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Secuelas de Repsol y otras historias peperas

Soria aconseja al PSOE que preste atención a Grecia: "Si tiene la tentación de jugar a ser Podemos, gana Podemos"

Hace dos o tres semanas, Ana Pastor entrevistó, en La Sexta, a José Manuel Soria. Mientras lo escuchaba me vino a la memoria cierto viejo profesor y su insistencia en la imposibilidad de que alguien pueda explicar a otro aquello de lo que poco o nada sabe. Ya ni sé de que habló el muy ministro que fue incapaz de iluminar el arcano del recibo de la luz, a pesar de ser el custodio de los voltios y vatios patrios.

Ahora acabamos de verlo con las orejas gachas, sin mengua de su altanería, lamentar que Repsol no encontrara el petróleo que iba a hacernos ricos y poco le faltó a la coral pepera para culpar a Paulino Rivero del fiasco. Mientras, el magistrado de Lo Contencioso del TSJC, Helmut Moya, barrunta que los empecinados perforadores dieron con un gran yacimiento de petróleo pero han hecho como que no. Como les supongo enterados de las razones de Moya aventuraré de mi cosecha la posibilidad de que Repsol decidiera esperar un tiempito a que bajemos la guardia para hidrocarburarnos de mala manera en cuanto vuelvan a subir los precios del crudo. Pero mejor lo dejo estar para centrarme en la fijación de Soria con Paulino Rivero; en ese afán de machacarlo por tierra, mar y aire y hasta desde el subsuelo, Clavijo mediante.

Es verdad que algo de oportunismo hay en la oposición del cuasi ex presidente a los sondeos. A mi entender, Paulino se puso flamenco arrastrado por el estado de opinión canario en contra de las prospecciones y la innata querencia a incordiar de los nacionalistas que se precien. Como no hay manera de saber lo que hay o no hay detrás de la decisión de Repsol de coger puerta, no sé si considerarla reculada de carnero o si se fue con el rabo entre patas. Lo que me obliga a tirar del recordatorio de una serie de noticias significativas que tampoco aclaran gran cosa pero entretienen. Y empiezo por las declaraciones de Antonio Brufau, presidente de Repsol, sobre el escaso interés de su compañía en Canarias a la que, pobrecita mía, presionó el regulador para que sondeara al modo. El regulador no es otro, ya saben, que el Ministerio de Industria, o sea, Soria. Lo que me lleva a aquellas series en blanco y negro de la TVE preindustrial, que nos llegaban versionadas creo que en Puerto Rico. En ellas aparecían los cadáveres en la regadera, vulgo ducha, o en la ‘cajuela’ de los coches y reguladores eran los esforzados rangers de Texas, dicho sea más con ánimo de ilustrar que de faltarle a nadie.

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2015: un año que será entretenido

Mahoma aparece llorando en la portada del nuevo "Charlie Hebdo"

La conmoción por los asesinatos en la sede del semanario satírico Charlie Hebdo echó a la calle a millones de franceses en una serie de manifestaciones, entre las que destaca la impresionante de París, encabezada por primeros mandatarios y líderes de diversos países, mientras se multiplicaban las muestras de luto en infinidad de ciudades europeas. Ni que decir tiene que era obligado hacer visible la condena del terrorismo yihadista, no solo por la necesidad de plantarle cara sino también para marcar distancia respecto a los grupos de la extrema derecha que abominan del Islam, como si la violencia criminal fuera consustancial a su religión. Estos grupos, hoy como ayer, enseñan cada vez más las orejas y han obligado a la canciller Angela Merkel a salir a la palestra para proclamar que los musulmanes que viven y trabajan en su país también son alemanes.

