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La gran perversión

Ya viene uno muy quemado con eso que llaman la clase política, la clase que tiene menor clase si atendemos al funcionamiento de los juzgados

2017 y 2018 serán buenos años para conocer el Infierno de Dante en carne propia – la sociedad civil – y, en carne ajena, la casta gobernante, que vuelve después de dejar el país hecho unos zorros

Y hay un pelotazo en Las Teresitas sin haber nadie jugando al ‘furgol’, y una ley – una ley – para salvarle el cuello a un supuesto presunto delincuente ecológico

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La corrupción, vileza y 'malas artes' conforman las bases de nuestro Estado. (DP)

La corrupción, vileza y 'malas artes' conforman las bases de nuestro Estado. (DP)

Perversión: Envilecimiento o corrupción, sobre todo si son causados por malos ejemplos o enseñanzas. Perversión de costumbres. Sinónimos: perversidad, vicio, desenfreno, maldad, pecado, depravación, inmoralidad.

Corrupción: Soborno o cohecho. Alteración de la forma o estructura de algo. Sinónimos: descomposición, compra, envilecimiento, soborno, corruptela, deshonestidad, putrefacción, podredumbre, peste, depravación, prostitución.

Como desde mis ventanales ni se ve el Universo, ni el planeta entero, ni siquiera la ciudad o el barrio, al igual que otros congéneres me asomo a los periódicos para acercarme a los eventos consuetudinarios que acontecen en la rúa, como pidió Juan de Mairena a uno de sus alumnos, el Sr. Pérez, para que, escribiendo la frase en la pizarra, realizara una traslación al lenguaje poético. Pérez concluyó: “Lo que pasa en la calle”. Y D. Juan de Mairena, maestro de maestros, calificó: “No está mal”. En nuestro caso, en la calle no pasa nada porque pasa de todo. Eso sí, enmarcado en la indolencia, el conformismo y la estupefacción de los más avisados y avispados. En cuanto al lenguaje poético, opino que estaríamos ante un imposible. España puede construirse con los vocablos y sus sinónimos que he colocado al comienzo del texto. Jamás desde la belleza, que es consustancial a la poesía y la sensibilidad. Habré dicho mil veces (en Canarias, cienes de veces) que tal vez hayan sido Unamuno y Valle Inclán, junto a Antonio Machado, aquellos escritores que han definido mejor qué es esa cosa a la que llamamos España. Que llamamos de momento y Dios mediante. Sí. España es dolor y es esperpento. Y también una estructura bífida que ha de helarte el corazón. Si te pilla y tu cuore no está dotado del Sistema Antibacterias Bio Shield.

Miguel de Unamuno, Valle Iclán y Antonio Machado. (DP)

Miguel de Unamuno, Valle Iclán y Antonio Machado. (DP)

Dicen que cuando te topas de frente con el equinoccio de Otoño, línea de salida para que los días comiencen a ser más cortos y las noches más largas, el cerebro lo acusa – sin llevarlo a los tribunales – y cabreado por tener menos sol (sin que Soria, las eléctricas y las puertas giratorias hayan intervenido en el asunto) se lanza como un loco a mandar órdenes a las correspondientes hormonas, de tal manera que comenzamos a producir más melatonina, mientras que disminuye la serotonina. Consecuencia: regulación del sueño, temperatura corporal y ganas de comer, frente a mayor irritación, bienestar general y concentración. No es una cosa grave el asunto, que es una coyuntura vital más. Eso sí, bicho malo nunca muere, aunque jode bastante. Entrado el otoño y caminando por brunos amarillos, marrones, tierras de siena, pardos y parduzcos, ya viene uno muy quemado con eso que llaman la clase política, la clase que tiene menor clase si atendemos al funcionamiento de los juzgados, incluso cuando la Justicia está sometida al Poder Ejecutivo. En fin, que te cansas de decir siempre lo mismo para que todo siga igual. Muchas veces he pensado en cambiar mi apellido Batista por el de Bautista, aquel que predicaba en el desierto y bautizaba en el Jordán. El nombre, sin embargo, no estoy dispuesto a cambiármelo, porque cada 23 de Abril quiero una rosa y un libro … y unos labios, ya que estamos. Que no anda ni anduvo uno para aguantar coñazos, con lo que se hacen difíciles los decires, mientras las hojas caen para transformarse en el humus que contribuirá decididamente al ciclo de la vida. Como en El Rey León. Así, predicando con el ejemplo, que a quien madruga Dios le ayuda, uno mismo coloca en el parato a Yves Montand para que le hable, me hable, nos hable y les hable asimismo a ellos, de les feuilles mortes. ¡Qué preciosa es la lengua francesa!

