Sobre este blog

El Estado de la nacionalidad y las cabras que guardamos

María Australia Navarro, en rueda de prensa. (EFE)

José A. Alemán

Las Palmas de Gran Canaria —

El debate sobre el Estado de la Nacionalidad fue un muermo de aquí te espero, Concha. Pero como debo cumplir con el rito de comentar, destacaría las afirmaciones de CC y el Gobierno respecto a que ha dejado a las islas en buena posición para remontar, cosa que no estoy en condiciones de afirmar o negar. Desde luego, es evidente que no ha habido escándalos ni salpafueras desatinados y que el Gobierno de coalicionados y socialistas ha aguantado hasta el final de la legislatura. No ha entusiasmado el Gobierno aunque le mantuviera el pulso a Soria en el asunto de las prospecciones petroleras; pero no lo acompañó con una apuesta firme por las energías alternativas en unas islas donde no faltan el sol y los vientos. No ha sido, pues, una gestión para tirar voladores y la legislatura se salda sin haber afrontado la cuestión de la ley electoral que permita un Parlamento de verdad representativo, que acabe con el juego de las dos sillas (una fija para CC y la otra, a disputar por PP y PSC). Tampoco se ha resuelto la cuestión de la hegemonía tinerfeña de vía estrecha.

De las críticas al Gobierno en el debate hay que mencionar, en primer lugar, la de Australia Navarro que, lejos de comportarse como portavoz del PP, que era lo que tocaba, intervino en la sesión en plan de candidata de su partido a la Presidencia del Gobierno en la que no se ahorró la muy pepera promesa de crear montones de puestos de trabajo. Un clásico pepero que dejaré estar por lo sobado para irme a algo más característico de la derecha isleña: la de considerar cualquier disconformidad con el Gobierno central, particularmente si es del PP, puro afán electorero, victimismo lloriqueante que enmascara incapacidades e insuficiencias. Para esta gente siempre y sin excepción y por encima de las evidencias, el Gobierno central pepero siempre tiene la razón y obra con tanto acierto que no pueden ser sino responsabilidad del autonómico canario los índices de paro, el incremento de la pobreza, el desplome de la inversión pública, el incumplimiento de los pactos habidos, el deterioro de la enseñanza y la educación o el abandono de las actividades productivas; por no hablar del maltrato presupuestario que, simplemente, niegan. Como si nada tuviera que ver la política de Rajoy y su Gobierno.

Sin necesidad de entrar en polémicas, para qué, resulta patente la pretensión de que las islas soporten sin rechistar, con el espíritu menguado de indios colonizados, los atropellos de la metrópoli. El aplazamiento sine die de la reforma de la parte económica del REF y el comienzo de la privatización de AENA, que no dejará de tener malas consecuencias para nosotros, son los dos casos más recientes que se engloban dentro de una política orientada a acabar con las especificidades isleñas y lo poco que queda del acervo económico (del que ya ni siquiera se habla). Es la forma de avanzar en la “recentralización”: como no se atreven con los fueros vascos y navarros y los catalanes se les han puesto flamencos, cargan contra la reserva colonial. Una política que recurre con frecuencia al engaño. Por no ir más lejos, la insistencia en que AENA sigue bajo el control del Estado al vender sólo el 49% de la empresa; como si no estuviera más que comprobado que la dinámica económica y financiera acaba por imponerse en estos apaños y no supiéramos que eso es precisamente lo que busca esa política de “adelgazar” al Estado. El mismo hecho de que, en el caso del REF, el Gobierno central aceptara la reforma de la parte fiscal, de especial interés para el empresariado, con el aplazamiento de la económica, que afecta a más del 90% de la población, resulta reveladora de la verdadera entraña de la derechona gobernante. Con el empresariado satisfecho, ya no hay cuidado si la gente se solivianta y en el peor de los casos ahí está el PP isleño para relativizar unas cosas, negar otras y si alguien rechista, acusarlo de buscar el enfrentamiento con Madrid por razones electorales. Ese es el papelón que ha asumido el PP canario. Como, además, no hay posibilidad de que los isleños organicemos una manifestación en Madrid, cuentan con un laboratorio lo bastante aislado para experimentar.

