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Pasión de huracanes y canchanchanes

En vez de hablar exprimiendo el español acerca de esas cosas y casos ligados al sofisma, la codicia, la estupidez, la imbecilidad y vaya usted a saber, sintetizaré todo de tal manera que, afirmo, en nuestros días es el canchanchán la medida de todas las cosas

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Huracán Irma, a su paso por República Dominicana. (EFE).

Huracán Irma, a su paso por República Dominicana. (EFE).

Suupongo que será tremendo el cabreo del feminismo radical porque al más devastador de los huracanes se le haya puesto de nombre – no bautizado, que el potaje de vientos y olas va de laico – se le haya llamado Irma, advierto. ¡Mal hecho! Debió ser conocido como Irmo y, una vez exhumado el cadáver de Billy Wilder al modo daliniano, sentenciarlo de manera inmediata – por acoso psicológico – a cambiar Irma la dulce por   Irmo el pastel, aunque el asunto de este monstruo de la Naturaleza, vómito de Poseidón y Taranis, no va de chuches, golosinas, chantillí, bizcochones – están en el imaginario y la expresión popular – hojaldres, guateques, ventorrillos y bochinches o guachinches sociedad limitada. En el catálogo estético del mega-realismo catastrofista sí podría entrar perfectamente. Es posible que James Cameron se anime.

Billy Wilder fue un auténtico huracán del celuloide  que, aparte de rodar   El apartamento, también con Shirley McLaine y Jack Lemmon, un film mítico, realizó geniales películas que todo el mundo debería ver. Como no estamos ante una crítica de cine, abandono el mundo de las estrellas, no sin antes contar dos anécdotas que siempre me han encantado. En un momento dado,   Shirley McLaine  dijo lo siguiente: “Mi hermano se ha acostado con todas las actrices de Hollywood, excepto con la perra Lassie. El hermano es   Warren Beatty. En otra ocasión, le preguntaron a Joan Collins si era cierto que hacía el amor con Warren siete veces diarias. Ella respondió “quizá él sí, pero yo sólo me limitaba a estar ahí tumbada”.

Con la globalización y otras palabras de acepción clara pero ambigua puesta en escena, ya todos los caminos no conducen a Roma … Y no importa demasiado, porque Cinecittà agoniza como en Venecia el compositor Von Aschembad de la mano de Thomas Mann. Ya no están ni Visconti, ni Fellini, ni Pasolini, ni Vittorio de Sica, ni Roberto Rossellini, ni muchos otros que hicieron arte antes de que, en términos generales, el cine se convirtiera en una industria manejada por ordenadores. Todos los caminos no conducen a Roma, pero muchos de ellos sí resultan afectados por la sangre, la devastación y la muerte. Que veníamos de   Irma y hasta aquí hemos llegado.

Soy ese vicio de tu piel … Soy lo prohibido

alt tormenta tropical cindy

Durante siglos, el bautismo de los huracanes se correspondía con el nombre del santo del día en que manifestaban su poder de destrucción. En 1825, por ejemplo, el huracán de Santa Ana sería recordado por azotar Puerto Rico un 26 de julio. En 1953, en Estados Unidos, cambiaron una vez más las reglas y se quedaron sólo con nombres femeninos. En 1978 comenzaron a intercalar otros nombres y, finalmente, en 1979 la Organización Meteorológica Mundial decidió revisar la norma y tomar nombres de ambos géneros. En un estudio publicado en National Academy of Sciences, titulado Female hurricanes are deadlier than male hurricanes (“Los huracanes femeninos son más mortíferos que los huracanes masculinos”), los científicos de la Universidad de Illinois y de la Universidad del estado de Arizona midieron estadísticamente los fenómenos climáticos bautizados con nombre de mujer y de varón desde 1950 a 2012 y llegaron a la conclusión de que los primeros causaron 45 muertes, frente a las 23 que dejaron los segundos (casi el doble). Lo que encontraron fueron factores sociales y creencias populares ligadas a estereotipos. “Cuando la gente se imagina un huracán femenino es menos probable que busque refugio. El estudio muestra un sexismo implícito que influye en nuestras decisiones”, expresó Sharon Shavitt, una de las autoras. Es decir, hay un valor asociado: nombre masculino, mayor agresividad. Pero la confianza en que el femenino sería “más apacible” terminaría generando el efecto contrario. “Aunque se considera que usar nombres de personas para los huracanes es más claro, esta práctica también se topa con estereotipos de género que pueden tener consecuencias mortales”, argumenta el estudio.

