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Sinfonía Patética de CC en 'nacionalismo bemol'

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30 de Mayo de 2016. 30 Pradial, según el Calendario Revolucionario Francés. No es mal momento para la reflexión, no. En primer lugar, un abrazo fuerte para todos los canarios, dejando claro que, aunque Canarias y canarios parezca lo mismo, no lo es. Los ciudadanos conforman la sociedad y Canarias la definen los que gobiernan. En los últimos tiempos, y alternando PP con PSOE, los autodenominados nacionalistas de Coalición Canaria. Sepan - que todo esté clarito como se ven las aguas de la Playa Chica de noche - sepan que no pertenezco ni he pertenecido jamás a ningún partido político ni sindicato. Por lo tanto, ni hago proselitismo ni pido el voto para nadie. Trato de narrar lo que veo desde el rigor, la ética, la deontología y claro que desde la opinión, porque esto es un artículo que va en el periódico bajo ese vocablo, casi sinónimo de libertad de expresión: Opinión. Es decir, la mía, la que refrenda mi firma, sin ser parte de voces de su amo ni súbdito ni siervo de nadie. Lo dicho: un fuerte abrazo para todos los canarios. Los de verdad. Los que aman a su tierra y a su gente, no aquellos que consideran a ambas fuente de saqueo. Mis pensamientos en especial para los que están sin trabajo, sin casa y bajo el umbral de la pobreza y en la miseria. Su dolor no me es ajeno. Lo tengo muy presente cuando cojo la pluma.

El Día de Canarias, en la práctica, sólo es una prolongación del delirio y el torpe boato de una coalición nacionalista (?) que ya ha encargado un Smart – con plan PIVE y financiación a 60 meses - para transportar a su electorado. Cuando se gobierna, se adquiere una responsabilidad, una grave responsabilidad y, aunque en España no hay posibilidad de revocar a los diputados, sean autonómicos o nacionales, éstos deben responder a la ciudadanía de su gestión. Y la gestión se mide con datos y resultados, quitando las envolturas de palabras huecas, discursos sin sentido alguno y múltiples despropósitos. Obviando los cantos al sol, que pronto llegará la panza de burro, y las frases grandilocuentes que vienen repitiendose desde que fuera alumbrado – con escasez de luces – el Estado de las Autonomías. De datos hablaba y en datos andaba, cuando me viene que ni pintado el reportaje del compañero Enrique Bethencourt para refrendar y dar fe de lo que yo pensaba, pienso y observo. Y dice don Enrique estos decires, apoyados con el gráfico correspondiente: “ Coalición Canaria ha ido perdiendo apoyos convocatoria tras convocatoria en las generales celebradas desde el año 2000 hasta diciembre del pasado año. Sólo se mantuvo del 2008 al 2011 por la alianza que estableció con NC para esos últimos comicios. De los 4 diputados de 2000 ha pasado al único acta de 2015, la de Ana Oramas por la circunscripción de Santa Cruz de Tenerife. En los comicios generales de 2000, Coalición obtuvo el 29,56% y casi 250.000 papeletas. En 2004 bajó al 24,33% y en 2008 al 17,49%. En 2011, convocatoria en que los nacionalistas de CC y de NC concurrieron unidos, alcanzaron el 15,47%. Y en las recientes de diciembre de 2015, CC logró el 8,24% y 81.750 votos, perdiendo, por tanto, veintiún puntos y 166.000 votos con relación a las generales del año 2000”.

A mi juicio, las cifras, de las que nunca abuso, sirven para apoyar juicios con aportaciones definidas y objetivables, y no para edulcorar discursos que se desmontan de inmediato con una sola aportación: Canarias está y ha estado siempre, en todos los índices socioeconómicos más crueles y malevos, siete u ocho puntos por debajo de la media nacional. Alguien tendrá que ver algo con el asunto, digo yo. Y alguien deberá sacar alguna conclusión acerca del rotundo fracaso de una coalición nacionalista (?) que no tiene nacionalismo alguno detrás porque los ciudadanos le han dado la espalda. Es realmente escandaloso que CC hable de “centralismo y partidos centralistas” cuando ha sentado sus posaderas en la poltrona gracias a pactos anti natura hoy contigo y mañana sin ti pero con el otro de enfrente.

