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Política exterior: el PP no se aclara

El presidente de Venezuela Nicolás Maduro

Walter Benjamin dijo algo así como que pocas esperanzas caben cuando los hechos de los que informan y que comentan y analizan a diario los periódicos no nos sirven para identificar los poderes ocultos a los que estamos sometidos; peor será, imagino, si a la incomprensión de esos hechos se suma que nos los ofrecen tergiversados. En el caso de Venezuela, que es el que ahora me ocupa, irrita el empeño de la derechona española de usarlos para combatir a Podemos no haciéndole la crítica que, sin duda, merece, sino atribuyéndole el absurdo cuasi metafísico de querer establecer en España un régimen "bolivariano"; nada menos. Tanto insiste el PP en tratarnos como idiotas que llegamos a pensar si no lo seremos realmente cuando tantos votos le damos; quienes se los dan, claro.  

Los ataques al nuevo partido se han recrudecido en los últimos días por su negativa a votar en el Parlamento Europeo a favor de exigir al presidente Maduro la puesta en libertad de los dirigentes de la oposición venezolana detenidos. Según la derecha pepera, los detuvieron por disentir del Gobierno chavista; al punto de asegurar Esperanza Aguirre y otros que meter en la cárcel a quienes no opinen como ellos es el objetivo de los de Pablo Iglesias. Es tan incoherente esta derecha pepera que la veo muy capaz de acusar a Podemos de no cumplir con su programa si llega al poder y no pega a encarcelar rivales. Nada les dice que la negativa de los podémicos a apoyar la propuesta en Estrasburgo pueda obedecer al deseo de no cerrar el paso a la salida dialogada que recomiendan varias instituciones internacionales, entre ellas la ONU. La comprensión de la postura de Podemos no quiere decir que me apee de mi opinión respecto a que debieron Iglesias y sus compañeros apoyar la propuesta. Pero cada cual es quien cuyo, como decía un sabio de Los Arbejales. Sin olvidar que es diálogo, justamente, lo que propone Henrique  Capriles, el principal miembro de la oposición venezolana: no en vano Hugo Chávez, en su última comparecencia electoral, le ganó por apenas punto y medio, muy lejos ya de sus apabullantes victorias en elecciones anteriores. Habría, pues, que matizar  mucho al  hablar con tanta alegría de dictadura chavista; y ponderar adecuadamente que ese mismo electorado, que apoyó en todo momento a Chávez, incluso en el referéndum revocatorio a que se sometió, rechazó en las urnas, también en referéndum, su intento de reformar la Constitución para instituir la presidencia vitalicia. Algo no coneja ya que, si de una dictadura se trata, le hubiera bastado a Chávez recurrir al decreto ley, tan querido de Rajoy, para imponer su voluntad sin engorrosas consultas.

Vaya por delante que nunca me gustó Chávez y mucho menos su sucesor, Nicolás Maduro. Por razones de estilo político, de temperamento o lo que sea. Lo que no me lleva a lamentar el fracaso del intento de golpe de Estado del pasado 12 de febrero. Confieso que se me pasó por alto, quizá por descuido mío, sin que deje de extrañarme (es un decir) que los periódicos españoles no destacaran que los golpistas se proponían  bombardear y ametrallar el Palacio de Miraflores para asesinar a Maduro; además de destruir el Ministerio de Defensa, los estudios de Telesur Internacional y otros centros gubernamentales. Esa fue la causa de la detención de los dirigentes de la oposición, acusados de participar en la intentona, cuya puesta inmediata en libertad se demanda.

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El Estado de la nacionalidad y las cabras que guardamos

María Australia Navarro, en rueda de prensa. (EFE)

El debate sobre el Estado de la Nacionalidad fue un muermo de aquí te espero, Concha. Pero como debo cumplir con el rito de comentar, destacaría las afirmaciones de CC y el Gobierno respecto a que ha dejado a las islas en buena posición para remontar, cosa que no estoy en condiciones de afirmar o negar. Desde luego, es evidente que no ha habido escándalos ni salpafueras desatinados y que el Gobierno de coalicionados y socialistas ha aguantado hasta el final de la legislatura. No ha entusiasmado el Gobierno aunque le mantuviera el pulso a Soria en el asunto de las prospecciones petroleras; pero no lo acompañó con una apuesta firme por las energías alternativas en unas islas donde no faltan el sol y los vientos. No ha sido, pues, una gestión para tirar voladores y la legislatura se salda sin haber afrontado la cuestión de la ley electoral que permita un Parlamento de verdad representativo, que acabe con el juego de las dos sillas (una fija para CC y la otra, a disputar por PP y PSC). Tampoco se ha resuelto la cuestión de la hegemonía tinerfeña de vía estrecha. 

