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¿Qué ruido del diablo es ese que nos está matando?

Un estruendoso camino infernal que nos conduce a quién sabe dónde

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Mente destruida por la locura y la histeria. (Adar Santana).

Mente destruida por la locura y la histeria. (Adar Santana).

“El buen viajero no deja huella que pueda seguirse. El buen hablador no deja palabras que puedan ser cuestionadas. El buen contable no deja cálculo sin comprobar. El buen cerrajero no deja cerradura que pueda ser forzada. El buen atador no deja nudo que pueda ser deshecho. Así, el sabio cuida a todos los hombres y no abandona a ninguno. Acepta todo y no rechaza nada. Atiende hasta el menor detalle. Así, el fuerte debe guiar al débil, pues el débil es el material de donde hacer los fuertes. Si la guía no es respetada o el material no es cuidado, se origina confusión, no importa cuán inteligente sea uno. Esta es la esencia de la sutileza”.

Tao Te King (Lao Tsé).

Leía hace poco una de las últimas entrevistas realizadas al escritor español Fernando Arrabal. Y ya venía el ruido haciendo lo propio dentro de mi cabeza proponiéndome dejar que el lenguaje le diera protagonismo. De modo que, leyendo a Arrabal, mucho más conocido por la tremenda tranca de la que hizo gala en un programa televisivo de Sánchez Dragó que por sus escritos pánicos y la peregrinación que mantiene por entornos patafísicos de los que dice no saber siquiera qué cosa es esa, decidí coger la pluma pero sin orgullo de tipo alguno. A mi juicio, prudente como soy ante esa rama de la ciencia tan cercana a las extremidades inferiores de los animales y de algunos seres inhumanos, la patafísica estaría ligada al delirio cuantico, la imaginación desbocada y a pentagramas africanos tangentes en origen a Miriam Makeba. No olvidemos que Fernando nació en Ceuta, creo que a mediados de agosto de 1932, cuatro años antes, mes más mes menos, de que el general Franco se alzara con el Alzamiento. Al cabo, en la mente del dramaturgo, la indefinida y aún indescifrable patafísica sería la continuación de un protocolo intelectual entroncado en ese grupo que constituyen el dadaísmo, el surrealismo y el pánico, que no tienen nada que ver, en principio, con las cantidades industriales de Tranquimazín que el personal se mete entre pecho y espalda. Yo, en mi mismo y en el propio interior de mi físico, cuando escucho hablar de pánico soy poseído de inmediato por El aullido , el poema de Ginsberg que comienza así:

Vi las mejores mentes de mi generación destruidas por la locura, hambrientas histéricas desnudas, arrastrándose por las calles de los negros al amanecer en busca de un colérico pinchazo …” y también por el El grito de Munch, esa obra pictórica ligada en principio al tormento y la angustia. No obstante, ninguno de estos símbolos del arte tienen que ver con los radios y extrarradios del barbudo de las gafas a pares. Allen es beat y Edward, expresionista.

Liquidar a Franco con energía atómica

E iba a hablar de ruido y me fui a buscar en los aludes citados un ejemplo. Así que creo que un ruido excelente hubiera sido, de haber resultado, el abocado por una de las más disparatadas ideas de Fernando Arrabal. Se le ocurrió al hombre liquidar a Paco Franco Bahamonde de una forma muy peculiar. No obstante, para esa obra de arte – ya habló De Quincey de la belleza de matar – necesitaba un cómplice. Había que interpretar la partitura a cuatro manos. Y se fue a por el hijo de Tristan Tzara, que también pertenecía a lo que antes era comunismo y ahora es secta indeterminada y multidisciplinar, para proponerle la acción terrorista. Fernando quería mandarle al dictador algo que tuviera energía atómica, un artefacto distinto a las cacerolas plenas de tornillos de ETA, que iría instalado dentro de un libro de Santa Teresa de Jesús. Supongo que, aunque el escritor no lo ha dicho, pretendía que el Caudillo por la gracia de Dios experimentara ese vivir sin vivir en él por la vía de la desintegración, consiguiendo de paso la primera experiencia con una microcabeza nuclear.