También el presidente de Turquía, el islamista Recep Erdogan, se ha posicionado críticamente. Recuerda que él, como musulmán, ha condenado siempre el terrorismo islámico, pero no puede pasar por alto que los gobernantes y líderes occidentales poco hacen para contener la islamofobia. Afirma Erdogan que no han pestañeado ante las masacres de Siria, con más de 200.000 personas asesinadas, y dejan que Turquía, Jordania y el Líbano se hagan cargo en solitario de la mayoría de los refugiados fugitivos, a los que parecen ignorar. Esa actitud indiferente la considera reflejo islamofóbico, racista y hasta hipócrita pues no entiende la presencia en la manifestación parisina del primer ministro israelí, Benjamin Netanhayu, responsable de la muerte de miles de personas en Gaza a manos del terrorismo de Estado. Para el presidente turco, en fin, es incomprensible que siendo Francia uno de los principales objetivos del terrorismo yihadista, sus servicios de inteligencia no previeran los ataques y que quienes atentaron contra la revista (ciudadanos franceses, subrayó) pasaran meses en prisión sin que a su salida se les vigilara debidamente. Por su parte, el alcalde de Ankara, Melih Gökçek, abundó en el discurso de Erdogan al señalar que durante los últimos días se han producido cerca de cincuenta ataques a mezquitas sin que se les prestara, informó en El País Andrés Mourenza desde Estambul. Habría que mencionar en esta misma línea al presidente de Nigeria, el musulmán Goodluck Jonathan, que tras condenar el atentado de París, lamentó el olvido de los crímenes del Boko Haram nigeriano que ha matado ya a miles de personas y utiliza en sus atentados niñas cargadas de explosivos. Aunque nada tenga que ver con el terrorismo, no ilustra menos esta actitud del primer mundo el que no se interesara por el ébola hasta que lo tuvo dentro de sus fronteras y no mientras parecía que era un problema exclusivo de África.

El leiv motiv, de alguna forma hay que llamarlo, de las manifestaciones fue la reivindicación de la libertad de expresión frente al terrorismo yihadista ya considerado como la mayor amenaza para la seguridad y el modo de vida occidental. Se olvida o no se comprende que en el mundo árabe son también muchos los que juzgan que la mayor amenaza para su seguridad y modo de vida emana precisamente de Occidente. Ante la evidencia de que los yihadistas no van a cejar en sus acciones, creo que además de las medidas para contenerlos y derrotarlos (legislativas, judiciales, policiales, de mejora de los mecanismos de integración de unos inmigrantes que aportan lo suyo al progreso económico de los países de acogida, etcétera) es preciso un cambio de la política hacia los países árabes. En su día, José María Aznar nos ofreció una clase de Historia, no sé si made in FAES, al afirmar que mueve el odio de los musulmanes a España la derrota que les infligieron las armas cristianas. Una visión histórica que resulta ser una laguna en su doctorado de líder del mundo mundial que recibiera de la mano de Bush en las Azores; en el caso, claro, de que sea cierto que cuando los estadounidenses dice que algo “es histórico” quieren decir que es irrelevante, asegura el comentarista político George Will.

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Charlie Hebdo, Syriza, Soria/Clavijo y Fernando Ríos, que no son poco

Los griegos, entre las ansias de cambio y el temor a los experimentos

Charlie Hebdo es una revista satírica inscrita en las tradiciones libertarias del republicanismo francés, nada complaciente con la derecha y que no ahorra críticas a la izquierda esté o no esté en el poder. Sus redactores y colaboradores son ideológicamente variopintos, de la socialdemocracia para allá con los correspondientes desacuerdos, como debe ser, y hay que relacionarla en sus orígenes con la ajetreada década de los 60 del siglo pasado. Nació en 1960 como mensuario y después de no pocas vicisitudes, entre las que figuraron prohibiciones, adoptó en 1992 su actual nombre en el que "Charlie" es referencia a Charlie Brown y el apellido "Hebdo" que se deberá, imagino, a su condición hebdomadaria, es decir, semanal.

La revista tira unos 40.000 ejemplares y fue conocida fuera de Francia en 2006, cuando reprodujo las caricaturas de Mahoma aparecidas en el periódico danés Jyllands-Posten. En 2011 sufríó un ataque con cócteles Molotov a raíz de un número dedicado a la victoria islamista en las elecciones tunecinas. En 2013 publicó La vida de Mahoma y ahora, la mañana del miércoles 7 de enero pasado, tres encapuchados, vestidos de negro y armados con fusiles Kalashnikov, irrumpieron en su sede de la rue Appert, donde asesinaron a doce personas e hirieron a otras tantas, varias de gravedad.