De las críticas al Gobierno en el debate hay que mencionar, en primer lugar, la de Australia Navarro que, lejos de comportarse como portavoz del PP, que era lo que tocaba, intervino en la sesión en plan de candidata de su partido a la Presidencia del Gobierno en la que no se ahorró la muy pepera promesa de crear montones de puestos de trabajo. Un clásico pepero que dejaré estar por lo sobado para irme a algo más característico de la derecha isleña: la de considerar cualquier disconformidad con el Gobierno central, particularmente si es del PP, puro afán electorero, victimismo lloriqueante que enmascara incapacidades e insuficiencias. Para esta gente siempre y sin excepción y por encima de las evidencias, el Gobierno central pepero siempre tiene la razón y obra con tanto acierto que no pueden ser sino responsabilidad del autonómico canario los índices de paro, el incremento de la pobreza, el desplome de la inversión pública, el incumplimiento de los pactos habidos, el deterioro de la enseñanza y la educación o el abandono de las actividades productivas; por no hablar del maltrato presupuestario que, simplemente, niegan. Como si nada tuviera que ver la política de Rajoy y su Gobierno.

Sin necesidad de entrar en polémicas, para qué, resulta patente la pretensión de que las islas soporten sin rechistar, con el espíritu menguado de indios colonizados, los atropellos de la metrópoli. El aplazamiento sine die de la reforma de la parte económica del REF y el comienzo de la privatización de AENA, que no dejará de tener malas consecuencias para nosotros, son los dos casos más recientes que se engloban dentro de una política orientada a acabar con las especificidades isleñas y lo poco que queda del acervo económico (del que ya ni siquiera se habla). Es la forma de avanzar en la "recentralización": como no se atreven con los fueros vascos y navarros y los catalanes se les han puesto flamencos, cargan contra la reserva colonial. Una política que recurre con frecuencia al engaño. Por no ir más lejos, la insistencia en que AENA sigue bajo el control del Estado al vender sólo el 49% de la empresa; como si no estuviera más que comprobado que la dinámica económica y financiera acaba por imponerse en estos apaños y no supiéramos que eso es precisamente lo que busca esa política de "adelgazar" al Estado. El mismo hecho de que, en el caso del REF, el Gobierno central aceptara la reforma de la parte fiscal, de especial interés para el empresariado, con el aplazamiento de la económica, que afecta a más del 90% de la población, resulta reveladora de la verdadera entraña de la derechona gobernante. Con el empresariado satisfecho, ya no hay cuidado si la gente se solivianta y en el peor de los casos ahí está el PP isleño para relativizar unas cosas, negar otras y si alguien rechista, acusarlo de buscar el enfrentamiento con Madrid por razones electorales. Ese es el papelón que ha asumido el PP canario. Como, además, no hay posibilidad de que los isleños organicemos una manifestación en Madrid, cuentan con un laboratorio lo bastante aislado para experimentar. 

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Rajoy vs. Tsipras, el huevo y la gallina y lo de Bravo

El Gobierno de Tsipras cumple un mes con frentes abiertos pero con un gran apoyo

"Hay que hablar con claridad: nosotros no somos culpables de la frustración que se ha generado en la izquierda radical griega, que prometió aquello que sabía que no se podía cumplir, como ahora ha quedado demostrado", respondió Rajoy a Alexis Tsipras, primer ministro griego. Tsipras aseguró al Comité Central de Syriza que en las recientes negociaciones de Bruselas, España y Portugal habían tratado de conseguir la "rendición incondicional" de Grecia "antes de que nuestro trabajo produzca resultados y antes de que el ejemplo griego afecte a otros países, especialmente antes de las elecciones de España".