El hijo de Tzara, que nunca conoció a Amancio Ortega, fue el muy gilipollas a contar en el partido el plan de Arrabal, y el grupo político, en vez de partirse de risa, prohibió la acción del comando pánico. Hoy día, Arrabal afirma que el PCE actuó “con muy buen criterio”. Qué gran ruido hubiera sido ese que quedó frustrado para siempre. Hubiera dejado en nada la explosión que subió a Carrero Blanco a una alta azotea dentro de un coche blindado y dejó un gran socavón donde Carmena hubiera ordenado de inmediato construir una piscina para gays, lesbianas y trans – amenizada por George Michael y Los Morancos – corriendo los heterosexuales con la venta de tickets y el trasiego de hamacas y sombrillas.

Polución acústica es más cool

El ruido es una gran jodienda, no en el sentido sexual – aunque hay orgasmos de altos decibelios y hasta barritadas eyaculaciones – es muy jodelón porque se mete en nosotros de tal forma que nos mata sin que nos demos cuenta. Killing me softly with his song . Si un fin de semana, como éste que ha de venir, vamos a cenar con amigos y luego a tomar unas copas, en caso de que el smartphone se quede sin batería, no deberemos jamás hablar de ruido sino de polución acústica. Es decir, la mierda no entra por la nariz sino a través de martillo, yunque, lenticular y estribo. Es mucho más cool lo de polución acústica. Mola … ¡A dónde va a parar!

Gráfica que muestra los efectos que produce el ruido en el cuerpo. (Dominio Público).

Gráfica que muestra los efectos que produce el ruido en el cuerpo. (Dominio Público).

En principio, ruido no era otra cosa que algo que turbara la quietud ambiental. En fin, que imagino a nuestros antepasados en la puerta de la cueva hablando del pastiche IUPodemos, las mentiras rajoyanas , los despropósitos sanchízes y las gilipolleces rivereñas – ¡Qué distintas la Rive Gauche del Sena y las rivieras francesa e italiana – que digo que los imagino allí pensando en que eran unos atapuercos e instando al que dibujaba bisontes a que se dejara de mamarrachadas artísticas y fuera a cazar algo para la cena. De repente, bien se deplomaba un gran peñasco, comenzaba a llover con gran aparato eléctrico o entraba en erupción un volcán en medio de gran estruendo. Fue cuando comenzaron a hablar y, consecuentemente, a pensar – Chomsky, Levy Strauss y otros les dirán más al respecto – cuando, en una ocasión, uno de ellos, feo como Carracuca, dijo: ¡Coño, qué ruido es ese! Y desde entonces hasta hoy, el ruido, entendido como perturbación e incluso masturbación masoca, no ha dejado de crecer. De tal modo que hay hasta ruidos carentes de decibelios que son insoportables ruidos. Un imbécil en silencio, por ejemplo, ya es un ruido tan enervante que, cuando ese no ser nos abandona, apreciamos la exquisitez de su ausencia. Y no digamos un gobierno corrupto, la opresión económica o latrocinio, la represión de la conciencia, la inmoralidad, la mala educación, la falta de clase y mil cosas más. Wilde, como siempre, llega mucho más allá: “ Me gusta la música de Wagner más que la de cualquier otro. Es tan altisonante que se puede hablar todo el tiempo sin que oigan lo que uno dice ”.

Los reinos del estruendo

La aguja del Empire State destaca sobre los tejados de Nueva York. GRACIELA BERRINO

La aguja del Empire State destaca sobre los tejados de Nueva York. GRACIELA BERRINO

El lenguaje, que es una convención siempre modificándose, ha terminado por entender por ruido todo aquello que, de alguna manera nos molesta y – eso lo saben muchas menos personas – llega hasta provocarnos profundos daños. Las olas del mar generan ruidos, pero ya hemos adaptado vocablos más suaves y poéticos a su existir: susurro, arrullo, rumor … Lo mismo ocurre con el fluir de los ríos, las cascadas o los vientos (aunque a veces estos últimos pueden general disfunciones), no digamos con el piar de los pájaros, el ulular de la lechuza e, incluso, los rugidos de algunos felinos. En general, la Naturaleza no provoca malestar salvo cuando se encoleriza. Un tornado, un huracán, una fuerte erupción, un tsunami, un terremoto … son ruidos porque llevan aparejados el miedo a la muerte o la muerte misma. Y la sociedad, tal y como la hemos conformado, es asimismo un ruido incesante y destructor que nos llega por canales físicos y mentales. Las sirenas de las ambulancias y las de la Policía son el colmo del ruido enervante, desquiciante y cabreante. Cualquier marino a vela ha experimentado el descanso que se advierte al alejarse el barco de la costa. La civilización (?) es ruido. Al igual que no apreciamos la contaminación lumínica, no nos damos cuenta de que vivimos de lleno en los reinos del estruendo.

