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La ‘muerte’ natural de Torres-Dulce

Francisco Camps y Mariano Rajoy, en la plaza de toros de Valencia. / AP / Gtresonline

En cierta chistografía figura el del forense que certifica la muerte natural de un hombre con un tremendo cuchillo de matarife clavado en el corazón: era natural, comprenderán, que estuviera muerto.

El chistecito fue lo primero que se me vino a la cabeza al enterarme del cese/dimisión de Eduardo Torres-Dulce en la Fiscalía General del Estado. Quizá fuera porque, en verdad, todo el mundo la esperaba y debe considerarse natural que un Gobierno, de la catadura del pepero, lo pusiera en la puerta de la calle por lo derecho o lo indujera a coger puerta creándole una situación insostenible. Resulta curioso que Torres-Dulce, que muchos consideraban fiel servidor del Gobierno, acabara así por una serie de desacuerdos que él mismo llamó "los tiempos de la Justicia", que no coinciden con las urgencias del Ejecutivo y su partido para alejar y echarle tierra a sus feos asuntos; unas veces por conveniencias electoreras, otras para fortalecer a los amigos encausados y en todas para ciscarse de la gente.

No voy a aburrirles repitiendo eso tan sobado de que no debería ser el Gobierno quien nombre al Fiscal General; ni que sean las cuotas parlamentarias las que determinen la composición de los altos tribunales y de los órganos rectores de los jueces. Aunque fueran los socialistas, creo que Alfonso Guerra, si mal no recuerdo, quien anunció la muerte de Montesquieu, es decir, la sumisión a las conveniencias del Ejecutivo de los Poderes Legislativo y Judicial. Eso permite a un Gobierno, como el que nos ocupa ahora mismo, torpe y falto de escrúpulos democráticos, librar batallas políticas en los tribunales y utilizar su mayoría parlamentaria para legislar mediante decreto-ley para imponer "reformas" como las que padecemos y dejar medio zumbadas a las clases medias y a las populares en la miseria. Las cosas han llegado al extremo de que no son pocas las ocasiones en que el Gobierno ha sacado adelante iniciativas legislativas con su mayoría y el voto negativo de la oposición en peso. Una serie de leyes para las que el PSOE, por ejemplo, anunció su derogación en cuanto llegue a La Moncloa; si llega, claro. Una de esas leyes es la de Educación, la de Wert; o la de Seguridad Ciudadana, que dejó en amable anécdota la "patada en la puerta" del socialista Corcuera o corcuese. Esto de medio cambiar de régimen en cada legislatura para seguir igual de mal ya cansa. El tosco talante del ministro de Interior, Fernández Díaz, se puso de manifiesto al replicar a los críticos de su política de inmigración que está dispuesto a enviarles los inmigrantes para que sean ellos quienes los atiendan. Su actitud dejó claro el escaso peso del Gobierno pepero en el marco de la UE que ni siquiera agradece a España, panda de ingratos, que con su espectacular recuperación económica y dos piedras sea ahora la que tira del carro del continente y alrededores. Son ellos quienes viven ahora por encima de sus posibilidades gracias a que nos estamos quedando nosotros sin posibilidades de vivir. "Todo por la Patria".

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Cuba y Estados Unidos aflojan un punto

Raúl Castro, presidente de Cuba. Foto: EFE

Ya cerradas estas notas, supe de las comparecencias de Obama y Raúl Castro para anunciar a sus respectivos pueblos y al mundo el deshielo de sus relaciones. Algo deseado largamente por los cubanos y querido no menos por sectores de opinión estadounidenses, en los que figuran empresarios temerosos de quedar descolgados de futuros negocios en la isla caribeña de mantenerse semejante anacronismo. Ambos dirigentes cedieron al pragmatismo; Obama insistiendo en que el bloqueo no había favorecido los intereses americanos, mientras Castro, con mayor carga ideológica, aludía a la necesidad de una coexistencia civilizada por encima de las diferencias, beneficiosa para los dos pueblos. Como telón de fondo, los cambios en la política latinoamericana de Washington ante la aparición de dirigentes latinoamericanos que no aceptan la vieja política imperial y veían la necesidad de la plena integración de Cuba en su grupo de naciones. Desde hace tiempo se plantea de fijo, como cuestión previa a las reuniones internacionales del continente, la participación de Cuba convertida, ideologías aparte, en referente del rechazo a las injerencias abusivas de los intereses estadounidenses, patrocinadores sin escrúpulos de golpes de Estado y de feroces dictaduras sangrientas. Alguien con mayor conocimiento sabrá analizar estos procesos, las expectativas que abren y las dificultades que podrían hacerlos fracasar. Tampoco faltarán quienes se ocupen de en cuanta medida ha podido ser determinante el creciente peso de la comunidad latinoamericana residente y de sus votos en la política interior de Estados Unidos.