El incidente verbal vuelve a poner de manifiesto con quien nos jugamos los cuartos. Para empezar, donde dice Rajoy "hablar con claridad" debió decir "hablar con verdad". Porque si algo no se le puede negar a Tsipras es que dijo clarito lo que pensaba; o lo que le interesaba llevar al ánimo de los suyos. La cuestión, pues, queda reducida a quien dice la verdad. Una reducción que de poco sirve porque la verdad en política es relativa, la determinan los intereses que defienda cada parte y quienes asistimos al espectáculo según el grado de identificación, afinidad o simpatía con una u otra parte. El color del cristal, ya saben.

De todos modos tiene su coña que sea Rajoy, precisamente Rajoy, quien acuse a Tsipras de prometer aquello que sabía que no podría cumplir. Las hemerotecas están repletas de sus promesas de eliminar el paro, de no tocar la Sanidad, la Educación, las pensiones, los salarios y el conjunto de los servicios sociales y la rotundidad con que afirmó que no daría ni un solo euro público a la Banca. Y ya vimos lo que hizo ya en La Moncloa. Para su desgracia, no lo testimonian las páginas de los periódicos de papel olvidados en las hemerotecas sino las resplandecientes imágenes con sonido que corren y recorren las redes sociales y las pantallas de TV. Y lo que se ve y escucha son promesas incumplidas y el brutal incremento de las desigualdades sociales de las que no nos podremos recuperar en mucho tiempo. Es escalofriante que el 1% de la población española posea el 27% de la riqueza nacional y que el 10% de esa misma población tenga el 55%, nada menos. Cuando el presidente habla de recuperación debe referirse a la de quienes nunca padecieron la crisis y se han enriquecido aún más con ella. La satisfacción de las grandes empresas por el crecimiento de sus beneficios resulta obsceno ante lo que vemos a nuestro alrededor.

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Las coñas macabeas: del REF al facherío soriano, la callada de Rajoy y el gomero Curbelo

El PP propone cien medidas económicas y un acuerdo de regeneración democrática

La jubilación es tiempo para muchas cosas; recordar entre otras. Y acabo de acordarme de la ocasión, más que del día, en que conocí por vez primera a un escéptico. Bueno, en realidad ya lo conocía pues hicimos juntos Preparatoria e ingreso en el Bachiller; pero le guardaba el secreto hasta aquel momento en que el cura contaba de Noé embarcando en su arca, por mandato de Dios, una pareja de animales de todas y cada una de las especies para que no perecieran en el aguacero. Estaba yo tan contento de que se salvaran los animalitos que me importunó oír a alguien musitar cerca un descreído "¡sí, hombre!", con el añadido de "¡guárdame un huevo de la echadura!".

Nunca supe si semejante escepticismo, aún incipiente, era religioso, filosófico o científico porque mi hombre no se metió a cura, ni le dio por la filosofía y no les digo de la ciencia: su padre acabó poniéndole una granja, que era de las soluciones desesperadas de los padres adinerados que no sabían qué hacer "con este muchacho". Siempre he tenido la duda de si su destino granjero fue castigo de Dios o pura ironía divina, aunque me inclino por lo segundo: el castigo vino después, al llevarse por delante una barranquera las instalaciones.

Lo que más recuerdo del compañero de mi cuento es la frecuencia con que recurría a la ya olvidada expresión "de coña macabea". Era tan incomprensible para mí como su prima hermana, la "coña marinera"; que no ha caído tan en desuso como la macabea, herida de muerte a finales de los 60, cuando la Iglesia romana suprimió del santoral a los Santos Mártires Macabeos, precisamente.

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El lío socialista, la maduración de Bañez, el baifo de Margallo, el laberinto griego, el liderazgo ‘barítimo’

Fátima Báñez. Ministra de Empleo y Seguridad Social

Yo no sé a ustedes, pero a mí me tienen hasta el gorro los follones de los socialistas. No tanto por ellos sino por lo que representan como alternativa light al PP. Preocupan de tanto que les atrae el abismo al que se aproximan cada vez con mayor temeridad.