Trató Navarro de pergeñar, fuera de lugar como indiqué, las líneas generales de su programa. La acaba Soria de dedignar y dada la imposibilidad de que tuviera tiempo de reflexionar y elaborar nada, debo deducir y deduzco que se limitó a obedecer órdenes de su señorito. De las que destaco cuan significativo resulta que prácticamente la única propuesta concreta fuera la eliminación de la Cotmac. Nada diré de si funciona bien, mal, regular o medio pensionista porque lo relevante es el propósito pepero de cargársela. Es decir, la negación de la necesidad de que exista un órgano que proteja el territorio y el medio ambiente canario de los depredadores que practican la tierra quemada. Si fuera de otra forma, lo lógico sería proponer su reforma si funciona mal y está excesivamente burocratizada, no eliminarla del plumazo. Y por si no tienen claro que la intención última es dejar que los especuladores se despachen a gusto, piensen que no es casual que presentara Navarro la desaparición de la Cotmac como una de las medidas para hacer “atractiva” la inversión en Canarias. Desde luego tienen los promotores urbanísticos derecho a que sus intereses sean tenidos en cuenta como ciudadanos que son, pero no a costa de los de otros ciudadanos.

En cuanto a Nueva Canarias (NC), me parecieron la más centrada, dicho sea sin ofender. Román Rodríguez criticó varios aspectos de la gestión del paulinato y aunque se dijo partidario de restablecer relaciones con el Gobierno central, recomendó que fuera “sin dar un paso atrás” y no sé si miró en ese momento a Navarro, que propugna la entrega sin condiciones; mientras gobierne el PP, claro. Román criticó a los grupos que apoyan al Gobierno su rechazo a la reforma de la ley electoral que ha perjudicado a su formación; aunque no tanto como al degradado Parlamento Canario con el juego que les dije de las dos sillas. Ante la incógnita de lo que puedan conseguir en las próximas elecciones los partidos emergentes, no hay duda de que entre los ya establecidos de viejo, NC se ha ido situando bien para mejorar resultados en las próximas elecciones. Todo parece indicar que si se logra salvar el escollo de la ley electoral, el próximo Parlamento Canario ofrecerá una variedad que sea reflejo de la que existe en la sociedad. Y nada digo de los socialistas porque siguen en la luna de Valencia muy entretenidos con sus follones. Casi en las lindes del extraparlamentarismo.

Estas son las cabras que guardamos y no viene mal tener una idea de lo que hay en el corral.

Las candidaturas de Soria

Parece obligado, ante el panorama al que acabo de hacer referencia, dedicarle un espacio a las candidaturas peperas, de corte soriano, que irán a las elecciones locales y autonómicas. Ya el Top Secret de este mismo periódico analizó las candidaturas de Soria para las próximas elecciones autonómicas y locales. Unas candidaturas que apuntan, por si aún no estaba claro, a la existencia de un entendimiento entre el muy ministro y Fernando Clavijo, alcalde de La Laguna y aspirante a ser Paulino en lugar de Paulino. En Tenerife prescindió Soria de Antonio Alarcó y de Miguel Cabrera-Pérez Camacho. Ignoro si tenían ellos alguna aspiración, pero no que funcionan como versos sueltos. No necesitan la política para vivir y podría darles la rebelina de contrariar a Clavijo con desprecio de la autoridad de Soria. A este no le gustan los desobedientes que puedan obstaculizar la relación fluida con Clavijo que pretende. Las intenciones de Soria están tan claras que de la propia CC le han pedido que deje de derretirse en elogios a Clavijo, no vaya a ser que se vean las cartas antes de que acabe la partida y el tinerfeñismo profundo comience a preguntarle a los nacionaleros qué hacen ustedes con ese canarión. Que ya bastante problema tienen con que le toque a Clavijo residenciar la Presidencia en Las Palmas durante los próximos cuatro años. Sin descartar la posibilidad de que busque también Soria meter cizaña en CC y ganar mayor capacidad de maniobra mediante un debilitamiento de su presunto socio, el elogiado Clavijo, que se le vendría, espera él, más al pie de encontrar dificultades en su partido.