No es preciso cargar las tintas contra tan bárbaro crimen aunque sí parece procedente dudar de que haya sido obra de unos locos fanáticos y no producto de un propósito tan deliberado como el de los países occidentales cuando se lanzan, por ejemplo, al ataque de Irak. Bien conocidas son hoy las mentiras (armas de destrucción masiva, etcétera) con que se justificó aquella agresión y cómo se está demostrando la tesis de que el terrorismo es, entre otras cosas, el recurso que le queda a los pueblos que no disponen de un Estado capaz de levantar, organizar y mantener un ejército con que combatir a sus enemigos. De ahí que necesite el terrorismo planear golpes de gran efecto que hagan el mayor daño y espanto posible. La cantidad de víctimas inocentes en atentados etarras como el del Hipercor o los islámicos de las Twin Towers neoyorquinas, el de Londres o el de Atocha, en Madrid, buscan provocar ese efecto, lo más devastador posible, visto que no se les ponen a tiro los poderosos que ordenan las guerras, siempre a buen recaudo. Por supuesto que hay fanáticos entre quienes perpetran estos actos criminales, pero no es menos seguro que quienes los planifican y ordenan utilizan con perversa racionalidad ese fanatismo.

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La ‘muerte’ natural de Torres-Dulce

Francisco Camps y Mariano Rajoy, en la plaza de toros de Valencia. / AP / Gtresonline

En cierta chistografía figura el del forense que certifica la muerte natural de un hombre con un tremendo cuchillo de matarife clavado en el corazón: era natural, comprenderán, que estuviera muerto.

El chistecito fue lo primero que se me vino a la cabeza al enterarme del cese/dimisión de Eduardo Torres-Dulce en la Fiscalía General del Estado. Quizá fuera porque, en verdad, todo el mundo la esperaba y debe considerarse natural que un Gobierno, de la catadura del pepero, lo pusiera en la puerta de la calle por lo derecho o lo indujera a coger puerta creándole una situación insostenible. Resulta curioso que Torres-Dulce, que muchos consideraban fiel servidor del Gobierno, acabara así por una serie de desacuerdos que él mismo llamó "los tiempos de la Justicia", que no coinciden con las urgencias del Ejecutivo y su partido para alejar y echarle tierra a sus feos asuntos; unas veces por conveniencias electoreras, otras para fortalecer a los amigos encausados y en todas para ciscarse de la gente.

No voy a aburrirles repitiendo eso tan sobado de que no debería ser el Gobierno quien nombre al Fiscal General; ni que sean las cuotas parlamentarias las que determinen la composición de los altos tribunales y de los órganos rectores de los jueces. Aunque fueran los socialistas, creo que Alfonso Guerra, si mal no recuerdo, quien anunció la muerte de Montesquieu, es decir, la sumisión a las conveniencias del Ejecutivo de los Poderes Legislativo y Judicial. Eso permite a un Gobierno, como el que nos ocupa ahora mismo, torpe y falto de escrúpulos democráticos, librar batallas políticas en los tribunales y utilizar su mayoría parlamentaria para legislar mediante decreto-ley para imponer "reformas" como las que padecemos y dejar medio zumbadas a las clases medias y a las populares en la miseria. Las cosas han llegado al extremo de que no son pocas las ocasiones en que el Gobierno ha sacado adelante iniciativas legislativas con su mayoría y el voto negativo de la oposición en peso. Una serie de leyes para las que el PSOE, por ejemplo, anunció su derogación en cuanto llegue a La Moncloa; si llega, claro. Una de esas leyes es la de Educación, la de Wert; o la de Seguridad Ciudadana, que dejó en amable anécdota la "patada en la puerta" del socialista Corcuera o corcuese. Esto de medio cambiar de régimen en cada legislatura para seguir igual de mal ya cansa. El tosco talante del ministro de Interior, Fernández Díaz, se puso de manifiesto al replicar a los críticos de su política de inmigración que está dispuesto a enviarles los inmigrantes para que sean ellos quienes los atiendan. Su actitud dejó claro el escaso peso del Gobierno pepero en el marco de la UE que ni siquiera agradece a España, panda de ingratos, que con su espectacular recuperación económica y dos piedras sea ahora la que tira del carro del continente y alrededores. Son ellos quienes viven ahora por encima de sus posibilidades gracias a que nos estamos quedando nosotros sin posibilidades de vivir. "Todo por la Patria".