Había no pocos indicios de que algo iba a ocurrir pero no de que las negociaciones estaban en marcha. En ellas ha jugado de eficaz mediador Canadá, lo que no resulta novedoso pues siempre mantuvo relaciones y presencia económica y de colaboración con la isla. Lo del Papa sí ha sido una sorpresa, aunque, bien mirado, debimos haberlo supuesto; por el talante de su pontificado y porque no se es argentino en vano. Tanto Obama como Raúl Castro aludieron a su intervención como muy positiva.

Llama la atención, por más que tampoco sorprende, la ausencia de España en la rueda de presentes. No parece haber jugado el papel que debiera corresponderle por razones históricas y de cercanía digamos espiritual, algo que se entiende perfectamente en Canarias. No tengo datos para afirmar o negar nada, pero no me dio otra impresión la comparecencia de García-Margallo, ministro de Exteriores, en la breve rueda de Prensa improvisada al conocerse la noticia. Se le preguntó por la participación de España y el hombre, casi diría que desconcertado por el pistoletazo, se agarró a la discreción diplomática para no decir que sí ni que no sino si quieres que te cuente el cuento del gallo Morón. Me dio la malévola impresión de que cayó en la cuenta de que habían dejado fuera a España en el momento de la pregunta.

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País, paisaje y paisanaje

El equipo de Iglesias busca apuntalar su liderazgo en las grandes capitales

El que Podemos no haya sufrido aún la prueba del nueve, la de gestionar parcelas de poder real, no ha impedido que le lluevan las críticas como si llevara ni se sabe cuanto tiempo gobernando algo. En proporción le dan más caña que al penoso Ejecutivo de Rajoy o al PSOE, por citar solo a los dos partidos que se han turnado en La Moncloa tras la extinción de UCD.

Las críticas recorren todos los registros. Las hay bien fundadas que señalan sus puntos flacos. Otras ponen el acento en la imposibilidad de sacar adelante sus propuestas, olvidando que son muchas las cosas consideradas imposibles hasta que llegó uno que no lo sabía y las hizo. Después está el pelotón de los que insultan y descalifican y que, como ya no se lleva el oro de Moscú, hablan de importaciones chavistas o castristas, de añoranzas del comunismo soviético y hasta de concomitancias con el régimen iraní que, por no se sabe qué razones, financia la invención. Algunos llegan a asegurar que el objetivo de Iglesias y los suyos es imponer la intolerancia de una criminal dictadura sangrienta. No han faltado, en fin, quienes hacen de Podemos una dependencia de ETA: por lo visto es sospechoso que un politólogo profesional se interese por el trasfondo político y sociológico de una organización terrorista que ha contado con apoyos significativos en la sociedad vasca. ETA, da vergüenza recordarlo, no surgió de ningún determinismo genético y este tipo de indagaciones no equivale a justificar sus crímenes; ni implica, si eso es lo que temen, inculpar a los sectores católicos y a las parroquias que estuvieron en sus inicios; o a los gobiernos, todos, que negociaron con el "Movimiento de Liberación Vasco", como calificó a ETA nada menos que Aznar; o abundar en la infamia de atribuir la derrota del PP en 2004 al apaño de Zapatero con los terroristas que tuvo el terrible atentado de Atocha como fin de fiesta.   