Me da en la nariz que no anda muy descaminado el Top Secret con su barrunto de que el más que supuesto entendimiento de Soria con el todavía alcalde lagunero sigue el modelo de yo no me meto en los asuntos de Tenerife, para lo que te aseguro un PP mansito y consentidor en tu isla pero tú, oh Clavijo, no te metes en lo que yo haga en Gran Canaria; englobando, por supuesto, bajo la sombra de las dos islas capitalinas a las otras cinco, seis con La Graciosa, que no logran ni de coña superar su condición de subyacentes.

Este fue el esquema, por así decir, que diseñaron en su día Soria y Mauricio, de acuerdo con el entonces presidente Adán Martín. Mauricio y Soria, a mi entender, procedieron a un reparto de estampitas poniendo cada uno a su gente en los lugares de poder económico y empresarial en un tinglado al que Soria aportaba el respaldo del Gobierno central. Eran, recuerden, las vísperas de las elecciones de 2004 y los dos daban por hecho que Rajoy, el candidato que dedignara Aznar, ganaría por goleada el derecho a retozar en La Moncloa. Sería, pensaban, un paseo militar y se repartieron la piel del oso antes de cazarlo en las urnas. Pero ganó Zapatero y los planes de control repartido del archipiélago se fueron a la porra. El propio Mauricio reconoció que no se había ocupado de enrollarse con el entonces líder socialista que también ocupaba escaño en el Congreso.

Ahora, de otra manera, vuelve Soria a intentar la misma fórmula. Nadie espera que Manuel Domínguez, alcalde de Los Realejos y candidato pepero al Cabildo tinerfeño, vaya a ser un problema para Clavijo; ni que lo sea Cristina Tavío en el Ayuntamiento de Santa Cruz. Todo ello, se entiende, en el caso de que consigan ganar o que logren ocupar los cargos mediante pactos poselectorales y sea Clavijo presidente.

En lo que toca a Gran Canaria, la misma pauta. Australia Navarro aspira a la Presidencia de la Comunidad y ya ha prometido que “nos vamos a ocupar de Canarias”, lo que no sé si es una amenaza o qué. También anuncia que su programa “entrará en los problemas reales”, los que aún no ha definido aunque sólo sea para saber si se confirma la amenaza anterior y si es posible la existencia de problemas irreales. Aunque lo más inquietante sea su anticipo programático al que ya hice referencia: “Queremos que Canarias sea un lugar para vivir mejor y que sea atractivo para las inversiones y para ello eliminaremos todos los posibles obstáculos”, dijo con expresa mención a la Cotmac. Como verán, además de no aclarar a quienes pretende procurarles esa vida mejor, es su intención declarada remover los obstáculos para que las islas resulten atractivas a los inversores. Lo que, relacionado con los denuestos de su señorito contra la Cotmac y cualquier intento de ordenar el territorio nos hace temer la vuelta de la especulación sin fronteras y hace temer que acaben por “azulejiarnos” todos los barrancos de costa a cumbre para acabar con cardonales, aulagas, lagartos y porquerías de yerbajos, como satirizaron en su día los Piedra Pómez.

No creo que Australia Navarro salga presidenta; en realidad no creo que lo espere el propio Soria; pero sí que entrará en un eventual Gobierno de Clavijo en virtud del presunto pacto CC-PP. Parecido papel de sometimiento al excelentísimo juega Mercedes Roldós, que ya demostró como consejera de Sanidad considerables tragaderas. Confieso que cuando se mandó a mudar del PSOE, escandalizada según dijo por la corrupción del partido, me pareció una actitud honesta. Opinión que, por supuesto, cambió al verla tan feliz y contenta en el PP de Gürtel, etcétera. Nunca digas de esta agua no beberé ni este cura no es mi padre.