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Cuba y Estados Unidos aflojan un punto

Raúl Castro, presidente de Cuba. Foto: EFE

Ya cerradas estas notas, supe de las comparecencias de Obama y Raúl Castro para anunciar a sus respectivos pueblos y al mundo el deshielo de sus relaciones. Algo deseado largamente por los cubanos y querido no menos por sectores de opinión estadounidenses, en los que figuran empresarios temerosos de quedar descolgados de futuros negocios en la isla caribeña de mantenerse semejante anacronismo. Ambos dirigentes cedieron al pragmatismo; Obama insistiendo en que el bloqueo no había favorecido los intereses americanos, mientras Castro, con mayor carga ideológica, aludía a la necesidad de una coexistencia civilizada por encima de las diferencias, beneficiosa para los dos pueblos. Como telón de fondo, los cambios en la política latinoamericana de Washington ante la aparición de dirigentes latinoamericanos que no aceptan la vieja política imperial y veían la necesidad de la plena integración de Cuba en su grupo de naciones. Desde hace tiempo se plantea de fijo, como cuestión previa a las reuniones internacionales del continente, la participación de Cuba convertida, ideologías aparte, en referente del rechazo a las injerencias abusivas de los intereses estadounidenses, patrocinadores sin escrúpulos de golpes de Estado y de feroces dictaduras sangrientas. Alguien con mayor conocimiento sabrá analizar estos procesos, las expectativas que abren y las dificultades que podrían hacerlos fracasar. Tampoco faltarán quienes se ocupen de en cuanta medida ha podido ser determinante el creciente peso de la comunidad latinoamericana residente y de sus votos en la política interior de Estados Unidos.

Había no pocos indicios de que algo iba a ocurrir pero no de que las negociaciones estaban en marcha. En ellas ha jugado de eficaz mediador Canadá, lo que no resulta novedoso pues siempre mantuvo relaciones y presencia económica y de colaboración con la isla. Lo del Papa sí ha sido una sorpresa, aunque, bien mirado, debimos haberlo supuesto; por el talante de su pontificado y porque no se es argentino en vano. Tanto Obama como Raúl Castro aludieron a su intervención como muy positiva.

Llama la atención, por más que tampoco sorprende, la ausencia de España en la rueda de presentes. No parece haber jugado el papel que debiera corresponderle por razones históricas y de cercanía digamos espiritual, algo que se entiende perfectamente en Canarias. No tengo datos para afirmar o negar nada, pero no me dio otra impresión la comparecencia de García-Margallo, ministro de Exteriores, en la breve rueda de Prensa improvisada al conocerse la noticia. Se le preguntó por la participación de España y el hombre, casi diría que desconcertado por el pistoletazo, se agarró a la discreción diplomática para no decir que sí ni que no sino si quieres que te cuente el cuento del gallo Morón. Me dio la malévola impresión de que cayó en la cuenta de que habían dejado fuera a España en el momento de la pregunta.

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País, paisaje y paisanaje

El equipo de Iglesias busca apuntalar su liderazgo en las grandes capitales

El que Podemos no haya sufrido aún la prueba del nueve, la de gestionar parcelas de poder real, no ha impedido que le lluevan las críticas como si llevara ni se sabe cuanto tiempo gobernando algo. En proporción le dan más caña que al penoso Ejecutivo de Rajoy o al PSOE, por citar solo a los dos partidos que se han turnado en La Moncloa tras la extinción de UCD.

