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LA CANALLESCA EN EL WORLDCON 75

Recuerdo, con cierta nostalgia, debo admitir, el momento en el que te adjudicaban tu casillero una vez que te acreditabas en un determinado evento, en especial un festival de cine, convenciones y/o ferias profesionales de todo tipo y condición. En aquellos años, previos a la revolución tecnológica, la información se imprimía en formato físico, ya fuera esta literaria o gráfica, y luego cada uno seleccionaba aquello que más le podía interesar, tal y como podrían certificar las papeleras de muchas de salas de prensa en las que he estado.

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Hoy en día, buena parte de todo aquello se ha perdido, pero herramientas tales como el catálogo del evento, el programa de actos -el cual también va perdiendo fuelle frente a la web oficial- y elementos más específicos como el Souvenir Book, habitual en convenciones y salones de cómics, todavía perduran en el imaginario profesional.

No obstante, estas herramientas también empiezan a estar vetadas a la canallesca, mucho antes de que ésta se “lleve la plata”, tal y como se decía en la España del siglo XIX y XX cuando se hacía referencia a quienes se empeñan en contar las cosas que pasaban en la sociedad, para disgusto de la autoridad.  

El último ejemplo de esta última afirmación me sucedió hace unos días durante la celebración de la convención mundial de la ciencia ficción, Worldcon 75, que tuvo lugar en las instalaciones del Helsinki Expo y Centro de Convenciones Holiday Inn Messu­keskus, situado en la capital finlandesa.

Una vez que aterricé para recoger mi acreditación de prensa, el primer día del evento, la persona que me la entregó me dijo que los periodistas solamente teníamos derecho a poder entrar, solicitar entrevistas y acceder a la sala de prensa -cosas que está muy bien, todo sea dicho, gracias a nuestra acreditación- pero todo los demás estaba reservado para quienes habían pagado su entrada. En todo los demás se incluía el programa físico, el Souvenir Book de la convención -un libro de 176 páginas en color, con información, imágenes y artículos sobre la historia del evento y sus principales invitados- un libro para colorear y una guía de restaurantes de la ciudad de Helsinki.

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Tras escuchar sus palabras, decidí subir hasta la sala de prensa, lugar que conozco porque llevo cubriendo eventos en el mismo escenario durante una década y comprobé que no era el único que no comprendía la razón de tanta restricción. Es más, yo hubiera entendido -como ya sucede en diferentes eventos en los que también he trabajado- que a los periodistas se nos cobre una cantidad que, por ejemplo, sirva para pagar herramientas como las anteriormente citadas. Sin embargo, a los responsables de la sala de prensa de Worldcon 75 no se les ocurrió tal posibilidad. Simplemente se nos vetó la posibilidad de tener el material.

Lo curioso del caso es que una de las personas que trabajaba allí me comentó que habían preparado una mesa, situada en el hall del recinto, en la que las personas podían colocar cosas y/o dejar aquello que no les interesara. Para mi sorpresa, allí logré encontrar un ejemplar del Souvenir Book y, luego, en otro stand, me dieron el libro para colorear, el cual, también está muy bien.

Dejando a un lado que de todo hay en esta profesión -sin ir más lejos, me topé con un par de compañeros de profesión a los que, cuando repartieron educación, no les tocó nada- la sala de prensa de Messu­keskus, nombre con el que se conoce, de manera coloquial, al enorme recinto finlandés, posee una pared llena de casilleros de plástico, anclados a la pared, en los que se podría haber colocado uno número limitados de Souvenir Books, libros para colorear, guías de restaurantes y newsletters, las cuales se redactaron durante la duración del evento. Las mencionadas newsletters se destinaban, casi de forma exclusiva, a la mesa de información y a la sala de los “fans”, pero tampoco se encontraban entre las herramientas de las que podíamos hacer uso los periodistas acreditados, tal y como me vociferó uno de sus responsables, el cual ocupaba “mesa en mantel” en una sala dispuesta para otros menesteres. Cierto es que si uno quería conocer los dimes y diretes de la organización solamente tenía que quedarse en la sala de prensa y escucharlos, dado que no se me antoja un lugar mejor para encontrar una fuente de información más fidedigna, aunque creo que aquel NO era, ni es el espacio para airear muchas de las cosas que se podían escuchar durante los días que duró el evento.

Lo último y no por ello menos importante fue la falta de cuidado y cierta atención que se tuvo para quienes, de una forma o de otra, pasamos cinco días dentro del centro de convenciones, tratando de hacer nuestro trabajo. Como ya he dicho, he pasado los últimos diez años acudiendo al mismo escenario y una cosa que siempre me ha gustado es que, además de un equipamiento básico, la sala de prensa siempre cuenta con agua, té y café -en algunas ocasiones incluso hay zumo- además de galletas de varios tipos.

Ofrecer estos pequeños “lujos” demuestra que, quien está detrás de todo, entiende lo cansino que puede resultar recorrer un mastodóntico escenario, lleno de stands y de personas, mientras se busca el cumplir con la obligación de recabar la mayor información posible para, luego, poder informar. Una vez que se termina el periplo en cuestión, el cual puede durar varias y/o muchas horas, tener un sitio donde sentarse y beber un vaso de agua, sin más, se valora mucho más de lo que una persona ajena a este mundo pudiera comprender.

¿Se imaginan lo que ocurrió durante la Worldcon 75? Pues que nada de esto se incluyó en el plan, salvo el último día, justo cuando en la sala de prensa había más personas de la organización que periodistas acreditados. Admito, sin ningún pudor, que cuando vi la fuente llena de agua llena y con vasos para poder beber solté una irónica frase de una película, en castellano, sin importarme lo más mínimo si alguno de los allí reunidos pudiera entenderla. Además, al ver la mencionada fuente pensé en el cartel que estaba colocado en el espejo de los servicios más cercanos a la sala de prensa, cartel en el que se podía leer las bondades del agua finlandesa e invitaban a tomarla. Quizás, en la sala de prensa, se les olvidó poner dicho cartel e invitarnos a los periodistas a visitar el servicio, cada vez que tuviéramos sed.  

Sé que este último párrafo puede sonar duro, pero la realidad es la que es y sin querer dejar de valorar el magnífico trabajo de los profesionales con los que coincidí durante el evento -sobre todo uno que me pidió no mencionarlo, por lo menos utilizando su nombre y apellido, pero que fue quien logró darle sentido a todo aquello- situaciones como ésta terminan por cansar.

Y si quienes nos acreditamos, debemos seguir un código ético y deontológico redactado por la organización, similar al que todo profesional debe seguir mientras cumple son su obligación, la organización debería cuidar determinados detalles y ofrecernos algunas herramientas que, si bien pueden estar en Internet, no siempre lo están de la misma forma que lo puede recoger un catálogo, programa o un Souvenir Book.

El resto forma parte de la consideración, la educación y la formación que se tenga en lo relativo a la gestión y organización de un evento y cada cual debe ser fiel a sus planteamientos, aunque luego no todos podamos estar de acuerdo.

© Eduardo Serradilla Sanchis, 2017

World Science Fiction Society", "WSFS”, "World Science Fiction Convention", "Worldcon" "Hugo Award", the Hugo Award Logo, and the distinctive design of the Hugo Award Rocket are service marks of the World Science Fiction Society, an unincorporated literary society © 2017

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