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Ciudadanos: pasito a pasito

Saúl Ramírez

Hay un axioma elipticamente aceptado que señala que todos los que se presentan a unas elecciones generales las ganan. De tal modo que a la hora de asomarse a cámaras y pantallas los cabeza de partido se declaran vencedores al menos en la pedrea. Ciudadanos:dos diputados por Canarias en el congreso. Saúl Ramírez por la provincia de Las Palmas y Melisa Rodríguez por Santa Cruz de Tenerife. Dos diputados y punto.Y en ese punto y momento salía del excusado de la sede de Las Palmas un señor atento a una tablet. La diferencia entre la puerta de las damas y de los caballeros la marcaba don Alonso Quijano tocado con el yelmo de mambrino. Alonso. Aquel originario de un lugar de la Mancha que Cervantes no quería recordar y que molino que veía,palo que te crió.No sé si el usuario del inodoro quería recordarlo,pero yo me volví hacia un ordenador portátil que suministraba información sobre los resultados de esa jornada electoral a la que llaman fiesta de la democracia sin tener que llegar a la brutalidad de lanzar cabras desde un campanario.

Campanas las hubo puesto que la Navidad está a tres días vista mientras los partidos políticos lo que ven son pactos en vez de belenes. ¿Por quién doblan las campanas? Vaya usted a saber,que ya lo sabremos en su día. Ciudadanos esperaba más, puesto que se considera la madre de todos los centros, pero Podemos pudiendo pudo y, pese a las encuestas preelectorales, se colocó por delante de los chicos de Albert Rivera poniendo de manifiesto que coleta y goma de momento cotizan más al alza que sonrisa y campechanía.

Según se entraba a la izquierda, en una pared ciudadana había un cuadro con un niño que tocaba una melodía a un gato triste y azul.Ciudadanos es naranja que no blue y sus gentes estaban allí ni tristes ni contentas sino todo lo contrario que es lo más parecido a un silencio espectante.

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Lucha por el clima, lucha contra el terror

Un visitante, en la cumbre sobre el cambio climático COP21

Era un adolescente cuando por vez primera escuché una frase que hoy está en la mente de todos los aficionados al cine: “Siempre nos quedará París”. Rick, en el aeropuerto de Casablanca, dejaba partir hacia Lisboa a Ilsa, acompañada por Victor Lazlo, un líder de la Resistencia contra los nazis. Ese supremo acto de un amor vivido intensamente en la capital francesa, ese epílogo, se convirtió con el tiempo en una escena mítica que forma parte ya para siempre de nuestra Cultura. Muchos años después, París, la ciudad de la luz, la bohemia, la de la Tour Eiffel, la rive gauche, el Sena, Montmartre, Montparnasse, Nôtre Dame, los Campos Eliseos, el Louvre, Piaff, Coco, Aznavour, los pintores y músicos callejeros, los cafés, el jazz y tantas cosas más, quiere ser la protagonista de una nueva escena de amor. En esta ocasión no es por una mujer sino por el planeta, una vez que desde hace tiempo comenzó a calar en la población mundial una idea a mi juicio indiscutible: El hombre es el único ser vivo que destruye el hábitat que lo acoge.

El camino hacia el cuidado de la tierra sufrió un rotundo fracaso la última vez que los líderes mundiales se enfrentaron a ese problema tan extremadamente complejo. Alrededor de 200 países se habían venido reuniendo cada año en diferentes partes del globo para intentar acuerdos globales pero, en 2009, el encuentro de Copenhague significó un auténtico jarro de agua fría sobre las expectativas que se habían creado. Tras ese fracaso, se decidió que 2015 debería ser obligatoriamente un punto de inflexión: no podía haber fallos. Y pasaron días, semanas, meses, años y estaciones. Como señalaba el Marqués de Sade: “Todo llega para el que sabe esperarlo”. Tal vez sea así. Lo cierto es que vivimos este otoño de 2015 y el reto está colocado ahí enfrente: la COP21. No obstante, el fluir del tiempo significa cambios y, en múltiples ocasiones, cambios extremadamente profundos que modifican áreas tan sensibles y determinantes como la acción política, la economía, la geoestrategia, los acuerdos comerciales (no hay que olvidar el TTPI), el trabajo, la producción, los flujos de capitales, el comportamiento de las Bolsas mundiales, el estado de las distintas sociedades, etcétera. La ya tópica frase de Ortega y Gasset “Yo soy yo y mi circunstancia” es perfectamente extrapolable al tema que nos ocupa. Gravísimas circunstancias, aparte de las diferencias que venían manteniendo los diferentes países, han venido a sumarse a un escenario ya de por sí convulso. Entre ellas, las más relevantes, la aparición del denominado Estado Islámico y los movimientos migratorios desde África y a consecuencia de la cruel guerra de Siria. Una vez más, Europa se encuentra en el ojo del huracán y es, como en otras ocasiones, la geografía donde se jugará la partida, aún teniendo en cuenta que vocablos tan ambiguos y cuestionados como globalización y nuevo orden mundial parecen querer significar algo así como hermanamiento. No es el caso.