Las críticas recorren todos los registros. Las hay bien fundadas que señalan sus puntos flacos. Otras ponen el acento en la imposibilidad de sacar adelante sus propuestas, olvidando que son muchas las cosas consideradas imposibles hasta que llegó uno que no lo sabía y las hizo. Después está el pelotón de los que insultan y descalifican y que, como ya no se lleva el oro de Moscú, hablan de importaciones chavistas o castristas, de añoranzas del comunismo soviético y hasta de concomitancias con el régimen iraní que, por no se sabe qué razones, financia la invención. Algunos llegan a asegurar que el objetivo de Iglesias y los suyos es imponer la intolerancia de una criminal dictadura sangrienta. No han faltado, en fin, quienes hacen de Podemos una dependencia de ETA: por lo visto es sospechoso que un politólogo profesional se interese por el trasfondo político y sociológico de una organización terrorista que ha contado con apoyos significativos en la sociedad vasca. ETA, da vergüenza recordarlo, no surgió de ningún determinismo genético y este tipo de indagaciones no equivale a justificar sus crímenes; ni implica, si eso es lo que temen, inculpar a los sectores católicos y a las parroquias que estuvieron en sus inicios; o a los gobiernos, todos, que negociaron con el "Movimiento de Liberación Vasco", como calificó a ETA nada menos que Aznar; o abundar en la infamia de atribuir la derrota del PP en 2004 al apaño de Zapatero con los terroristas que tuvo el terrible atentado de Atocha como fin de fiesta.   

Las críticas de los dos primeros grupos podrán ser más o menos duras y mejor o peor fundadas, pero resultan razonables y en muchas se advierte el deseo de explicar el fenómeno. Las lamentables son las del pelotón maldiciente. Les asiste también, desde luego, el derecho a hacerlas; el mismo que tenemos los demás a advertir en su empeño el intento, nada solapado, de perpetuar el actual estado de cosas. No hace falta repetir el discurso contra la corrupción, el paro, la destrucción del estado de bienestar, la pérdida de derechos ciudadanos, etcétera porque bien sabemos lo que hay. Son gentes que dicen  deplorar por ejemplo la corrupción al no poder negarla, pero sin pararse en sus causas (corrupción hay en todas partes, dicen) con un soterrado llamamiento a la resignación ciudadana porque, ya saben, más vale malo conocido que bueno por conocer.   

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La pobrea de Dios: el tiempo pasado que no acaba de pasar

Un hombre porta una bandera independentista catalana

Cuando terminé el bachillerato, sospechaba yo que debía desconfiar de casi todo lo aprendido, arrimando las leyes de la Física, las tablas de multiplicar y alguna otra cosilla, que diría Rajoy. Me desconcertaba que llamaran "babiecas" a los bobones de baba desmereciendo al caballo del Cid de una de cuyas patas, según los genealogistas de garrafón, descendían los casacones veguetudos que dirigían los tronos de Semana Santa porque quien paga las flores, manda. Me llamaba la atención, en fin, lo desangelada que venía la Magdalena, Obispo Codina abajo, sin señoras con rosario alrededor. Para mí que barruntaba ya el Código da Vinci de un Dan Brown todavía no nacido.

Había superado de sobra, por entonces, mi primera conmoción vital al saber quienes eran los Reyes Magos y pisaba el umbral de la segunda, la que me dejaría tocado de por vida a manos de la Historia del Derecho Español, del maestro García Gallo.  A fuerza de oír en el colegio lo de España Una, Grande y Libre gracias al denuedo de los Reyes Católicos, no comprendía bien la selvatización de tantas legislaciones como reinos ibéricos hubo que desplegaba en sus libros don Alfonso. Aunque algo intuía al no cuadrarme tanta unidad de destino de las Españas con el peregrinar de todo un Carlos I de España y V de Alemania, nada menos, por los parlamentos regionales para conseguir los ducados con que darle duro a los franceses, meter en cintura a los malamañados príncipes alemanes propensos a la herejía y otros excesos y pagarle a Andrea Doria sus galeras y servicios que mantenían a  raya al turco. Así tuvo el hombre que endrogarse hasta las cejas con los banqueros, los Fúcares alemanes a la cabeza, abocando a su hijo Felipe a decretar la primera suspensión de asientos, vulgo pagos, de la Cristiandad. Luego dirán que lo de Podemos con la deuda es de extrema izquierda, angelitos.  