(Diario Clarín. Sección Entremujeres)

De arrogantes, presuntuosos e incompetentes 

En los años 400 antes de Cristo, un tal Protágoras montó el ídem con su fina retórica, al afirmar que el hombre era la medida de todas las cosas. Incluidos los metrosexuales y todos aquellos que tuvieran algo que ver con el Sistema Métrico Decimal, implantado por vez primera en forma legal durante la Revolución Francesa. No comenzó muy bien. Aunque poca gente lo sabe, Luis XVI lo apoyó con vehemencia, aunque luego perdió la cabeza por su amor en la guillotina (Robespierre: “ El rey debe morir para que viva la nación”). En aquellos momentos en que Jesús no había presentado siquiera las cartas credenciales como embajador del Altísimo, los sofistas, banda capitaneada por el griego de Abdera, no andaban con mochuelo alguno sobre sus espaldas. Eran respetados y escuchados. Hasta que llegaron Platón y Aristóteles a fastidiarles la fiesta. A partir de entonces, el sofisma, que comenzó como un razonamiento filosófico más, adquirió el carácter peyorativo que tiene ahora y se encarga de cultivar con gran mimo y dedicación la denominada   clase política, la clase con menor clase si generalizamos. La Real Academia de la Lengua lo deja claro. Sofisma:   Del latín sophisma, y éste del griego σόφισμα: sóphisma. Razón o argumento falso con apariencia de verdad. Se conoce como sofisma al argumento o raciocinio falso, formulado con la finalidad de inducir en el error al adversario. En cuanto a su etimología, el vocablo proviene de la palabra “sofista”, y ésta de origen griego “sophía” que significa “sabiduría” y “sophos” que expresa “sabios”.

Luis XVI, creía que el hombre era la medida de todas las cosas. (Wikipedia).

Luis XVI, creía que el hombre era la medida de todas las cosas. (Wikipedia).

Este verano que se va como todas las estaciones que vuelven siendo otras cada vez más cambiadas, ha sido canícula donde ha gobernado el sofisma de manera muy contundente, en una especie de potaje del que todos hemos comido. Uno de los potajes con más ingredientes y heterogeneidad que he vivido desde que vivo viviendo en mi sin esperar dicha de ninguna otra clase que la que proporciona la palabra y el pensamiento. Me quedo, sin duda, con el de berros de mi madre.

El otro día me recomendaba un señor de los que comentan lo que uno escribe, me recomendaba que fuera “más austero”, tal vez sin conocer lo que Gustave Flaubert entendía, y entiendo yo asimismo, por austeridad en el lenguaje. Uno es el que es, pero hoy voy a hacerle caso y no entraré en la historia de la Filosofía desde Protágoras hasta la esquina. Ni falta que hace. Así, me voy a enganchar del lenguaje canario y, en vez de hablar exprimiendo el español acerca de esas cosas y casos ligados al sofisma, la codicia, la estupidez, la imbecilidad y vaya usted a saber, sintetizaré todo de tal manera que, afirmo, en nuestros días es el canchanchán la medida de todas las cosas. Dejaré para otra ocasión el interesante debate sobre si el tamaño importa o no.

El caso es que el vocablo canchanchán tiene numerosas acepciones – madre no hay más que una y a ti te encontré en la calle – y, fundamentalmente, dos razones para existir, según señalan aquellos que se han dedicado a estudiar hermosas palabras que, contando con el nacionalismo de baratija y todo, van desapareciendo, con gran pena por mi parte y la de otros muchos. Hay quien dice que un canchanchán en Canarias es “un chorizo, un ladrón, o un oportunista”. Y sostiene, además, que el término proviene de la frase inglesa “Catch all you can!” (Coge todo lo que puedas)…   Po zi  Pudiera ser.

