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Bajo la calima de un irrespirable hedor

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Miguel Zerolo, principal acusado del caso 'Las Teresitas'. (Canarias Ahora).

Miguel Zerolo y la playa de Las Teresitas. (Canarias Ahora).

Y avanza la tecnología, que es un primor, y de nuestras élites castatramadas comienza a salir mierda. Excrementos como lava incontenible del cráter de un volcán llamado corrupción. Un volcán más terrible que el Krakatoa, siempre en erupción y nacido de una transición funesta que, si bien nos llevó a una Europa hoy muy cuestionada y a un relativo bienestar (impresionante deuda mediante), nos viene sodomizando desde 1978. ¿Taca, taca o muerte …? ¡Muerte! … Vale, pero primero un poco de taca, taca. Ese escenario tiene un nombre más que evidente: sistema corrupto de partidos en el que no existe separación de los tres poderes clásicos y esenciales del Estado: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Así que, desde cielos despejados o con panza de burro, baja un tremendo hedor del alba al ocaso, mientras una criminal tela de araña se deshilacha y, al mismo tiempo, intenta recomponerse. Ya los jueces no dudan a la hora de describir los más aberrantes casos como fruto de organizaciones mafiosas perfectamente coordinadas y con tentáculos en todos los estamentos sociales. De arriba a abajo. De abajo a arriba. La condena a Miguel Zerolo a siete años de cárcel por el caso de Las Teresitas – vivo sin vivir en mí – ha puesto sobre papeles y pantallas la última frase que liga economía (Ignacio González Martín y Antonio Plasencia Santos), política y mafia. El texto lo conocen: “Una trama delictiva jerarquizada”. “Una “trama delictiva” en la que la cabeza era Zerolo, seguido de Manuel Parejo, y cuya base conformaron los extécnicos de la Gerencia de Urbanismo Víctor Reyes y José Tomás Martín, todo para favorecer los intereses de los empresarios que se beneficiaron de la compra y posterior venta del frente de la playa de la capital tinerfeña, Antonio Plasencia e Ignacio González, dueños de Inversiones Las Teresitas (ILT)”.

Democracia y corrupción, pareja de desecho

Una sociedad que camine hacia la democracia – España, aunque se vote, no lo es – sólo puede lograrla eliminando el desprecio al dinero público, el latrocinio, el nepotismo, la oligarquía criminal y el tráfico de influencias, entre otras muchas cosas. Heráclito de Éfeso ya dijo, creo que seis siglos a.C.,  que nada permanece quieto. Que todo se mueve. Así, es una gran noticia para la sociedad civil comprobar que, aunque los órganos judiciales son nombrados por el Poder Ejecutivo, por los partidos, la Justicia con mayúsculas es como la burbuja que siempre sale a flote. De una manera u otra. Un estudio señalaba el otro día que Canarias es la comunidad con más casos de corrupción de España, pero, más allá de lo que atañe al tópico 'territorio fragmentado', un vistazo a los Juzgados en toda la nación y al 'ambiente' en la UE pone de manifiesto que los tiempos están cambiando. Esos tiempos tienen su parte seria, ya que afectan a vidas y convivencia de las personas, pero sería omisión de inteligencia no encontrar el humor en lo que sucede. Y el humor, en la más amplia acepción de la palabra, a mi juicio no es más que filosofía vivificante siempre, cruel muchas veces y blanca en alguna ocasión.

De contenedores y grúas

Cuando comenzó la denominada crisis – aceptación del desastre estructural, para nosotros – era muy habitual ver en los periódicos a múltiples personas buscando en los contenedores de basura algo que echarse a la boca o al hombro. Fueron fotos impactantes que daban, deteniendo el tiempo, el adiós a muchos paraísos que habían venido anunciándose: el Estado del Bienestar, el pleno empleo, la Europa de los Ciudadanos, la redistribución de la riqueza y la longaniza como cadena para amarrar a los pitbulls. De repente, aunque sólo es un decir, cambia el tercio y los tercios – ahora ya no quieren dejarlos ni participar en la Semana Santa – y los sondeos comienzan a señalar que los ciudadanos ibéricos, el color de la pata no es relevante, a menos que se trate de black card, consideran que el principal problema del país es la corrupción, mamandurria, pasteleo, mamoneo, mangoneo y tiro la piedra, escondo la mano y salgo pitando con la pasta. En esa tesitura, comienzan a cambiar las imágenes que ilustran las noticias, porque las noticias cambian y asimismo muta la percepción popular de los enfocados por las cámaras, antes reverenciados, ahora, blanco de escupitajos.

Y vemos al juez más madrugador rebuscando basura de los contenedores del lumpen con el objetivo de hundir a una compañera de profesión. Y advertimos que el presidente del gobierno regional está siendo perseguido por las grúas cual si de vetusto fotingo se tratara. Y a Zerolo mi nombre es Miguel, alcalde de Santa Cruz en sus tiempos, querido por las damas de alta alcurnia, miembro de la gente guapa, a Zerolo mi nombre es Miguel, digo, lo vemos rumbo al talego por apostar por el diminutivo o bajeza, colocando a Teresa de Jesús por debajo de Las Teresitas. ¡Qué vulgar! Zerolo mi nombre es Miguel jugando al balonmano como Iñaki sin princesa bajo el palio del honorable Pujol Ferrusola Andorra y la intensa luz crepuscular. Codo a codo con Rato devenido rata, observando desde la alcantarilla como Mariano va a explicar que nadie da duros a cuatro pesetas y que la cosa nostra es nostra y de nadie más. El Tartufo panameño a sus labores y Felipe con Cebrián en laboro la democracia interna del PSOE, propinando patadas en la popa a Pedro Pedrito Sánchez, en favor de Susana, aquella que siempre tiene la frente muy alta, la lengua muy larga y la falda muy corta, pero carece de ese savoir faire de la ida condesa consorte más paleta a este lado de Río Grande. Y Rita, momificada. Y en el Valle, Francisco. Que a una la inhuman y al otro lo pretenden exhumar a los cánticos de la Internacional o de alguna canción de Lluis Llach. Mi tierra te están cambiando, o te han disfrazao que es pior. Ah malhaya que se ruempa pa siempre mi corazón

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