Clínica del ruido

Los estudios clínicos señalan que “aunque el ruido aparenta ser uno de los agentes contaminantes más inofensivos”, nos enfrentamos como seres humanos a varios tipos de efectos:

  • EFECTOS AUDITIVOS

La exposición a niveles de ruido intenso, da lugar a pérdidas de audición, que si en un principio son recuperables cuando el ruido cesa, con el tiempo pueden llegar a hacerse irreversibles, convirtiéndose en sordera. Esta sordera es de percepción y simétrica, lo que significa que afecta ambos oídos con idéntica intensidad.

  • EFECTOS NO AUDITIVOS

El ruido también actúa negativamente sobre otras partes del organismo, donde se ha comprobado que bastan 50 a 60 dB para que existan enfermedades asociadas al estímulo sonoro. En presencia de ruido, el organismo adopta una postura defensiva y hace uso de sus mecanismos de protección. Entre los 95 y 105 dB se producen las siguientes afecciones:

  • a) Afecciones en el riego cerebral.
  • b) Alteraciones en la coordinación del sistema nervioso central.
  • c) Alteraciones en el proceso digestivo.
  • d) Cólicos y trastornos intestinales.
  • e) Aumento de la tensión muscular y presión arterial.
  • f) Cambios de pulso en el encefalograma. 
    1. EFECTOS SOBRE EL SUEÑO

El ruido puede provocar dificultades para conciliar el sueño y también despertar a quienes están ya dormidos. El sueño es la actividad que ocupa un tercio de nuestras vidas y éste nos permite entre otras cosas descansar, ordenar y proyectar nuestro consciente. Se ha comprobado que sonidos del orden de los 60 dBA reducen la profundidad del sueño.

    1. EFECTOS SOBRE LA CONDUCTA

La aparición súbita de un ruido puede producir alteraciones en la conducta que, al menos momentáneamente, puede hacerse más abúlica, o más agresiva, o mostrar el sujeto un mayor grado de desinterés o irritabilidad.

    1. EFECTOS EN LA MEMORIA

En tareas donde se utiliza la memoria, se observa un mejor rendimiento en los sujetos que no han estado sometidos al ruido. Ya que con este ruido crece el nivel de activación del sujeto y esto, que en principio puede ser ventajoso, en relación con el rendimiento en cierto tipo de tareas, resulta que lo que produce es una sobreactivación que conlleva un descenso en el rendimiento.

    1. EFECTOS EN LA ATENCIÓN

El ruido repercute sobre la atención, focalizándola hacia los aspectos más importantes de la tarea, en detrimento de aquellos otros aspectos considerados de menor relevancia.

    1. EFECTOS EN EL EMBARAZO

Se ha observado que las madres embarazadas que han estado desde el principio en una zona muy ruidosa, tienen niños que no sufren alteraciones, pero si se han instalado en estos lugares después de los 5 meses de gestación (el oído se hace funcional), después del parto los niños no soportan el ruido, lloran cada vez que lo sienten, y al nacer su tamaño es inferior al normal.

  1. EFECTOS SOBRE LOS NIÑOS

El ruido es un factor de riesgo para la salud de los niños y repercute negativamente en su aprendizaje. Educados en un ambiente ruidoso se convierten en menos atentos a las señales acústicas, y sufren perturbaciones en su capacidad de escuchar y un retraso en el aprendizaje de la lectura. Dificulta la comunicación verbal, favoreciendo el aislamiento, la poca sociabilidad y además aumenta el riesgo de sufrir estrés.