No me interesan en principio las razones de Pedro Sánchez para defenestrar a Tomás Gómez. Dicen todos que no es por deshonestidad y se dan casos de doble militancia, como el de Antonio Carmona, candidato del PSOE a la alcaldía de Madrid, que aprecian tanto al uno como al otro. Tiene el corazón partío, pues. La bronca ha alcanzado niveles notables y se ha extendido a Canarias con el caso de Casimiro Curbelo en el que no entraré pues la pregunta no es por qué lo echan sino la razón de que lo hayan mantenido tanto tiempo. Una pregunta retórica ya que nadie ignora que se debió a su tirón electoral. Lo que, en principio, es legítimo si no fuera por lo mucho que tiene que ver con el clientelismo. Algo que no puede permitirse un partido que se proclama socialista para no verse en situaciones como la que atraviesa hoy y que invita a una nueva pregunta: ¿Habría actuado la dirección socialista contra Curbelo como lo ha hecho de no darse el actual estado de efervescencia social en que la irrupción de nuevas fuerzas le obliga a hacer ahora lo que tenía que haber hecho ya mucho antes?

El caso de Curbelo es distinto al de Gómez. Si contra aquel han jugado sus tribulaciones judiciales, contra éste deben haberlo hecho las encuestas ante las que comentó Rafael Simancas, ahora al frente de la gestora madrileña, que llevaba al PSOE al desastre. Pero aún siendo diferentes, los dos se encuadran en la misma chamolona, peligrosamente cerca de una convocatoria electoral.

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Crueldad política y lo que no Podemos, según Rajoy

Juan Carlos Monedero

"Mi esposa debe estar por encima de toda sospecha", comentó Julio César al divorciarse de Pompeya Sila, su segunda esposa. Pompeya había acogido en su residencia de la Vía Sacra la celebración de las fiestas de la Bona Dea, la diosa buena, que debió ser de cuidado pues provocó el escándalo motivo de la separación, cuenta Cicerón. El dicho ese de que "la mujer del César no solo debe ser honesta, sino parecerlo" es, pues, adaptación de aquel comentario a la práctica política actual que sugiere, no sé, algo parecido a que resulta más importante parecer honesto que serlo realmente. Y me apresuro, antes de que se me olvide, a hacer referencia a una amiga, defensora de la igualdad de sexos y que a medida que cumple años gana en ironía lo que pierde de indignación al preguntar "¿Y del César, qué?".

En la política española la corrupción dejó de ser comidilla de tertulia en los reservados de los restaurantes, con su pizca de admiración por la habilidad del corrupto, para pasar al primer plano de las preocupaciones de la gente que ha dejado de considerar los dineros públicos algo ajeno. Es tan apabullante el número de casos de corrupción y la evidencia de que prosperan a la sombra del poder, enquistados en las estructuras de los partidos, que se ha generalizado un auténtico estado de sospecha. La Prensa decimonónica hablaba con naturalidad del "poder y sus adherencias", de modo que podría decirse que PP y PSOE, los más afectados por feos asuntos debido a su alternancia en el machito, están en la línea de la tradición que ha dado lugar a la identificación Poder=corrupción. Tradición que, sin duda, llevó a cierto isleño socarrón a afirmar que nunca aceptaría dinero pero sí que lo pusieran donde lo "haiga".

A Podemos, aparte del cabreo generalizado por la situación social que, por lo visto, no computa en los términos de recuperación de que habla Rajoy, lo ha beneficiado la desconfianza en el poder monopolizado por el bipartidismo que PP y PSOE tratan de reconstruir, aunque Pedro Sánchez lo disimule. El ascenso meteórico de los de Iglesias refleja las ganas de que las cosas cambien. Las alusiones a la "casta" han sido tan eficaces como peregrinas las réplicas del PP para desvirtuarlas. Aducen los peperos que se ofende a sus miles de militantes, en especial a los centenares (o miles, no los he contado) que se parten el pecho a lo largo y ancho del país trabajando por sus convecinos, muchos sin cobrar un duro. Como si esa militancia de base, a la que pretenden los mandarines peperos poner por delante, no supiera que "casta" a que se refiere Podemos no son ellos sino los sujetos del mundo financiero y empresarial cogidos con las manos en la masa; como si ignorara el PP que la existencia en España de esa "casta" es una constante histórica desde don Pelayo a esta parte. Ni que fueran idiotas.

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"Contigo podemos" no es un bolero y Tsipras va pudiendo

Presentación de Contigo Podemos Gran Canaria.