Hay otra versión que sostiene que en Canarias llamamos canchanchán “a la persona poco competente en un oficio o profesión, y, por extensión, al que hace las cosas al taponazo o las deja a medio hacer, no pensándolas ni previendo consecuencias”.

Finalmente, una tercera teoría entiende que canchanchán. Fanfarrón(a), Matado(a), es una persona arrogante y presuntuosa que luego cae estrepitosamente por su propia actitud. Según esta tesis, la palabra vendría del inglés Can John jump? /kanjonjamp/. Visto lo visto, es evidente que uno debe negarse rotundamente a pasar por el vivir como un canchanchán y, a más a más, no codearse con ellos ni dirigirles palabra alguna. Como tantas veces han señalado los sabios, ignorar es   una de las estocadas más fulminantes.

Sin embargo, aunque esa gesta parece fácil, no lo es en absoluto. ¿Razón? El canchanchán está unido a la fama y los medios de comunicación de manera incombustible e inasequible al desaliento. Es bicho que te encuentras de frente en titulares y fotos una y otra vez, día tras día, hasta que el techo de tu casa, los cielos de la ciudad y la atmósfera del globo terráqueo se convierten en un brutal cúmulo paradigma del tedio más espantoso.

Acerca del temario, que ya ha comenzado el curso escolar

Como el castellano de Machado, aquel que llegaba al aburrimiento hasta con el humo del tabaco, última etapa de la supervivencia, uno llega a   estar harto ya de estar harto ya me cansé de preguntarle al mundo por qué y por qué. Y que los dedos se rebelan y se niegan a obedecer al cerebro. Que no quieren pulsar teclas para hablar de los mismos nombres, temas, debates, oscurantismos, pasteleos, mamoneos y canchanchaneos. Prefieren las teclas de un piano o las cuerdas de una guitarra. Y los dedos se revuelven y miran a los ojos. Pregúntate, te dicen, si no eres cómplice cuando prestas tus letras a quienes merecen únicamente silencio porque su ausencia es exquisita. Paradójica y difícil situación para el escribidor de aconteceres en un mundo complejo pero de una simplonería aplastante. El problema es personal y no está destinado al lloro sobre los hombros del lector. Sí a la reflexión y la filosofía.

Mientras llega la luz, existen vericuetos en los que uno tal vez si puede margullar sin riscarse en los barrancos del tópico y el lugar común. Aquí dejo una lista … y seguro, seguro, que faltan muchas cosas:

  • ¿Por qué no se explica con claridad al ciudadano el asunto móvil de la Metroguagua?¿Es necesario endeudarse para abordar una obra bastante cuestionable?¿Qué estimaciones de circulación de personas aconsejan esa bestial inversión?¿En qué infierno quedará la calle Pio XII y sus   chaslenes? Y todo eso por muchísimo más de medio peso.
  • ¿Por que no se dice ya de una vez que lo de la diversificación de la economía canaria es una saga más torpe que la de Rambo? Que la entelequia no mejora las condiciones de vida de la sociedad civil.
Comienzan los trabajos para la MetroGuagua de Las Palmas de Gran Canaria

Comienzan los trabajos para la MetroGuagua de Las Palmas de Gran Canaria ALEJANDRO RAMOS

 

  • ¿Por qué no es explica claramente que, aunque la denominada crisis se considere pasada (sólo en base al crecimiento del PIB), tenemos una situación estructural calamitosa?
  • ¿Por que no se advierte que estamos en el comienzo de una desaceleración económica y que las variables socioeconómicas no van a cambiar.   Que se estan revisando a la baja todas las estimaciones de crecimiento?
  • ¿Por qué los políticos no entienden que no hay nada eterno.   Ni siquiera el turismo?
  • ¿Por qué, por qué los domingos por el fútbol me abandonas?

Hay muchos más porqués pero, por qué citarlos si son evidentes.