Finalmente, al igual que se considera ruido lo que dificulta el correcto desarrollo de una comunicación – desde lo físico a la manipulación de los mensajes – distintos grupos científicos, fundamentalmente norteamericanos, han señalado que las sociedades que viven bajo sistemas corruptos sufren patologías en las relaciones de convivencia y también a nivel de las personas en su individualidad. Por ello, hay tanto ‘colgao’ en España y suicidios al por mayor.

Ruido blanco (sin racismo) e iones

Los entornos naturales generan iones negativos, muy beneficiosos para la salud. (Canarias Ahora).

Los entornos naturales generan iones negativos, muy beneficiosos para la salud. (Canarias Ahora).

Espero que nadie me considere racista, xenófobo, fascista o anti inmigrantes si digo que el ruido negro es el malo y el blanco, el bueno. A mí no me preguntaron nada al respecto cuando se estudió el tema y me consta que tampoco a Sergio Leone ni a Ennio Morricone. El ruido negro es el ruido chungo por antonomasia. Es el ruido, aunque no tiene nada que ver con el ragtime, el boogie boogie, el blues, el rock and roll, el jazz y la Casa Blanca. El ruido blanco, por el contrario, aunque no tiene por su parte nada en común con Beethoven, Mozart, List, Mahler, Albinoni, Bach…, es el ruido bueno, el crema, el flama. Es el que nos deja relajados como tras un excepcional masaje. Lo del final feliz o no ya va por cuenta de cada uno.

El ruido blanco es música estudiada para acceder a través del oído a las zonas que convierten en gratificador al cerebro, y también la grabación, para posteriormente escuchar, de sonidos de la Naturaleza generalmente ligados a la emisión de los iones negativos (los positivos no son buenos). Se trata de convocar ondas cerebrales alfa, que están directamente relacionadas con el descanso y el rélax. Son ondas que tienen ciclos situados en los rangos de 8 a 12 Hz, y que, normalmente, se generan en el hemisferio derecho del cerebro o en modo sincronizado entre ambos hemisferios. Las ondas alfa se activan cuando la mente y el cuerpo están completamente relajados y libres de estrés. Según la ciencia médica, las ondas alfa son las ondas dominantes en personas que están relajadas, que son creativas y tienen una mente clara.

Explicado de una manera sencilla, cuando los átomos ganan electrones, se forman los iones negativos que, pese al paradójico adjetivo, ejercen una influencia muy positiva sobre la salud. El mar, fuentes, bosques, cascadas, saltos de agua- un 80% de lo que somos es agua – son una gran fuente de ionización negativa. También las descargas eléctricas de los rayos, la emisión de la radiactividad de la tierra y la función clorofílica de las plantas forman iones negativos.

– Si la atmósfera que nos rodea esta cargada de iones negativos ayuda a que nuestro sistema respiratorio funcione mucho mejor y elimine las sustancias que pueden ser nocivas. Al contrario, cuando los iones son positivos perjudican a nuestro sistema respiratorio y pueden llegar a producirse alergias, asma, bronquitis, etc.

– Un déficit de iones negativos influye en una menor producción de serotonina lo que puede provocar: estrés, insomnio y ansiedad.

  • Un ambiente cargado de iones negativos estimula la actividad sexual e influye positivamente en la fertilidad tanto de hombres como de mujeres.
  • Los iones negativos ayudan a nuestra piel en la lucha contra el acné, la psoriasis, las quemaduras, la cicatrización de heridas …
  • Purifican la sangre. Investigaciones hechas por el Dr. Tanaka en Japón descubrieron que, cuando se introduce la ionización negativa, la sangre se purifica, aumentando su alcalinidad.
  • Restablecen las células. Cuando la cantidad de iones negativos en la sangre aumenta, la función de la célula se activa. Se aumenta el metabolismo y la marcha de la célula se restablece gradualmente.
  • Fortalecen el sistema inmunológico. Altos niveles de iones negativos promueven la producción de glóbulos blancos en la sangre, dando como resultado una mayor resistencia contra las enfermedades.
  • En cuanto a los iones positivos, mejor ni mirarlos. Si ven uno, salgan corriendo. Como yo cuando anuncian “un debate” en televisión.

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