Aunque lo parezca, está claro que nada tiene que ver con aquello tan bolérico tipo "contigo aprendí las cosas buenas de la vida", salvo en lo de tutear al respetable público; lo que es comprensible pues el "usteo" resta poesía, rebaja la intimidad de las tristes añoranzas por los amores perdidos y los lamentos sobrevenidos después de que el tercer o cuarto whisky haya esponjado el corazón del escuchante/a. Insisto también en que no es un bolero no vaya a ser que alguien recuerde el origen cubano de este género musical y me vea obligado a reconocer que sí, que lo es, pero de la Cuba anterior, muy anterior, a la de Fidel para alejar las sospechas de castrismo chavista o de chavismo castrista, que ya ni sé.

Como se estarán preguntando a qué viene el párrafo anterior, diréles que "Contigo Podemos" es el nombre de una de las candidaturas que se disputarán la dirección grancanaria del partido de Pablo Iglesias en las elecciones a celebrar del 9 al 13 de este mismo mes de febrero. Lo harán frente a la otra candidatura, la denominada "Claro que Podemos", que llega un punto más allá en su afirmación de que poderse, se puede. Pero me llamó la atención que, a pesar de pertenecer a una fuerza política más que emergida, a juzgar por la manifestación de Madrid, reproduzcan los de "Contigo" tics propios de la tan denostada vieja política sin caer en la cuenta de que el tic marca el instante previo al tac que señala el avance. O sea, que con el tic ahí te quedas mientras el tac sigue adelante para dar entrada al tic siguiente y enseguida a otro tac que vuelve a ser tic y así sucesivamente hasta que se acaba la cuerda. Y digo cuerda porque me refiero a los viejos relojes, que son los que "tictaquean" y permiten oír el paso del tiempo, no los silenciosos de hoy, que solo indican que se te hace tarde.

El tic de los "Contigo" debió trabarse en la repetitiva historia de los mogollones carnavaleros con los vecinos hasta los mismísimos del ruido, el vocerío, los excrementos y las inmundicias propias de las multitudes de educación cívica más que minoritaria. Parece lógico que se trate de pescar votos en un estanque alborotado por las influencias lunares tirando ya para la amanecida, pero está feo en este caso. No tanto por el hecho en sí sino porque, según ha revelado la propia candidatura, se ha dirigido a los vecinos protestones para que se dejen de boberías y retiren la denuncia: no solo adoptan la postura del alcalde Cardona, también en lance electoral, sino que dan la razón a los que han intentado "escrachar" a los doloridos; y a este periódico, que lamentó el otro día que no haya merecido iguales desvelos la Biblioteca de San Telmo, a pesar de ser candidatura de abundancias curriculares. Tic, pues. Pero un tic trabado en el intento de convencer a los vecinos de que el alcalde Cardona tiene razón al señalarlos con el dedo. Tic sin el tac de un análisis de situación beneficia, ya digo, al alcalde que oculta su prepotente negligencia señalando a los vecinos como únicos responsables del estropicio carnavalero; del que no llegará la sangre al río, presumo... En definitiva: "Contigo" respalda la prepotencia del PP que, en este caso, ha llevado a Cardona a pensar que le basta para tapar su mala gestión jugar con las personas; con las que no conciben, legítimamente, verse privados de su fiesta y con los derechos no menos legítimos de los vecinos al descanso. Dicho en otras palabras, que son las mismas: Cardona señaló a los vecinos a los que piden los de "Contigo" que retiren la denuncia. Los convierten así en chivos expiatorios cuando el verdadero chivo, en este caso "explicatorio", es el alcalde. Más que populismo veo en este asuntos populacherismo.

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Está bonito el PP para hablar de radicalismo

José María Aznar, expresidente del Gobierno

En el programa que Ana Pastor dedicó a Grecia en La Sexta, la periodista griega Dora Makri aclaró que en su país el término "radical" en política nada tiene que ver con las connotaciones abertzales y hasta de complicidad con el terrorismo que advierte el PP en Podemos. Lo comentó tras escuchar al pepero Rafael Hernando recordar, en el mismo programa, que el Syriza griego, ganador de las elecciones, se definía como eso, como "radical", lo que equivale, según Makri, a "innovador" y no a la imagen del incendiario enemigo de la democracia que proyecta el partido del Gobierno de Podemos, al que acusa de querer un régimen chavista, castrista, marxista leninista o afines por el simple placer de que la gente sufra.