Asomado a la ventana estaba como si me hubiera pintado Dalí y me llamara Galo. Pero mi ventana, que es amiga de mis vidrieras, es una ventana que no da a la bahía de Cadaqués, que no muestra la perspectiva del ligero oleaje, ni la fuerza de la Tramuntana, ni las barcas fondeadas y matrimoniadas con sus correspondientes boyas, desde los altos de Port Lligat. Mi ventana da al Salto del Negro, que es nombre de barrio y también de basurero. En él vive -en el basurero, no en el barrio- la conocida como España de las Autonomías por los ciudadanos y España de las Autonosuyas por el fenecido Fernando Vizcaíno Casas, que era ciudadano también, pero no de Vizcaya sino de Valencia. La de Rita la Barberá, Camps y El Bigotes. Y creo que no le va mal el otoño a esta nación de naciones, nacionalismos y nacionalidades. El otoño. Por lo que significa de decadencia hacia los fríos que habrán de venir con un invierno gélido. No en este caso por causa del efecto invernadero sino por la gestión criminal de la economía. 2017 y 2018 serán buenos años para conocer el Infierno de Dante en carne propia – la sociedad civil – y, en carne ajena, la casta gobernante que ahora, después de dejar el país hecho unos zorros, volverá con aires renovados al latrocinio y la opresión, ayudada por El País, ese diario que fue ilusión y ahora es pena y lamento. Ese diario que se mueve con los hilos que manejan Juan Luis Cebrián El Académico y Felipe Dios Isidoro González El Colombiano. El poder fáctico que ha logrado transformar al PSOE (pasen de las siglas) en un cobarde conejo. Un conejo que en esta ocasión, sin norte los hurones, defiende que sí, que esta vez sí, que el fin justifica los medios. Y el fin, dicen, es la estabilidad. Abandonando el eufemismo, el fin no es otro que el mantenimiento del denominado régimen del 78, la monarquía y la predisposición a cumplir sin rechistar las terribles órdenes del Fondo Monetario Internacional. Cuando lean estas letras, es casi seguro que encuéntrese Rajoy encadenado al sillón, habiendo deglutido la llave. Y ya llegará el futuro, porque el futuro llega siempre, aunque, en este caso, como negación de su esencia. “ Pobre infeliz. Se paró tu reloj infantil. Una tarde plomiza de abril. Cuando se fue tu amante. Se marchitó. En tu huerto hasta la última flor. No hay un sauce en la calle Mayor. Para Penélope. Penélope, tristes a fuerza de esperar. Sus ojos, parecen brillar. Si un tren silba a lo lejos. Penélope. Uno tras otro los ve pasar. Mira sus caras, les oye hablar. Para ella son muñecos”.

Felipe González y Juan Luís Cebrián. (EFE)

Felipe González y Juan Luís Cebrián. (EFE)

El pacto anti natura

De las Hespérides. Y el pacto anti natura – disfraz propio y en el tiempo del Gobierno canario – mientras debería estar con los Presupuestos, la administración del dinero de los ciudadanos, está siendo menos pacto que nunca, o mejor, igual que nunca, y debate si son galgos o podencos, o presas canarios o pitbull. Pareciera que a ellos les pareciese que lo importante en estos momentos es la atificación del escenario, de modo que CC pueda vender el Smart y adquirir un Porsche Panamera blindado para llevar a los millones de afiliados que se agolparían en sus sórdidas sedes.

Y hay un pelotazo en Las Teresitas sin haber nadie jugando al furgol, y una ley – una ley – para salvarle el cuello a un supuesto presunto delincuente ecológico, que se llevó la tierra que el viento no se llevó. Patientia Plasencia. Clark Gable ha manifestado que él no tiene nada que ver con el asunto y Vivien Leigh ha gritado que no volverá a pasar hambre, al conocer la bajada del desempleo en Canarias, sin que se diga que es una coyuntura meramente estacional, donde se computa hasta a un señor que se agachó para recoger la colilla que otro había arrojado con notable falta de civismo. ¡Oh la Justicia canaria! Que sufre sufriendo en ella porque hay un juez que no duerme. Padece insomnio y siempre ve el Alba. Amanece que no es poco. Y un pobre contribuyente que le da un infarto al volante y arrasa un aparcamiento de motos para empotrarse en un portal. “ Vivo en el número siete. Calle Melancolía. Quiero mudarme hace años al barrio de la Alegría. Pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía. En la escalera me siento a silbar mi melodía”. Y la RTVC – una auténtica sangría económica carente de audiencia y sobrada de jeta – cambia su equipo directivo sin el quorum necesario. Madre no hay más que una, pero un hombre de 63 años se ha cargado a la suya por la vía rápida en una de las calles más céntricas de la ciudad. Y a un cabo – desconozco si corneta o furriel – le entró de repente el yuyu monárquico de Froilán y se ha volado un pie o casi. No sé si lo mandarán a tratar el tema con Marichalar.

Fernando Clavijo, presidente del Gobierno de Canarias. (Parcan)

Fernando Clavijo, presidente del Gobierno de Canarias. (Parcan)

El flequillo de Felipe, el inseguro amigo de Mafalda, es sin duda y por derecho propio el gran protagonista de lo que va de Otoño, que ya vuelven los abrigos, las cazadoras, las botas, los paraguas y los suelos fangosos con sus correspondientes leyes. En una pirueta que va muchísimo más allá del triple mortal con tirabuzón, ha entrado en la Ciencia Política como un elefante en una cacharrería. Montesquieu está desaparecido y a Tocqueville lo llevan buscando como a Dylan. Que ha dicho ese peazo de fistro de flequillo que “la crisis del pacto CC – PSOE no tiene nada que ver con el Gobierno”. Aunque dase la circunstancia que es ese pacto el que face posible que gobierne quien tan sabias palabras ha pronunciado. ¡Max! ¡Ven y llévatelos, que yo sí que estoy viendo las estrellas! Que hay alarma de fuertes lluvias y monotonía de gotas tras los cristales.

Una balada de otoño. “ Llueve, detrás de los cristales, llueve y llueve sobre los chopos medio deshojados, sobre los pardos tejados, sobre los campos, llueve. Pintaron de gris el cielo y el suelo se fue abrigando con hojas, se fue vistiendo de otoño. La tarde que se adormece parece un niño que el viento mece con su balada en otoño”. Y en Canarias y en España llueve. Sobre el Salto del Negro y otras escombreras.

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