Vistas así las cosas, hemos de convenir que quitar de en medio a Bravo de Laguna, después de tragárselo en la legislatura que acaba, no responde solo a las fobias personales de Soria sino a la necesidad de evitar una voz que pueda crearle problemas a Clavijo. El propósito braviano de defender Gran Canaria, aunque sólo sea como enunciado, podría generar conflictos entre los supuestos socios. En este sentido, resulta significativo, a mi entender, la forma de enfocar el problema de Bravo de Navarro y Roldós, con el añadido de Asier Antona. De alguna forma, la actitud de Bravo denuncia que no está su cuasi ex partido por la labor de liberar a Gran Canaria de la hegemonía de los prebostes tinerfeños. No le interesa a Soria que ese mensaje cunda y sí que el electorado lo vea como una rabieta porque le han quitado el balón. Así, si Antona se dice convencido de que Bravo reconsiderará su postura cuando se le pase el berrinche, Navarro se manifestó convencida de que Bravo la acompañará en sus actos electorales; mientras que Roldós anunció la inclusión de Lucas Bravo en su lista (si Soria lo permite, debo entender). Sin embargo, se da por hecho que Bravo, padre, irá a las elecciones al Cabildo con Compromiso, de modo que erraron Antona y Navarro. En cuanto a Roldós, Lucas Bravo ha puesto por delante de todo su fidelidad al PP por lo que cabe la posibilidad de que lo lleve en su lista; si Soria consiente, insisto.

Diría, para terminar y como guía de las cabras que guardamos, cuanto conviene no perder de vista a los dos periódicos impresos en Gran Canaria. El martes, sin ir más lejos, La Provincia destacaba en primera, a cuatro columnas el fracaso de José Miguel Bravo “en su plan para unirse a Ciudadanos”, lo que calificaba de “portazo” al todavía presidente del Cabildo. Por su parte, Canarias 7 llevó la noticia al sumario de una columna donde aparece en segundo lugar, tras la de los tres guardias civiles heridos en una colisión, con el título “Bravo se reúne con Compromiso y otros partidos”. El texto de las dos informaciones en páginas interiores recoge los hechos, pero el tratamiento en primera pone de relieve lo que se viene observando de un tiempo a esta parte: el apoyo de La Provincia a Soria, lo que le lleva a devaluar a Bravo y la contra que le hace al ministro Canarias 7. En realidad no hubo tal portazo sino que en la estrategia electoral estatal de Ciudadanos figura la decisión de ir con su propia marca y no celebrar acuerdos preelectorales con ninguna otra fuerza. Las dos informaciones así lo hacen constar por lo que la intencionalidad que presumo en los dos periódicos no está en el texto sino en la titulación, que es con lo que se quedan los lectores menos atentos.

Ignacio González y los policías

La movida con las candidaturas del PP a la presidencia de la Comunidad y a la alcaldía de Madrid dejó chiquita la del PSOE, con la defenestración de Tomás Gómez. Ésta resultó más caritativa y se solventó mejor con la elección, que no designación, de un candidato de la solvencia de Ángel Gabilondo que, aunque no milita en el PSOE, simpatiza con sus siglas. Semanas antes, cuando comenzaba a especularse con la posibilidad de que encabezara la lista socialista, su hermano Iñaki acabó su acostumbrado comentario con algo parecido a que no le arrendaba la ganancia a quien se le ocurriera meter la cabeza en el avispero. Como dudo mucho que fuera un despiste del Gabilondo periodista supongo que fue, en realidad, fraternal advertencia al Gabilondo candidato.

Pero eso, como digo, no es nada comparado con la caída de Ignacio González. El aún presidente de la Comunidad madrileña tiene toda la razón cuando asegura que ha sido víctima de una conspiración dentro del partido para impedirle optar a la presidencia; la que no obtuvo en las urnas sino por la renuncia de su mentora, Esperanza Aguirre, que lo dejó a él al frente. Alguna razón tuvo ella para abandonar la primera fila a la que ahora, como aspirante a la alcaldía de Madrid, trata de regresar.

Tiene Ignacio González razón en que querían bajarlo del caballo pero no es menos cierto que se lo tenía bien merecido; o se lo tendría, si concedemos que el ánimo de quienes calzaron por él lo movió el deseo de barrer la casa; que bastante necesitada está de un baldeo de zotal después del barrido. Pero este tipo de higiene no figura sino de boquilla en la cultura pepera: el mismo procedimiento empleado para acabar con González pone de manifiesto la existencia en el PP de zonas oscuras de las que arrancan sus principales aportaciones al envilecimiento de la democracia española.