La última acción violenta de la política expansionista, invasionista y terrorista del yihadismo, eligió hace pocos días París para manifestarse a sangre y fuego. La noche del pasado 13 de noviembre no será nunca una noche más para los franceses. Ni para los europeos. Después del horror desatado en la discoteca Bataclan, el restaurante Petit Cambodge, una brasserie cercana al Estadio de Francia y el barrio de Saint Denis – con 129 muertos y más de 400 heridos – reivindicado por el Estado Islámico, la sociedad europea se siente insegura y cercana al pánico. Francia adoptó el Estado de Excepción, las investigaciones y operaciones policiales son extremas y constantes, los países miembros de la UE permanecen al menos en Alerta 3 y múltiples vectores informativos e ideológicos se han encendido llegando en algunos casos hasta las manifestaciones ultraderechistas. Por otro lado, parece demostrado que mayor seguridad implica menor libertad de la ciudadanía, por lo que el terrorismo logra también indirectamente modificar los sistemas políticos y sociales allá donde interviene. De igual manera, se incrementa la violencia con operaciones militares altamente destructoras, terribles daños colaterales e inestabilidad política permanente. A este respecto, es el líder ruso Vladimir Putin quién ha llegado más lejos en sus afirmaciones: “De perdonar a los terroristas que se encargue Dios. Yo me encargaré de mandárselos” y “Os buscaremos en cualquier lugar de la tierra donde os escondáis y os mataremos”. Así las cosas, las advertencias de los servicios de inteligencia y las incesantes amenazas yihadistas han creado en la práctica un eje del miedo que va desde París a Bruselas – Bélgica teme un atentado múltiple – y que no deja fuera tampoco a la opinión pública española. Una de las reivindicaciones del fundamentalismo más sangriento es Al Andalus. 

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Una especie especial

Se acepta científicamente que los restos más antiguos de Homo sapiens aparecieron por Etiopía hará unos 195.000 años y que la 'serie Homo' llevaba unos 2,5 millones de años en el planeta. Éstos, los sapiens, devenidos 'habilis' y 'erectos' y, tras la desaparición de los Homo neanderthalensis y Homo floreciensis, somos nosotros – unos evolucionados y otros no tanto – que andamos por aquí sin destino conocido y la gran mayoría dedicada fundamentalmente al envío de wasap, e-mail y sms. Y también a otras cosas que tienen que ver con el sufrimiento de la economía, la política y el potaje de berros.

Nuestros antepasados vivían en cavernas – por ello se denomina cavernícolas en algunos casos a aquellos que se reúnen en Consejo de Ministros, Congreso, Senado, instituciones autonómicas, Fiesta Nacional, Toros embolados, Toros lanceados, eventos en los que se lanzan cabras desde campanarios y otros sitios de culto, para decir tonterías y llevarnos a la ruina a través de tejemanejes, endeudamientos y oscurantismos (ya saben que lo negro va ligado a Drácula y Lucifer), mientras la sociedad civil espera cada cuatro años que caiga el maná y se nos llene el patio de oro y huríes – . Decía que los retatarabueletes se acomodaban en grutas y, desde allí, fueron viendo, asombrándose, inventando cosas y progresando. Yo, personalmente, y ya cuando estábamos  en el siglo XX, estaba absolutamente de acuerdo con Luis Racionero en que el progreso ha sido “decadente”. Es decir, avance tecnológico y desastre cultural y humano. Echen un ojo a las guerras, hambrunas, movimientos migratorios, enfermedades … que pueblan la tierra. Al respecto, podríamos decir que el ser humano es el menos humano de los seres humanos. Baste con advertir que, cuando se logró acabar con los depredadores – todas las especies los tienen – nuestros vejetes comenzaron a depredar a quienes se iban encontrando por el camino y que tenían su misma morfología. Es en esa dinámica de actuación cuando vemos que desde la pedrada al misil balístico intercontinental y la fisión nuclear se recorre un importante camino y, por la otra banda, las barbaridades más espeluznantes se cometen en nombre de religiones, sectas, asociaciones, corporaciones, mercados y globalizaciones. Por cierto, la pedrada sigue vigente con la lapidación y a ella se añadieron otras burradas como la infibulación y el tráfico de órganos de niños, por ejemplo. También se produjeron cambios estéticos: la guillotina que dejó a Luis XVI descabezado, Francia convertida en República y generó la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano (ahora en estado latente de conservación), la guillotina, decía, ya no incluye tanta parafernalia ni liturgia. Estamos en crisis. Se coge un teléfono móvil de última generación y se filma un vídeo 'político' al estilo de las películas snuff. Con cabezas rodando como si hubieran sido despejadas por Messi o Cristiano. Si es cristiano, peor  obviamente.

