parte de Vietnam, obligando a los campesinos a vivir por y para el mar. Y por el otro, las peripecias vitales de Sao, una mujer de la que conoceremos su presente y su pasado. Gracias a ella seremos testigos de cómo la vida de las personas no solo depende de sus decisiones, sino de factores externos, tal y como pudiera ser la subida del nivel del mar. Al final, una mezcla del instinto de supervivencia y el afán de todo ser humano por recuperar aquello que un día fue importante nos conducirán a un desenlace tan poético como extraño para la manida forma de pensar occidental.

Una forma de pensar, la de nuestro mundo, a la que le costaría entender el empeño de una persona por querer hacer bien su trabajo, aunque éste fuera representar el papel del samurái que muere en una película de acción japonesa. Uzumasa Limelight, película dirigida por Ken Ochiai, no es solo un homenaje a las películas de samuráis que hicieron famosa a la cinematografía nipona, durante buena parte del siglo XX. La película es, ante todo, un alegato contra todos los mamarrachos que han copado puestos de responsabilidad en el mundo del cine y la televisión, individuos carentes de ninguna memoria histórica y del más mínimo respeto para quienes, ahora, ellos estén donde están. Kamiyama es un actor que sirve para ilustrar una máxima que debería ser sagrada en nuestra sociedad; es decir, quienes no tienen memoria están condenados a equivocarse una y otra vez. De otra forma, no se entiende el comportamiento de todos esos productores de baratillo, que le dan el papel protagonista a descerebrados que son incapaces, siquiera, de vestirse como el papel lo requiere. De esta nueva generación solamente se escapa Satsuki, una joven aprendiz que, gracias a los consejos de Kamiyama, logra pasar de ser la doble de la mamarracha de turno para convertirse en una actriz protagonista, por méritos propios. La película se debería proyectar en todas las escuelas de cine, para que los futuros realizadores, productores  y actores aprendieran lo que se debe y lo que NO se debe hacer dentro de la industria.

Dejo para el final una de esas películas que demuestran que el ser humano es un asco como raza y como sociedad y, que si hay algo que se debería erradicar de nuestra historia, esto debería ser la guerra como concepto. Fires on the Plain es la última película del director Shinya Tsukamoto y es un remake de la versión de 1959 dirigida por Kon Ichikawa, basada en el clásico Nobi del escritor Shohei Ooka, que se publicó en 1951. La mejor forma de definir los 110 minutos que dura esta versión es utilizando la palabra pesadilla. Si Conrad en su novela En el Corazón de las Tinieblas nos llevaba por los meandros de la locura, en esta película viviremos dentro de ella. La sensación de fragilidad, demencia, suciedad, náusea y sinsentido llega a ser tan agobiante que uno acaba por sentir las gotas de sudor cayéndole por la espalda, de la misma forma que le sucede al protagonista principal. ¿Qué les queda a aquellos gloriosos soldados del Ejército Imperial japonés, sino comer raíces como los cerdos? ¿Dónde quedan los discursos patrióticos y las enseñas carmesíes cuando tu instinto te lleva a terminar con tus propios compañeros, para así poder sobrevivir? ¿No sería mejor acabar con tanta insensatez en vez de repetir, una y otra vez, los errores?

Termino este repaso por esta tercera edición del festival Cine Aasia con una reflexión personal. He asumido, tras casi tres décadas cubriendo eventos, que el papel del periodista acreditado es cada vez menos necesario, dado que, ahora, hay muchísimos reporteros digitales que escriben en sus blogs sin necesidad de pedir acreditación. No obstante, me cuesta entender la razón que lleva a los organizadores de este tipo de eventos a mantener cada vez menos contacto no solo con los medios –como se decía antaño, no en vano somos la canallesca- sino con el público en general. Y esto es más digno de reseñar en un país donde la educación es un bien de uso común y es mucho más fácil relacionarse, precisamente, por esa educación. De ahí me resulte un tanto tópico el que los organizadores centren toda su atención en los invitados y en la cantidad de entradas que se vendan, perdiendo con ello la oportunidad de recibir feedback en vivo y en directo. Y puedo decir esto con conocimiento de causa, porque llevo más de dos décadas organizando eventos. El conocer la opinión de las personas asistentes es la mejor manera de mejorar y de evolucionar, para así evitar un estancamiento que no ayuda a quienes organizan.

Al final, parece que impera una omertá que para lo único que sirve es para trazar una línea entre quienes mandan y quienes asisten como mudos espectadores del evento, algo que podrá sonar muy práctico y casi diría que higiénico, pero que no ayuda a fomentar las relaciones y los gustos entre diversos grupos de personas, unidos por un idioma común, el del séptimo arte, venga éste de donde venga.

Agradezco, no obstante, las facilidades dadas a la hora de solicitar y obtener mi acreditación de prensa, en todas y cada una de las ediciones del festival Cine Aasia, aunque, después de tres años, ni siquiera sepa quién ha sido la persona que me ha concedido el privilegio de ser periodista acreditado o quién es la persona que dirige las riendas del encuentro cinematográfico, elementos que harían mucho más humana mi labor, por marciano que esto pueda sonar, a tenor de las circunstancias vividas hasta ahora.

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