Como ya no está uno para muchos trotes, busqué el remanso del DRAE que define el radicalismo como "doctrina que propugna la reforma total del orden político, científico, moral o religioso". También designa el mismo palabro al “modo extremado de tratar los asuntos". Lo que me obligó a buscar "extremado" que resulta equivaler a "exagerado o excesivo” y a lo que es "sumamente bueno o malo", como el colesterol, si bien lo más tranquilizador fue que "extremado" denominan los ganaderos "al tiempo en que están ocupados en hacer el queso". De lo que se desprenden una conclusión: si radicales son Podemos y Syriza por querer hacer un queso nuevo, no menos radicales son las reformas del PP que nada más llegar a La Moncloa se puso a la tarea de hacer más ricos a los ricos.

El PP no anda muy ducho en historia. Olvida que el término, "radicalismo" o sea, surgió de los movimientos liberales de los siglos XVIII y XIX alineados con la izquierda burguesa, que haberla, húbola. Creo que el término lo introdujo Charles J. Fox, diputado de la Cámara de los Comunes, antiesclavista, partidario de la Revolución Francesa y la independencia de Estados Unidos, que no eran entonces malos quesos. En España, el Partido Radical surgió por los días de la Revolución de 1868; cuajó, no se olviden del queso, en el clima político que llevó al asesinato de Prim, del que Galdós sabía más de lo que contó; se escindió luego en dos alas y entró en descomposición con la Restauración borbónica.

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Secuelas de Repsol y otras historias peperas

Soria aconseja al PSOE que preste atención a Grecia: "Si tiene la tentación de jugar a ser Podemos, gana Podemos"

Hace dos o tres semanas, Ana Pastor entrevistó, en La Sexta, a José Manuel Soria. Mientras lo escuchaba me vino a la memoria cierto viejo profesor y su insistencia en la imposibilidad de que alguien pueda explicar a otro aquello de lo que poco o nada sabe. Ya ni sé de que habló el muy ministro que fue incapaz de iluminar el arcano del recibo de la luz, a pesar de ser el custodio de los voltios y vatios patrios.

Ahora acabamos de verlo con las orejas gachas, sin mengua de su altanería, lamentar que Repsol no encontrara el petróleo que iba a hacernos ricos y poco le faltó a la coral pepera para culpar a Paulino Rivero del fiasco. Mientras, el magistrado de Lo Contencioso del TSJC, Helmut Moya, barrunta que los empecinados perforadores dieron con un gran yacimiento de petróleo pero han hecho como que no. Como les supongo enterados de las razones de Moya aventuraré de mi cosecha la posibilidad de que Repsol decidiera esperar un tiempito a que bajemos la guardia para hidrocarburarnos de mala manera en cuanto vuelvan a subir los precios del crudo. Pero mejor lo dejo estar para centrarme en la fijación de Soria con Paulino Rivero; en ese afán de machacarlo por tierra, mar y aire y hasta desde el subsuelo, Clavijo mediante.

Es verdad que algo de oportunismo hay en la oposición del cuasi ex presidente a los sondeos. A mi entender, Paulino se puso flamenco arrastrado por el estado de opinión canario en contra de las prospecciones y la innata querencia a incordiar de los nacionalistas que se precien. Como no hay manera de saber lo que hay o no hay detrás de la decisión de Repsol de coger puerta, no sé si considerarla reculada de carnero o si se fue con el rabo entre patas. Lo que me obliga a tirar del recordatorio de una serie de noticias significativas que tampoco aclaran gran cosa pero entretienen. Y empiezo por las declaraciones de Antonio Brufau, presidente de Repsol, sobre el escaso interés de su compañía en Canarias a la que, pobrecita mía, presionó el regulador para que sondeara al modo. El regulador no es otro, ya saben, que el Ministerio de Industria, o sea, Soria. Lo que me lleva a aquellas series en blanco y negro de la TVE preindustrial, que nos llegaban versionadas creo que en Puerto Rico. En ellas aparecían los cadáveres en la regadera, vulgo ducha, o en la ‘cajuela’ de los coches y reguladores eran los esforzados rangers de Texas, dicho sea más con ánimo de ilustrar que de faltarle a nadie.