Las críticas de los dos primeros grupos podrán ser más o menos duras y mejor o peor fundadas, pero resultan razonables y en muchas se advierte el deseo de explicar el fenómeno. Las lamentables son las del pelotón maldiciente. Les asiste también, desde luego, el derecho a hacerlas; el mismo que tenemos los demás a advertir en su empeño el intento, nada solapado, de perpetuar el actual estado de cosas. No hace falta repetir el discurso contra la corrupción, el paro, la destrucción del estado de bienestar, la pérdida de derechos ciudadanos, etcétera porque bien sabemos lo que hay. Son gentes que dicen  deplorar por ejemplo la corrupción al no poder negarla, pero sin pararse en sus causas (corrupción hay en todas partes, dicen) con un soterrado llamamiento a la resignación ciudadana porque, ya saben, más vale malo conocido que bueno por conocer.   

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La pobrea de Dios: el tiempo pasado que no acaba de pasar

Un hombre porta una bandera independentista catalana

Cuando terminé el bachillerato, sospechaba yo que debía desconfiar de casi todo lo aprendido, arrimando las leyes de la Física, las tablas de multiplicar y alguna otra cosilla, que diría Rajoy. Me desconcertaba que llamaran "babiecas" a los bobones de baba desmereciendo al caballo del Cid de una de cuyas patas, según los genealogistas de garrafón, descendían los casacones veguetudos que dirigían los tronos de Semana Santa porque quien paga las flores, manda. Me llamaba la atención, en fin, lo desangelada que venía la Magdalena, Obispo Codina abajo, sin señoras con rosario alrededor. Para mí que barruntaba ya el Código da Vinci de un Dan Brown todavía no nacido.

Había superado de sobra, por entonces, mi primera conmoción vital al saber quienes eran los Reyes Magos y pisaba el umbral de la segunda, la que me dejaría tocado de por vida a manos de la Historia del Derecho Español, del maestro García Gallo.  A fuerza de oír en el colegio lo de España Una, Grande y Libre gracias al denuedo de los Reyes Católicos, no comprendía bien la selvatización de tantas legislaciones como reinos ibéricos hubo que desplegaba en sus libros don Alfonso. Aunque algo intuía al no cuadrarme tanta unidad de destino de las Españas con el peregrinar de todo un Carlos I de España y V de Alemania, nada menos, por los parlamentos regionales para conseguir los ducados con que darle duro a los franceses, meter en cintura a los malamañados príncipes alemanes propensos a la herejía y otros excesos y pagarle a Andrea Doria sus galeras y servicios que mantenían a  raya al turco. Así tuvo el hombre que endrogarse hasta las cejas con los banqueros, los Fúcares alemanes a la cabeza, abocando a su hijo Felipe a decretar la primera suspensión de asientos, vulgo pagos, de la Cristiandad. Luego dirán que lo de Podemos con la deuda es de extrema izquierda, angelitos.  

Entre una cosa y la otra, entreveradas de libros de Ruedo Ibérico y de otras editoriales pecaminosas ratoneados en los sótanos de la antigua librería Selecciones, frente a la Plazuela de las Ranas, supe que el sistema federal iba más allá de la federación de fútbol; que Pi y Margall no era solo una calle y que los cantonalistas se pasaron de pesados con la I República. Alguien me sopló lo de la estructura federal de España pero ocurría que ni en la clandestinidad se hablaba de federalismo; si hago excepción de los catalanes, que ya saben como son cuando se les mete algo en la cabeza.

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O alguien se independiza o van a volvernos locos

Manifestación independentista en Cataluña

El otro día Paulino Rivero reunió a unos 200 cargos y representantes institucionales para firmar un manifiesto contra las prospecciones petrolíferas en un acto que Asier Antona, obediente mandamás soriano, calificó de "payasada". A estas alturas está uno tan harto de la falta de respeto de la derechona a quienes se le oponen que paso por alto semejante malcriadez. Aunque nos inquiete a los abuelos haber compartido con nuestros nietos actuaciones de payasos en sus cumpleaños sin advertirles de que asistían a un acto político, angelitos.    