Entre una cosa y la otra, entreveradas de libros de Ruedo Ibérico y de otras editoriales pecaminosas ratoneados en los sótanos de la antigua librería Selecciones, frente a la Plazuela de las Ranas, supe que el sistema federal iba más allá de la federación de fútbol; que Pi y Margall no era solo una calle y que los cantonalistas se pasaron de pesados con la I República. Alguien me sopló lo de la estructura federal de España pero ocurría que ni en la clandestinidad se hablaba de federalismo; si hago excepción de los catalanes, que ya saben como son cuando se les mete algo en la cabeza.

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O alguien se independiza o van a volvernos locos

Manifestación independentista en Cataluña

El otro día Paulino Rivero reunió a unos 200 cargos y representantes institucionales para firmar un manifiesto contra las prospecciones petrolíferas en un acto que Asier Antona, obediente mandamás soriano, calificó de "payasada". A estas alturas está uno tan harto de la falta de respeto de la derechona a quienes se le oponen que paso por alto semejante malcriadez. Aunque nos inquiete a los abuelos haber compartido con nuestros nietos actuaciones de payasos en sus cumpleaños sin advertirles de que asistían a un acto político, angelitos.    

A la ocurrencia de Antona se añaden otras por el estilo. La ya ineféibol delegada Hernández Bento, que lo es del Gobierno, descalificó el acto porque el total de cargos públicos en Canarias es de 1.700 frente a los 200 firmantes. Aplicó, pues, las tesis rajoyanas de las mayorías silenciosas de las que resulta que en España no hay afición al fútbol porque 40 millones de ciudadanos, por lo menos, no acuden a los estadios. Y en cuanto a la diputada Australia Navarro, ya la escucharon solicitar la inhabilitación de Rivero por actuaciones que, según ella, "bordean y violentan" la legalidad, además de invadir (¿o piratear?) competencias del Estado. O sea, que violenta la legalidad e invade el ámbito de competencias quien sostiene opiniones contrarias a las del Gobierno central, trata de defenderlas con los medios de que disponga y pide permiso para organizar un referéndum que determine hasta qué punto el ciudadanaje aprueba o desaprueba las prospecciones. Yo llamaría a eso juego democrático pero lo cierto es que del bolichazo niega Navarro no ya el derecho a opinar sino el de mera petición. Debía estar Navarro en Australia cuando su señorito Soria promovió el primer recurso contra las prospecciones. ¿Violentó él también la ley? Se está buscando la ruina.    

Y ya que menciono a Soria, le oirían proclamar el desmoronamiento de la oposición una vez iniciados los sondeos. Lo que corrobora Hernández Bento al hacer notar que los canarios han acogido con absoluta tranquilidad el inicio de los trabajos, señal inequívoca de que las protestas son cosa de los "eternos descontentos", como decía Aquel que habitó entre nosotros y ahí sigue reencarnado. Olvidan que, al negarle a los canarios la oportunidad de manifestar su opinión, tampoco tienen los peperos manera de demostrar que  la mayoría de la población está con ellos. Con lo que nos han dejado a merced de las encuestas; al menos mientras no encuentre el Gobierno la manera de prohibirlas.

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Los conejos contra las escopetas

Incidente de la Armada con Greenpeace.

El Gobierno pepero ha vuelto a lucirse con las embestidas de la Armada contra las zodiacs de Greenpeace; en defensa, ya saben, de los intereses españoles al frustrar un abordaje (pirata, nada menos) al barco perforador de Repsol. Los conejos contra las escopetas, en versión conjunta del ministro de Defensa; de la Hernández Bento, delegada gubernamental en Canarias; del Hernández Bento, hermano de la anterior y subsecretario de Industria; del inevitéibol Soria que no se calla ni debajo del agua y con demora del palmero Asier Antona. Todo ello en medio de zodiacs con propulsión de agua a las que por exigencias del guión les salen hélices, una “pirata” gravemente herida en una pierna de acuerdo con la tradición, rescatada del mar por las fuerzas del Bien y la maldita grabación que ha dado la vuelta al mundo dejando claro que estamos en un país del que hay que salir corriendo.