Los trasteos de Ignacio González con su famoso ático de Estepona han sido la excusa para el toque de a degüello. En su defensa metió en el baile a dos comisarios de Policía con los que mantuvo hace años una conversación que revela ahora, casi un lustro después, como un intento de chantaje. Por alguna razón relacionó aquella entrevista con la maniobra para quitarlo de en medio. El comisario Villarejo, uno de los policías aludidos, no se quedó corto al afirmar que se reunieron a instancias de González que les pidió paralizar la investigación que se seguía contra él. Unas buenas piezas todos ellos pues si uno no denunció el chantaje, los otros callaron el intento de parar una investigación policial. Empate técnico entre gente que no es de fiar. Por si fuera poco salieron también a relucir unas grabaciones telefónicas de las que no había noticia. Grabaciones que si se hicieron por orden del juez fueron escamoteadas al instructor y si se hicieron sin autorización, peor. Como, encima, está de por medio el no menos feo asunto del espionaje interno del PP de unos contra otros, comprenderán que hay razones para inquietarse por un episodio que no surge por el celo del Gobierno por desentrañar lo que hay sino en el marco de sucias maniobras de un candidato que involucran a miembros de la Policía y perjudican, por extensión, a los miembros de los cuerpos de seguridad del Estado que trabajan honestamente, como han puesto de manifiesto varias operaciones de destape de redes corruptas.

No pueden quedar sin referencia las piruetas de Jorge Fernández Diaz, ministro de Interior, que sale ahora con que va a investigar qué ha ocurrido. Cosa que de poco servirá porque no se trata de algo episódico sino de un nuevo indicio del relajo que se traen políticos y policías con escasos escrúpulos que aconsejan entrar a fondo para erradicar de verdad semejantes prácticas. De entrada, a ver con qué cara va a continuar manteniendo su pretensión de que se habilite a la Policía para instalar escuchas sin permiso de juez alguno. El ministro no se entera de lo que hay, no quiere enterarse, no mide el alcance de lo que trata de conseguir o está de acuerdo con que las cosas sigan como siempre y salir de los aprietos puntuales con la investigación de cada hecho sin relacionarlo con el conjunto. No creo que eso anime a perseverar en su difícil trabajo quienes traten de hacerlo bien. Y no entro en otras implicaciones de ese contubernio de políticos y policías dados a ese tipo de maniobras para que no se me desanimen.

Mentiría si les dijera que me sorprende que los mandamases del PP hayan preferido pasar “silbiando” de la aparatosa y amañada caída de Ignacio González. Esperanza Aguirre ha sido la única que lo ha defendido, ella sabrá sus razones. Fue su hombre de confianza; como Francisco Granados, en prisión por la Operación Púnica que ha puesto de relieve el entramado corrupto madrileño, si es que no llama la atención que fuera bajo su mandato como presidenta de Madrid del que arrancan casos tan graves como el como el Gürtel. No es que ella estuviese implicada directamente, nadie la ha acusado, pero resulta evidente que o no se enteró de lo que ocurría en sus mismas narices; que si le llegaron indicios, como ha insinuado alguna vez, no los tomó en consideración y si me apuran podría hasta sospecharse que fue el deseo de no verse involucrada lo que la llevó a abandonar la presidencia de Madrid. La que obtuvo, por cierto, gracias a aquel grotesco “tamayazo”. Algo de ironía hubo en que la contrataran como experta descubridora de talentos y no sé si calificar de desvergüenza que la presenten ahora a la alcaldía de Madrid: no tanto por los hechos que supo esquivar como por aquel famoso incidente de tráfico. Convendrán conmigo que en un país y en un partido serio un incidente como ese obligaría al abandono de la política. Es más: de ocurrirle a cualquiera del común se le hubiera caído el pelo. No creo que sea necesario insistir más en el asunto. En cuanto a Cristina Cifuentes, candidata popular a presidir la Comunidad de Madrid nada tengo que decir porque, que yo sepa, nada hay que reprocharle. Rara avis, sin duda.