Epílogo

Dejo unas palabras que me hacen sonreír. La mayoría de las que escucho y leo son para llorar. De pena. No sólo por ellas mismas, que no, sino por los que las pronuncian. Estas, las de aquí abajo, quisiera que no se fueran nunca. Las otras, ojalá no vuelva a escucharlas. Me cansan ya demasiado. Debe ser algo relacionado con la   Plurinacionalidad.

  • Autodate.  Tipo de papas (de   up-to-date).
  • Bisne.  Negocio (del inglés   business).
  • Boliche.  Canica o vidriosa (del inglés   ball age  /bó:lich/   en edad de juego).
  • Bolichón.  Canica o vidriosa grande (del inglés  ball age /bó:lich/  en edad de juego).
  • Boncho.  Fiesta (del inglés  bunch).
  • Canchanchán.  Fanfarrón(a), Matado(a), Persona arrogante y presuntuosa que luego cae estrepitosamente por su propia actitud (del inglés  Can John jump? /kanjonjamp/ ¿Puede saltar   er titi?).
  • Cambuyonero.  Persona que se dedica a la compra/venta de artículos de dudosa procedencia. Antiguamente eran las personas que se acercaban a los barcos extranjeros que llegaban a puerto para intercambiar mercancías ( come on, buy on!).
  • Creyón.  Lápiz de color (del inglés  crayon / kreion/).
  • Chanse.  Dar la oportunidad (del inglés  chance).
  • Choni.  Extranjero, turista (de   Johnny).
  • Concretera.  Hormigonera (de hormigón  Concrete).
  • Empichar.  Asfaltar (véase  Piche).
  • Esmoche.  Choque de dos vehículos. Procede del inglés   smash  = estrellarse contra algo.
  • ¡Foz!.  Expresión de asco o repugnancia (del inglés  Faugh! /fo:/).
  • un Fisco de.  “Un pedazo de … queso, queque, etc.” (del inglés  a piece of … cheese, cake, etc. /a fí:sof/). En la isla de Gran Canaria se suele oir “un Pisco de …”
  • Fonil.  Embudo (del inglés   funnel).
  • Fule.  Engaño o estafa (del inglés   Don’t fool us!  /dount fules/¡No nos engañes!). Expresiones como: “Esto me huele fule”, “Ten cuidado, es un fule”.
  • Guanijei.  Copa de wisqui ( one haig).
  • Guagua.  De la expresión  viajaremos en un vagón  ( in one wagon /in wánwag/). Probablemente traída desde Cuba, Puerto Rico o la República Dominicana por la emigración canaria retornada.
  • Guanajo.  De la expresión  quiero ir ( I wanna go /wanago/). Probablemente, el canario interpretase: “Yo soy Guanajo” en lugar de “Yo quiero ir”.
  • Guachinche.  De la expresión  Le observo ( I’m watching you /aim wachingye/) cuando los ingleses venían a probar y comprar el vino de malvasía y se le montaba un medio tinglado o tenderete. Aquí, probablemente, se le entendía algo así como: “¿Hay guachinche?”.
  • Piche.  Asfalto, chapapote (del inglés  to pitch lanzar, tirar).
  • Pulover.  Jersey, suéter (del inglés  pullover).
  • Queque, Bizcocho, bizcochon  (del inglés  cake).
  • Quineguas, Chineguas o Kineguas.  Tipo de papas que se importaba desde Inglaterra en cajas con las palabras  King Edward, y que terminó por castellanizarse.
  • Moni.  Dinero (del inglés  money).
  • Naife o Nife.  Cuchillo canario (del inglés  knife /naif/).
  • Suéter.  Jersey tipo sudadera (del inglés  sweater /’swete/).
  • Tenis.  Zapatillas deportivas (del inglés  tennis shoes).
  • Todate. Tipo de papas que se importaba desde Inglaterra en cajas con las palabras  To date.
  • Trinque.  Bebida (del inglés  drink).
  • Winche.  Motor eléctrico (del inglés  winch).
  • Tifar.  Robar(del inglés  thief), se utiliza en el lenguaje coloquial.
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