A la ocurrencia de Antona se añaden otras por el estilo. La ya ineféibol delegada Hernández Bento, que lo es del Gobierno, descalificó el acto porque el total de cargos públicos en Canarias es de 1.700 frente a los 200 firmantes. Aplicó, pues, las tesis rajoyanas de las mayorías silenciosas de las que resulta que en España no hay afición al fútbol porque 40 millones de ciudadanos, por lo menos, no acuden a los estadios. Y en cuanto a la diputada Australia Navarro, ya la escucharon solicitar la inhabilitación de Rivero por actuaciones que, según ella, "bordean y violentan" la legalidad, además de invadir (¿o piratear?) competencias del Estado. O sea, que violenta la legalidad e invade el ámbito de competencias quien sostiene opiniones contrarias a las del Gobierno central, trata de defenderlas con los medios de que disponga y pide permiso para organizar un referéndum que determine hasta qué punto el ciudadanaje aprueba o desaprueba las prospecciones. Yo llamaría a eso juego democrático pero lo cierto es que del bolichazo niega Navarro no ya el derecho a opinar sino el de mera petición. Debía estar Navarro en Australia cuando su señorito Soria promovió el primer recurso contra las prospecciones. ¿Violentó él también la ley? Se está buscando la ruina.    

Y ya que menciono a Soria, le oirían proclamar el desmoronamiento de la oposición una vez iniciados los sondeos. Lo que corrobora Hernández Bento al hacer notar que los canarios han acogido con absoluta tranquilidad el inicio de los trabajos, señal inequívoca de que las protestas son cosa de los "eternos descontentos", como decía Aquel que habitó entre nosotros y ahí sigue reencarnado. Olvidan que, al negarle a los canarios la oportunidad de manifestar su opinión, tampoco tienen los peperos manera de demostrar que  la mayoría de la población está con ellos. Con lo que nos han dejado a merced de las encuestas; al menos mientras no encuentre el Gobierno la manera de prohibirlas.

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Los conejos contra las escopetas

Incidente de la Armada con Greenpeace.

El Gobierno pepero ha vuelto a lucirse con las embestidas de la Armada contra las zodiacs de Greenpeace; en defensa, ya saben, de los intereses españoles al frustrar un abordaje (pirata, nada menos) al barco perforador de Repsol. Los conejos contra las escopetas, en versión conjunta del ministro de Defensa; de la Hernández Bento, delegada gubernamental en Canarias; del Hernández Bento, hermano de la anterior y subsecretario de Industria; del inevitéibol Soria que no se calla ni debajo del agua y con demora del palmero Asier Antona. Todo ello en medio de zodiacs con propulsión de agua a las que por exigencias del guión les salen hélices, una “pirata” gravemente herida en una pierna de acuerdo con la tradición, rescatada del mar por las fuerzas del Bien y la maldita grabación que ha dado la vuelta al mundo dejando claro que estamos en un país del que hay que salir corriendo.

En aras de la brevedad y para no caer en fáciles sarcasmos, me referiré aquí solo a los intereses nacionales en juego y a la apelación al imperio de la ley, la que respetan según convenga. Estuvo fino Tristán Pimienta al recordar, en La Provincia, que el interés nacional y la seguridad están hoy del lado de no boicotear desde el Gobierno las alternativas energéticas limpias que reduzcan la dependencia de fuentes inseguras, como el petróleo, para satisfacer la avaricia de las compañías del ramo y sus puertas giratorias.

Comenzaré subrayando que no es casual que en España las leyes favorezcan a estas compañías. Tampoco que esa percepción social de la realidad legislativa sea una de las causas profundas de la actual crisis institucional que en el caso canario adquiere tonalidades colonialistas que dan que pensar. Cada vez se siente más en vivo que, aunque las leyes emanen de las señorías parlamentarias salidas de las urnas, el diseño es de los grandes lobbies empresariales, sobre todo si son tan poderosos como los del sector energético que nos pone en chino antiguo hasta el recibo de la luz. El espectáculo de diputados y senadores votando según les indique la mano del cabeza de grupo está ahí y es legítimo sospechar que muchas señorías votan sin saber de qué va la cosa para seguir en el escaño un tiempito más. Que el PP recurra al Decreto Ley con tanta frecuencia indica un modo de entender la mayoría absoluta que, si bien lo retrotrae a sus antecedentes franquistas, que haberlos, háylos, también pudiera deberse, para los más optimistas, a la mella que ha hecho en las señoras y señores diputados el rechazo de la calle (el “no nos representan” de los “asaltantes” al Congreso, primos hermanos de los “piratas” ecológicos) reflejo del hastío del país que figura en el punto de partida del fenómeno Podemos.