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2015: un año que será entretenido

Mahoma aparece llorando en la portada del nuevo "Charlie Hebdo"

La conmoción por los asesinatos en la sede del semanario satírico Charlie Hebdo echó a la calle a millones de franceses en una serie de manifestaciones, entre las que destaca la impresionante de París, encabezada por primeros mandatarios y líderes de diversos países, mientras se multiplicaban las muestras de luto en infinidad de ciudades europeas. Ni que decir tiene que era obligado hacer visible la condena del terrorismo yihadista, no solo por la necesidad de plantarle cara sino también para marcar distancia respecto a los grupos de la extrema derecha que abominan del Islam, como si la violencia criminal fuera consustancial a su religión. Estos grupos, hoy como ayer, enseñan cada vez más las orejas y han obligado a la canciller Angela Merkel a salir a la palestra para proclamar que los musulmanes que viven y trabajan en su país también son alemanes.

También el presidente de Turquía, el islamista Recep Erdogan, se ha posicionado críticamente. Recuerda que él, como musulmán, ha condenado siempre el terrorismo islámico, pero no puede pasar por alto que los gobernantes y líderes occidentales poco hacen para contener la islamofobia. Afirma Erdogan que no han pestañeado ante las masacres de Siria, con más de 200.000 personas asesinadas, y dejan que Turquía, Jordania y el Líbano se hagan cargo en solitario de la mayoría de los refugiados fugitivos, a los que parecen ignorar. Esa actitud indiferente la considera reflejo islamofóbico, racista y hasta hipócrita pues no entiende la presencia en la manifestación parisina del primer ministro israelí, Benjamin Netanhayu, responsable de la muerte de miles de personas en Gaza a manos del terrorismo de Estado. Para el presidente turco, en fin, es incomprensible que siendo Francia uno de los principales objetivos del terrorismo yihadista, sus servicios de inteligencia no previeran los ataques y que quienes atentaron contra la revista (ciudadanos franceses, subrayó) pasaran meses en prisión sin que a su salida se les vigilara debidamente. Por su parte, el alcalde de Ankara, Melih Gökçek, abundó en el discurso de Erdogan al señalar que durante los últimos días se han producido cerca de cincuenta ataques a mezquitas sin que se les prestara, informó en El País Andrés Mourenza desde Estambul. Habría que mencionar en esta misma línea al presidente de Nigeria, el musulmán Goodluck Jonathan, que tras condenar el atentado de París, lamentó el olvido de los crímenes del Boko Haram nigeriano que ha matado ya a miles de personas y utiliza en sus atentados niñas cargadas de explosivos. Aunque nada tenga que ver con el terrorismo, no ilustra menos esta actitud del primer mundo el que no se interesara por el ébola hasta que lo tuvo dentro de sus fronteras y no mientras parecía que era un problema exclusivo de África.

El leiv motiv, de alguna forma hay que llamarlo, de las manifestaciones fue la reivindicación de la libertad de expresión frente al terrorismo yihadista ya considerado como la mayor amenaza para la seguridad y el modo de vida occidental. Se olvida o no se comprende que en el mundo árabe son también muchos los que juzgan que la mayor amenaza para su seguridad y modo de vida emana precisamente de Occidente. Ante la evidencia de que los yihadistas no van a cejar en sus acciones, creo que además de las medidas para contenerlos y derrotarlos (legislativas, judiciales, policiales, de mejora de los mecanismos de integración de unos inmigrantes que aportan lo suyo al progreso económico de los países de acogida, etcétera) es preciso un cambio de la política hacia los países árabes. En su día, José María Aznar nos ofreció una clase de Historia, no sé si made in FAES, al afirmar que mueve el odio de los musulmanes a España la derrota que les infligieron las armas cristianas. Una visión histórica que resulta ser una laguna en su doctorado de líder del mundo mundial que recibiera de la mano de Bush en las Azores; en el caso, claro, de que sea cierto que cuando los estadounidenses dice que algo “es histórico” quieren decir que es irrelevante, asegura el comentarista político George Will.

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