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Breivik profirió gritos de guerra mientras perpetraba la masacre de Utoya

OSLO

Anders Behring Breivik, el autor confeso de la masacre perpetrada en julio de 2011 en Oslo y en Utoya, profirió "gritos de guerra" y se mostró enfadado y sonriente mientras perpetraba la matanza en el islote noruego, según varias de las víctimas que han comparecido en el juicio por la muerte de 77 personas.

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OSLO, 16 (Reuters/EP)

Anders Behring Breivik, el autor confeso de la masacre perpetrada en julio de 2011 en Oslo y en Utoya, profirió "gritos de guerra" y se mostró enfadado y sonriente mientras perpetraba la matanza en el islote noruego, según varias de las víctimas que han comparecido en el juicio por la muerte de 77 personas.

"Escuché un grito, pero no lo entendí", ha señalado Ingvild Leren Stensrud, de 17 años, que recibió un disparo en la pierna y otro en el hombro. Stensrud, que sobrevivió gracias a que otra persona cayó encima de ella y fingió estar muerta, ha dicho que pensó que Breivik no estaba solo.

"Creí que los atacantes se estaban mandando mensajes, pero, al darme cuenta de que estaba solo, creo que el chillido era un grito de guerra", ha indicado. La víctima ha señalado que el asesino confeso, que en total acabó con la vida de 77 personas con la colocación de un coche bomba en Oslo y el tiroteo en Utoya, disparaba a la cabeza de las víctimas para asegurarse de que morían.

Stensrud ha explicado que se escondió en un piano en la cafetería de la isla, aunque Breivik fue de habitación en habitación en el complejo disparando a todos los presentes. Fue entonces cuando Stensrud recibió los disparos y el cuerpo de una de las víctimas cayó sobre ella. "A mí lado había un hombre que estaba tosiendo sangre", ha indicado.

Glenn Martin Waldenstroem, que recibió un disparo en la cara, es el hombre que acabó al lado de Stensrud y este miércoles ha señalado que la cara de Breivik era "desconcertante". "Parecía enfadado y al mismo tiempo sonreía", ha declarado.

Waldenstroem, que ha pedido que Breivik saliera de la sala para testificar, no pudo hablar tras la matanza y escribió con su sangre en la tierra el teléfono de su familia para que les informasen de que estaba vivo. Continuó matando, gritando "vais a morir hoy, marxistas" ignorando las peticiones de clemencia de sus víctimas, ha concluido.

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