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Bush inicia una gira europea centrada en los misiles y el cambio climático

ROSTOCK VIVE UNA JORNADA DE CALMA TENSA EN VÍSPERAS DE LA CUMBRE DEL G8

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El presidente de Estados Unidos, George W. Bush, parte este lunes para una gira de siete días por Europa para participar en el G8 y que tendrá como ejes principales el escudo antimisiles y el cambio climático.

Bush saldrá con destino a Praga para dar una señal de que EEUU no renuncia a levantar un escudo anti-misiles en Europa del Este, pese a las protestas de Rusia. En la República Checa, el Pentágono pretende instalar un radar como parte de ese sistema, que estará terminado en 2012.

"El presidente aprecia las contribuciones de la República Checa en Irak y Afganistán, y su interés en cooperar en la defensa anti-misiles", dijo el consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Stephen Hadley, en vísperas de la gira. Bush también aprovechará su visita a Praga para tratar una idea en torno a la cual ha articulado su política exterior: la promoción de la democracia.

Participará en una conferencia sobre el tema a la que también asistirá el ex presidente del Gobierno español José María Aznar y se reunirá con opositores a dictaduras de todo el mundo.

Oriente Medio y comercio

El martes Bush se dirigirá a la localidad costera de Heiligendamm, donde tendrá lugar la cumbre del G8, formado por Alemania, Reino Unido, Canadá, Italia, Francia, Japón y Rusia, además de Estados Unidos.

Al día siguiente almorzará con la anfitriona del encuentro, la canciller alemana Angela Merkel, en una reunión en la que tratarán una larga lista de temas, desde Irán, hasta el conflicto entre palestinos e israelíes, la situación en Afganistán y el avance de las negociaciones de la Organización Mundial de Comercio (OMC), según Hadley. Merkel ha colocado el cambio climático como uno de los asuntos principales del G8 y Bush ha querido adelantarse a cualquier crítica a su administración por su inacción al respecto con un discurso esta semana en el que aceptó por primera vez la idea de que se establezcan límites mundiales a las emisiones de gases invernadero.

Ambos mandatarios abordaron el asunto por videoconferencia el viernes, para preparar el debate en el G8, según la Casa Blanca. El jueves, Bush se reunirá con el primer ministro británico, Tony Blair, para quien será el último G8, pues a finales de este mes dejará su puesto a su ministro de Economía, Gordon Brown.

Más intenso será el encuentro con el presidente ruso, Vladimir Putin, que además del escudo antimisiles ha criticado las propuestas estadounidenses para el futuro de Kosovo. Bush también encontrará tiempo al margen de las reuniones multilaterales del G8 para reunirse el viernes con el nuevo presidente de Francia, Nicolas Sarkozy.

También el viernes habrá una sesión sobre África en la cumbre, un tema de interés para Bush. Esta semana el presidente prometió doblar a 30.000 millones de dólares en los próximos cinco años la ayuda estadounidense para combatir el sida y también ha anunciado sanciones unilaterales contra el Gobierno de Sudán por su actuación en Darfur.

El mismo viernes Bush pasará unas horas en Polonia, donde EEUU quiere instalar diez interceptores como parte del escudo anti-misiles. "El presidente está satisfecho por el interés de Polonia y su cooperación en la defensa anti-misiles y aprecia su liderazgo en la promoción de la libertad en países como Bielorrusia", explicó Hadley.

Italia será su siguiente escala y el sábado Bush se reunirá en Roma con el Papa Benedicto XVI, así como con el primer ministro italiano, Romano Prodi. Al día siguiente Bush se convertirá en el primer presidente de EEUU en hacer una visita oficial a Albania. El presidente "comparte el sueño de Albania como una parte vital de Europa que está completa, es libre y en paz", dijo Hadley.

En Tirana, se reunirá con los primeros ministros de Croacia, Macedonia y la propia Albania para abordar su aspiración a formar parte de la OTAN, según la Casa Blanca. La última parada de la gira será Bulgaria, donde Bush se reunirá con las autoridades del país antes de partir de vuelta a Washington el lunes por la tarde.

Más de un millar de heridos

Por otro lado, la ciudad báltica alemana de Rostock vivió este domingo una jornada de calma tensa tras los disturbios registrados el sábado durante una manifestación contra la próxima cumbre del G8 en el cercano Heiligendamm, que dejaron un millar de heridos.

Las pequeñas manifestaciones previstas para la jornada de este domingo transcurrieron hasta la tarde con tranquilidad, mientas por las calles se podían ver todavía los restos de la batalla campal librada entre grupos violentos y la policía. Mientras los camiones de la basura limpiaban los residuos de una manifestación que había empezado en ambiente festivo, los organizadores y la policía hacían sus respectivos balances y elaboraban estrategias para evitar imágenes similares durante la cumbre.

La policía cifró en 433 el número de agentes heridos durante la reyerta, treinta de ellos graves, y en 125 el de detenidos. La plataforma organizadora habló de 520 manifestantes heridos, veinte de gravedad, y de al menos 165 detenidos.

Todos coincidieron en su condena a una violencia callejera que la policía describió como de "una brutalidad hasta ahora desconocida", pese a que entre los organizadores hubo análisis dispares respecto al origen de la escalada. Los enfrentamientos habían empezado al final de dos marchas que se habían desarrollado pacíficamente hasta confluir en la plaza que rodea el puerto de la ciudad.

Según los datos de la policía, entre los alrededor de 30.000 manifestantes se encontraba un grupo de unos 2.000 violentos encapuchados, quienes al final de uno de los tramos agredieron con piedras y cócteles molotov un coche policial. La policía respondió con porras y gas irritante y, tras un forcejeo, se hizo dueña de la situación.

Sin embargo, la escalda real se produjo en el lugar en sí de la concentración, la plaza en la que había instalado un escenario para los discursos y actuaciones musicales. Es en este punto donde la apreciación de los organizadores varía de la de la policía, y mientras los primeros acusan a las fuerzas del orden de haber provocado una escalada al reaccionar con violencia desmesurada, éstas aseguran haber seguido en todo momento una táctica de apaciguamiento.

"La violencia de los manifestantes no se justifica con nada, pero también es cierto que hubo dos unidades policiales venidas desde Berlín que actuaron con una brutalidad innecesaria", señaló Manfred Stenner, de la coordinadora que organizó la manifestación, en una conferencia de prensa celebrada en Rostock a modo de balance. Stenner aseguró que la cooperación con la policía había funcionado "de forma ejemplar" durante toda la fase previa a la concentración, y sostuvo que también después de los enfrentamientos el diálogo volvió a ser bueno.

Similar fue el balance de Monty Schädel, otro de los coordinadores de la plataforma de 300 asociaciones que organizó la protesta, quien aseguró que nada justificaba la actitud del "bloque negro", como se denomina el grupo de violentos, pero criticó la "falta de profesionalidad" de la policía. El jefe del equipo policial encargado de coordinar toda la cumbre de Heiligendamm, Knut Abramowski, aseguro que sus unidades se mantuvieron discretas durante toda la manifestación, como demostraba el hecho de que las marchas hacia la plaza principal se produjeran "sin acompañamiento policial directo".

Sin embargo, tanto en Hamburgo como en Rostock el problema lo constituyó el "bloque negro", un grupo que resulta de difícil acceso a las organizaciones antiglobalización, según los observadores. Entre los detenidos hubiera españoles, franceses, rusos, búlgaros, suecos, japoneses y austríacos.

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