En aras de la brevedad y para no caer en fáciles sarcasmos, me referiré aquí solo a los intereses nacionales en juego y a la apelación al imperio de la ley, la que respetan según convenga. Estuvo fino Tristán Pimienta al recordar, en La Provincia, que el interés nacional y la seguridad están hoy del lado de no boicotear desde el Gobierno las alternativas energéticas limpias que reduzcan la dependencia de fuentes inseguras, como el petróleo, para satisfacer la avaricia de las compañías del ramo y sus puertas giratorias.

Comenzaré subrayando que no es casual que en España las leyes favorezcan a estas compañías. Tampoco que esa percepción social de la realidad legislativa sea una de las causas profundas de la actual crisis institucional que en el caso canario adquiere tonalidades colonialistas que dan que pensar. Cada vez se siente más en vivo que, aunque las leyes emanen de las señorías parlamentarias salidas de las urnas, el diseño es de los grandes lobbies empresariales, sobre todo si son tan poderosos como los del sector energético que nos pone en chino antiguo hasta el recibo de la luz. El espectáculo de diputados y senadores votando según les indique la mano del cabeza de grupo está ahí y es legítimo sospechar que muchas señorías votan sin saber de qué va la cosa para seguir en el escaño un tiempito más. Que el PP recurra al Decreto Ley con tanta frecuencia indica un modo de entender la mayoría absoluta que, si bien lo retrotrae a sus antecedentes franquistas, que haberlos, háylos, también pudiera deberse, para los más optimistas, a la mella que ha hecho en las señoras y señores diputados el rechazo de la calle (el “no nos representan” de los “asaltantes” al Congreso, primos hermanos de los “piratas” ecológicos) reflejo del hastío del país que figura en el punto de partida del fenómeno Podemos.

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Rajoy y Mas, amortizados

Artur Mas dice que el derecho a decidir "no tiene nada que ver con el nacionalismo"

La mutua desconfianza y deslealtad de Mariano Rajoy y Artur Mas los asemeja a personajes de tragedia griega arrastrados hacia su inevitable destino por la incapacidad de ambos dos para cambiar el chip. Esto implicaría que la parte "españolista" admita que Cataluña es la nación que realmente es y que los catalanes reconocieran, a su vez, lo que algunos han apuntado ya: España es también, para millones de ciudadanos, una vieja nación, no un simple Estado impuesto por la fuerza a pueblos a los que oprime para explotarlos mejor, que diría el lobo de Caperucita. A partir de ahí, sería posible llegar a la Constitución de corte plurinacional e integrador que necesitamos desde hace demasiado tiempo en aplicación del principio de cada uno en su casa y Dios en la de todos. Sería posible, digo, pero poco probable, lo que hace que la cuestión catalana nos deje la sensación de que comienza a pasárseles el arroz y que tanto Rajoy como Mas están amortizados de cara a la definitiva modernización de España y su encaje en la futura Europa. 

Al presidente español le pesan demasiado los cálculos electorales, el temor a perder los votos de los inasequibles al desaliento que mantienen las concepciones más integristas de la unidad de España, coño. Lo que explicaría, a mi entender, que el problema catalán se saque del ámbito político para judicializarlo. Me pregunto qué sentido tiene la exigencia de que se atenga estrictamente al marco legal preestablecido un independentismo que en su expresión menos radical reclama, como mínimo, otro diferente. La negociación política implica mutuas concesiones y si una de las partes o las dos no ceden, no hay nada que hacer.

Para el PP la intransigencia es su principal activo. Fue la que dio lugar a la sentencia de 2010 y llevó al partido a promover aquella recogida de cuatro millones de firmas por toda España para que el referéndum sobre el Estatut se hiciera extensivo a todo el Estado; por no hablar de la campaña catalanofóbica dirigida, como todas sus acciones durante aquel periodo, a despertar los viejos demonios que les proporcionaran votos para tumbar a Zapatero. Esa política de vía estrecha condujo a Rajoy a un callejón de tan difícil salida que trata de colgarle el muerto a la Justicia para que solucione la papeleta. Cargado con la responsabilidad de gobernar el país, cualquier gesto de mínima prudencia, el mero diálogo por ejemplo, se interpretaría necesariamente como debilidad e incluso traición a las esencias removidas y se parapeta en los tribunales.  

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