Mucho más habría que decir de todo esto por aquello de entre lo que se ve y se imagina. No se entiende, por ejemplo, que el comisario Villarejo, uno de los policías que se reunieron en su momento con González participa en un porrón de empresas lo que hace que aparezca lo mismo en actuaciones judiciales unas veces por cuenta de particulares que lo han contratado que por la de la Policía. Digo que no se entiende retóricamente: en un país donde hay alcaldes y concejales que aparecen de la noche a la mañana construyéndose una mansión o presumiendo de coche de alta gama sin que a nadie le llame la atención se entiende todo. “Para que luego te quejes de la falta de transparencia”, suele decirme un amigo. El mismo que califica de “transparencia introvertida” esa que practica el PP cada vez que le evita a Rajoy el trance de personarse en el Congreso a dar explicaciones.

Y ahora, el fútbol

Hace algún tiempo, cuando en varias ligas europeas de fútbol se destaparon casos de corrupción, me extrañaba yo que en los clubs españoles no hubiera ni rastro de ella. Dado que las prácticas corruptas no son excepcionales en España y que han sido durante muchos años toleradas o al menos no perseguidas, lo que las convierte en parte de nuestro medio ambiente político y social, se me antojaba anómalo que en España no ocurriera nada. Porque no es, precisamente, de las actividades que menos dinero mueve. Al punto de que acabo de leer, no me pregunten dónde, que los estadios de fútbol son los únicos lugares en que los pobres ven trabajar a los ricos.

Sin embargo, en los últimos tiempos han surgido casos, como el del ex presidente del Sevilla, José María del Nido, que resultó ser pájaro de cuenta, que no afectaban directamente a lo que se dirimía en las canchas. O el de los presidentes del Barça por razones fiscales, Ahora, con el Osasuna se ha puesto de manifiesto, que también juegan los dineros sobre el césped. Y es ahora, como si acabara de bajarse del guindo, cuando la Liga de Fútbol Profesional decide tomar medidas y llegar a acuerdos con la Policía para que haya una brigada especializada en evitar los tongos.

Ya están lejanos los tiempos en que se acudía al Estadio a ver fútbol, lo que no impedía que cada cual animara a sus colores. Esta actitud del público era muy frecuente en el viejo Estadio Insular donde se llegaba a premiar con aplausos al visitante cuando resultaban evidentes sus méritos para llevarse los dos puntos, hoy tres. Recuerdo un España-Yugoslavia en que las gradas aplaudieron las buenas jugadas de unos y otros con una imparcialidad tan poco patriótica que molestó a los directivos de la Federación Española, según pude observar.

Ya había por entonces quienes, sobre todo en el mester de progresía, consideraban la desatentada afición al fútbol embrutecedora y hasta “opio del pueblo”, relevando parcialmente a la Religión de semejante capacidad alienante. Pero resulta curioso que ya no se diga eso o algo parecido cuando lo de menos es ver buen fútbol y lo que importa es ganar sea como sea; por las buenas, por las malas o por las regulares, se hagan o no méritos en el campo; se compren o se vendan victorias o derrotas. Hay clubs que para ganar han llegado incluso a alentar a sectores ultras para que den batalla por entender que su agresividad es buena para acojonar al contrario. Se elogia a los estadios convertidos en “fortines” por su afición desmadrada. Los insultos racistas no son infrecuentes, aunque, por el qué dirán y las sanciones, han tratado de evitarlos después de darle cancha a los que los vociferan. Pero nada han dicho ni hecho contra los sectores de la afición bética que animan a su goleador, el grancanario Rubén Castro, supuesto maltratador de su esposa o novia, que no lo sé bien. Los gritos de aprobación al maltrato de que lo acusan, que incluían calificar de “puta” a la supuesta maltratada, rebasan los límites a los que puede llegarse para ayudar a un deportista a superar un mal trance. Creo que quienes califican estos hechos sólo de machismo se equivocan tanto como quienes los disculpan atribuyéndolo a la misma pasión del fútbol.

No sé si Rubén Castro ha tenido o no el gesto de reprochar esos gritos. Pero me da que no, como si sintiera “homenajeada” su hombría. Por no hablar de los programas deportivos de las teles que pasan de puntillas sobre este asunto mientras llenas espacios durante semanas porque han sorprendido a un jugador dándole al cubata de madrugada o celebrando su cumpleaños el mismo día en que su equipo ha tenido un tropezón. Que se mueva dinero deshonesto para lograr objetivos deportivos forma parte de todo ese conglomerado. Que es lo preocupante.

Sobre este blog

Etiquetas
stats