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Rajoy y Mas, amortizados

Artur Mas dice que el derecho a decidir "no tiene nada que ver con el nacionalismo"

La mutua desconfianza y deslealtad de Mariano Rajoy y Artur Mas los asemeja a personajes de tragedia griega arrastrados hacia su inevitable destino por la incapacidad de ambos dos para cambiar el chip. Esto implicaría que la parte "españolista" admita que Cataluña es la nación que realmente es y que los catalanes reconocieran, a su vez, lo que algunos han apuntado ya: España es también, para millones de ciudadanos, una vieja nación, no un simple Estado impuesto por la fuerza a pueblos a los que oprime para explotarlos mejor, que diría el lobo de Caperucita. A partir de ahí, sería posible llegar a la Constitución de corte plurinacional e integrador que necesitamos desde hace demasiado tiempo en aplicación del principio de cada uno en su casa y Dios en la de todos. Sería posible, digo, pero poco probable, lo que hace que la cuestión catalana nos deje la sensación de que comienza a pasárseles el arroz y que tanto Rajoy como Mas están amortizados de cara a la definitiva modernización de España y su encaje en la futura Europa. 

Al presidente español le pesan demasiado los cálculos electorales, el temor a perder los votos de los inasequibles al desaliento que mantienen las concepciones más integristas de la unidad de España, coño. Lo que explicaría, a mi entender, que el problema catalán se saque del ámbito político para judicializarlo. Me pregunto qué sentido tiene la exigencia de que se atenga estrictamente al marco legal preestablecido un independentismo que en su expresión menos radical reclama, como mínimo, otro diferente. La negociación política implica mutuas concesiones y si una de las partes o las dos no ceden, no hay nada que hacer.

Para el PP la intransigencia es su principal activo. Fue la que dio lugar a la sentencia de 2010 y llevó al partido a promover aquella recogida de cuatro millones de firmas por toda España para que el referéndum sobre el Estatut se hiciera extensivo a todo el Estado; por no hablar de la campaña catalanofóbica dirigida, como todas sus acciones durante aquel periodo, a despertar los viejos demonios que les proporcionaran votos para tumbar a Zapatero. Esa política de vía estrecha condujo a Rajoy a un callejón de tan difícil salida que trata de colgarle el muerto a la Justicia para que solucione la papeleta. Cargado con la responsabilidad de gobernar el país, cualquier gesto de mínima prudencia, el mero diálogo por ejemplo, se interpretaría necesariamente como debilidad e incluso traición a las esencias removidas y se parapeta en los tribunales.  

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Corrupción, referéndums y topar con la Iglesia

Marcos Martínez, presidente de la Diputación de León, encarcelado por supuesta corrupción.

Tengo la sensación de que PP y PSOE no acaban de posicionarse como Dios manda, que diría Rajoy, contra la corrupción. Por lo que llevo visto, se enfrenta menos a ella que entre ellos, mirando siempre a las urnas que aguardan. El primer indicio es que existe en el Congreso un paquete de medidas del Gobierno que espera el santo advenimiento de un consenso con el PSOE, que no está por la labor. El bipartidismo de hoy tú, mañana yo y siempre los dos en el machito no pasa por sus mejores momentos. De todos modos, esa voluntad de consenso, aunque sea con la boca chica, resulta novedosa pues si algo ha caracterizado al Gobierno es la utilización del decreto ley para imponer recortes y otras granujadas que nos han cambiado la vida. Incluso hay leyes aprobadas solo con los votos de su mayoría absoluta que ha aplaudido la "victoria" con notable entusiasmo. El famoso "¡que se jodan!" con que la diputada Fabra celebró uno de esos triunfos quedó para los anales. Quiero decirles, en fin, que de interesarle al PP adoptar esas medidas durmientes ya estarían en vigor, para qué engañarnos.

Rajoy, como saben, respondió a la negativa del PSOE a consensuar las tales medidas cuasi amenazando, en tono despechado, con hacer que se aprobaran solo con los votos del grupo popular: le interesaba ir del bracillo del PSOE para distribuir la carga de los escandalazos de octubre que le ha puesto en la picota de la indignación ciudadana. A él y al resto de la clase política.