Seguro que conocen la emocionante Sinfonía nº 6 en si menor, op. 74 , Patética , del compositor ruso Piotr Illich Tchaikovsky. Esa sinfonía es la última que compuso - fue escrita entre febrero y finales de agosto de 1893 - y que dirigió él mismo en su estreno en San Petersburgo el 16 de Octubre de 1893. Nueve días después, el genio moriría. Un genio que condensó en su último trabajo una personalidad aterradoramente compleja cimentada en una homosexualidad reprimida y un casi constante estado depresivo. CC no ha muerto, de momento – a alguien le interesará que siga viva – pero desde el año 2000 viene escribiendo también su particular sinfonía patética. No ha elegido la tonalidad de si menor, como Tchaikovsky, sino que ha optado por la del nacionalismo bemol, que resulta de bajar medio tono al nacionalismo. No voy ahora a ponerme a consultar hemerotecas para apoyar las evidencias, pero esa obra previa al rigor mortis tiene una melodía en la que pueden observarse auténticos momentos de climax: Paulino Rivero volando en helicóptero del Servicio Canario de Salud con código de emergencia para reunirse o cenar, no recuerdo, con la prensa; el caso Las Teresitas o Vía Crucis de Miguel Zerolo; los tejemanejes en el entourage de la Sanidad – ahora en los papeles y en la red – y, lo último, la vergüenza que causan las constantes declaraciones de la señora Ana Oramas, desesperada ante su más que posible adiós al Congreso y el pecunio ad hoc. Oramas, que fue el único escaño de CC antes de 1880 – al turrón me refiero – se reunió de inmediato con Felipe VI para advertirle contra Podemos e indicarle cómo debería caminar España hacia el futuro. Lo último que he leido de ella, aparte de los constantes y cansinos cantos a la defensa de Canarias, debería registrarse en la antología del disparate y, a ser posible, enviada la grabación al espacio por si la encuentran extraterrestres camino de las vacaciones de verano. Y dijo Ana: “Lucharé para que las mujeres canarias no sigan soportando sobre sus espaldas el peso de la crisis”, cuando todo el mundo sabe que el peso de la crisis no sabe de sexos. Y si no ha provocado un auténtico desastre es por los pensionistas y la economía sumergida. Lo que sí conoce perfectamente Oramas es que las mujeres de Tenerife la adoran – hasta en los sex tupperware está presente – y sabe de sobra que es preciso dar un empujoncito acudiendo al tópico y al rédito barato que siempre se obtiene aliñando cualquier tema con las diferencias de género.

Dicen por ahí que Nueva Canarias, con los arietes Antonio Morales y Román Rodríguez, va a ser el partido que recoja el nacionalismo de timple y pandereta de CC y le dé el caché necesario para, no sólo abandonar el ridículo, sino cambiar la faz a estas preciosas islas y a sus sufridas gentes. No digo nada porque, cómo saber no puedes del mañana … Escribí, no ha mucho tiempo, cuando escuché el último Debate sobre el Estado de la Nacionalidad, que, pasando kilo y cuarto de ideologías, la única persona que allí en Teobaldo Power me pareció que tenía algo que contar era Mr. Román. Entonces, Clavijo estuvo flojo de remos, y Antona, cuando aún Soria no se había empapelado a la panameña, no dijo sino más de lo mismo dicho cuando el PP decía lo mismo que dijo. Ahora, se dedica a insinuarse a CC enseñando la rodilla, dado que con la sociademocracia la comunión o cópula nacionalera parece que se ha muerto de tanto usarla. Decía que Clavijo estuvo con cierto aire pusilánime y conformista en aquel debate illo tempore, por lo que sus últimas manifestaciones: “No hablemos mal de la burra, que no la vendemos”, no me han causado sorpresa alguna. Casan a la perfección con la política de su partido. Es decir, no hay que señalar que tenemos problemas con la obsolescencia de muchos alojamientos turísticos. Hay que callarse y dar gato por liebre. La cuestión es “vender la burra”. Aunque sea de plástico. Y así se construye el futuro.

Que es Día de Canarias y me voy a comer un sancocho de cherne. Como debe ser. Y, ante un buen sancocho, las neuronas se van a descansar, las papilas gustativas viven alegrías inusitadas, el esófago es el Orient Express y el estómago se convierte en paradigma de la alegría y el agradecimiento. La rica salsa canaria se llama mojo picón. Que también le voy a poner al asunto que me traigo entre manos junto al platito de gofio escaldao. Dejo a Pedro García Cabrera que se despida por mi:

Un día habrá una isla
que no sea silencio amordazado.
Que me entierren en ella,
donde mi libertad dé sus rumores 
a todos los que pisen sus orillas. 
Solo no estoy. Están conmigo siempre 
horizontes y manos de esperanza, 
aquellos que no cesan 
de mirarse la cara en sus heridas, 
aquellos que no pierden 
el corazón y el rumbo en las tormentas, 
los que lloran de rabia 
y se tragan el tiempo en carne viva. 
Y cuando mis palabras se liberen 
del combate en que muero y en que vivo 
la alegría del mar le pido a todos 
cuantos partan su pan en esa isla 
que no sea silencio amordazado”. 

(Las Islas en que vivo. 1971)

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