Como los políticos 'plastas' son ahora políticos 'plasma', pues tenemos pantallas para ver atrocidades y televisión hedionda, de modo que no voy a extenderme en cuestiones de cafres y antropologías, que Levy Strauss y otros lo hacen mejor y con más rigor. Sí decía en el título que esta especie, el ser humano, nuestra especie, es una especie muy especial. Hace semanas que paso bastante tiempo entre el andar ciudadano, cosa que antes no hacía porque siempre iba con las prisas propias de la profesión periodística. Y me he apercibido de que el personal tiene perros en cantidades industriales. Aquí en Canarias, allí en la España resquebrajada y allá en todo el planeta. Obviamente, en algunos países más que en otros. Nótese que si un chino se lleva a casa un perro, la noticia debe ser tratada con mucho cuidado. El destino del canis es bastante incierto. ¿Acabará jugando con los niños o en el chop suey? ¡Que se resuelva el asunto por la vía diplomática y mucho mejor si es antes de que la economía amarilla reviente como la burbuja española pero a lo bestia! Ustedes conocen perfectamente aquella frase que en un maravilloso discurso, un poco más corto que los de Fidel Castro, lanzó Mao a la muchedumbre arrimada e incluso colgada de la Gran Muralla para ver a su ídolo: “Pólvora sois y en pólvora os convertiréis”.

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Cuentan de un país imposible

Se acercan las Generales, que son cosas de dimes, diretes, encuestas, sondeos, yo dije, tú dijiste, él dijo, caras vintage, rostros de última generación, papeletas, urnas y votos. Se acercan como los Magos de Oriente y la sociedad civil espera que de la denominada por los más cursis fiesta de la democracia surja el oro, el incienso y la mirra que sustituyan ese gran desastre llamado crisis por aquel Estado del Bienestar que la gran mayoría no recuerda y que una minoría intenta que no se recuerde. Algo así como aquello de la civilización del ocio, que nunca nadie llegó a presumir que sería no un ocio realizador del ser humano sino una gran sucesión de lunes al sol por ausencia de trabajo y sus deprimentes y crueles desastres colaterales.

Se acercan las Generales y las promesas que, a posteriori, casi siempre devienen incumplidas salvo error u omisión. Ellas, las Elecciones, son en realidad un continuum, de tal modo que, cuando unas terminan y se concelebran los pactos post electorales, comienza el trabajo   político para las siguientes. A cuatro años vista, aunque algún incrédulo entone el largo me lo fiais como señal de lejanía. Es evidente el crecimiento del kilometraje entre los ciudadanos y sus gobernantes. Eso no lo niega nadie. De modo que, mientras de una parte siempre se reclaman cambios, de la otra – al menos desde la Transición hasta ahora – de lo que se ha tratado es de efectivamente hacer los convenientes cambios para que no cambie nada. Y fluye el tiempo como dijera Heráclito de Éfeso, no recuerdo bien si cuatro o seis siglos antes de Cristo. Y pasan brisas, tormentas, nubes y vientos mientras el personal vive si puede vivir. Al estilo de Santa Teresa de Jesús pero cambiando excelso misticismo por aguado potaje.

Hace mucho tiempo que estoy convencido de que en nuestro país no estamos ante una crisis – en otros, sí – sino ante un desastre estructural y general de tal magnitud que sólo queda el espanto para refugiarse. Los que se han acercado a la Ciencia Política o han acechado entre bastidores, conocerán aquella frase del canciller Bismark: “España es el país más fuerte del mundo. Lleva siglos intentando destruirse y aún no lo ha conseguido”. Efectivamente, aquí hemos tenido invasiones y agarrones a espada, fusil y garrote en grandes cantidades, con los consecuentes mestizajes humanos y paisajísticos que nos han llevado a ser lo que somos, aunque el Toro de Osborne presente en estos momentos cierta desnutrición, la carne procesada nos amenace con el cáncer y el pata negra cinco jotas se lo lleven los japoneses, los chinos y los americanos. Por aquí, por la tierra de Pedro Cabrera dolor de insularidad, ha pasado hasta La Pepa, que ya saben ustedes que unía el Puerto con Vegueta atravesando arenas que hoy son calles y edificios en el itsmo.

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