El intento pepero de repartir la mierda resultó tan burdo que puso de manifiesto hasta donde llega la imprevisión producto de la impunidad con que han obrado los corruptos más o menos presuntos. Nunca creyó el PP que las cosas llegaran tan lejos como para poner de manifiesto que no se trata de delincuentes aislados, ni de un par de manzanas podridas sino de tramas organizadas desde la política para el saqueo del país.

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El clarinetazo de Podemos

Juan Carlos Monedero, Pablo Iglesias e Íñigo Errejón en un acto de Podemos.

"Esa persona por la que usted se interesa", "esas pocas cosas que han ocurrido", "todo es falso, menos alguna cosa" (en referencia a los papeles de Bárcenas) son algunos de los recursos de Mariano Rajoy para trasladarnos la impresión de que el PP, el Gobierno y sobre todo él mismo nada tienen que ver con la corrupción; es una forma de despejar a córner a la que no negaré su coherencia con la política pepera de "externalizar" (vulgo, privatizar) responsabilidades. Sin embargo, tiene uno la impresión de que la Justicia se va imponiendo a las conveniencias políticas de pasar de puntillas y no hacer sangre. Es fuerte la sensación de que la redada "púnica" ha cogido mal sentado al Gobierno.

Que el juez Eloy Velasco, que puso en marcha la operación, ordenara a la Comunidad de Madrid la entrega de decenas de contratos sospechosos denota que su señoría sabe que, en materia de corrupción, el que menos corre tira al de adelante. Se trata de contratos que ilustran la gestión de Francisco Granados entre 2004 y 2009, de los que algunos alcanzan los 100 millones de euros. Se comprende, pues, la rápida y atribulada comparecencia de Esperanza Aguirre para pedir perdón por haber elevado, sostenido y defendido a quien fuera su hombre de confianza. Aunque no aclaró qué le duele más, si que le saliera ranón más que rana o no oír a tiempo el zarpetazo de su zambullida en los dineros públicos. Lo que no ha pasado desapercibido es que el "madrugón" de Aguirre desvela su intención de volver al primer plano. Menos imaginativo que Aguirre fue, en la parte que nos toca, el ínclito Soria que se declaró el "primer indignado", nada menos, con tanta corrupción; la de los demás claro. Primacía que, por cierto, reclama también para sí José Miguel Bravo.

La comparecencia de Esperanza Aguirre contenía también, no sé si sobre todo, el recado a Mariano Rajoy que lo obligó a bajarse del plasma para acudir al Senado a pedir perdón sin anestesia y presionado tanto por la oposición como por su propio partido. Está visto que el rey Juan Carlos creó escuela, aunque Rajoy no llegó al punto de prometer que no volverá a ocurrir porque no está en condiciones de asegurar que no le crecerán los enanos del circo que se ha montado.

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Cosas de la desafección

Cristobal Montoro.

Esta semana asistimos a los esfuerzos en el Congreso de los Diputados del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, no tanto por vendernos la burra de los presupuestos, que también, como para convencernos de que España tiene asombradito al mundo con su recuperación. Los muy viejos del lugar no recuerdan nada igual desde el día en que el Caudillo fue sorprendido probando, en los jardines de El Pardo, el motor de agua de su invención, con Santa Teresa de copiloto y la Guardia Mora vigilando entre los parterres, no fueran los rusos a robarle la patente.

A Montoro le replicó Pedro Sánchez, nuevo líder de la oposición socialista. Hizo las críticas pertinentes, siempre en la línea de la necesidad de un cambio, palabro desvalorizado porque, después de todo, cambio ofrecía también Rajoy frente a Zapatero. Aunque, debe reconocérsele, fue la única promesa electoral que cumplió: nos cambió la vida; para peor, pero no es menos cierto que nunca se comprometió a mejorarla. Decía Gracián que hablar es efecto grande de la racionalidad " y "atajo único para el saber : hablando los sabios engendran otros”; olvidó el sabio jesuita que eso es así cuando, además, se escuchan los interlocutores, lo que no es el caso del Congreso donde no rige el principio de que hablando se entiende la gente.

Los presupuestos, el petróleo y Canarias

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