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LAS ANÉCDOTAS DE LA DIPLOMACIA. EDUCACION Y DESCANSO

Si nos paramos a pensar, la idea que se tiene de la diplomacia es la de, típicamente, varón que se pasa la vida dando saltos por el mundo alegremente, con un buen sueldo a final de mes e invitación a todas las fiestas y celebraciones que se precie.

Sin embargo, tal y como dice un proverbio chino, no juzgues a nadie sin antes haber caminado un trecho del camino con sus sandalias, y quién mejor que Fernando Schwartz, diplomático de carrera durante veinticinco años, para ilustrarnos.

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En su libro Educación y Descanso Las Anécdotas de la Diplomacia, el autor nos deja ver episodios de su carrera profesional, a la vez que nos describe pinceladas de la clase diplomática, a ratos excéntrica, otras veces insulsa, estirada o por el contrario, campechana y noble.

Y es que, lo que queda claro al introducirse en sus páginas, es que el diplomático no es un ser clonado a imitación de otro. Hay tantos perfiles como seres humanos en el mundo, y de lo que decíamos al principio, la idea generalizada se difumina para encontrarnos con un joven secretario que trabaja por casi nada mes a mes, un diplomático que se niega a cambiar de destino y se refugia en la soledad de su casa de playa y legión de problemas e inconvenientes, entre otras cosas.

Eso sí, la vida del diplomático resulta entretenida, por decirlo de una manera correcta, cuando tiene que tratar con personas obsesionadas por encontrar un tesoro de un antiguo pariente; cuando aparece una famosa estrella de cine dispuesta a seducirlo con tal de solucionar un problema gravísimo en su casa; en el momento en que se improvisa una cena con un equipo de fútbol, un grupo de modelos femeninas y un sarao flamenco y aparece un taxista musulmán que quiere comprar a una modelo que vive en Barcelona para que sea su mujer…  Es lo que tiene tratar con el público, uno está expuesto a casi de todo.

Luego está el hecho de que el diplomático no se encuentra solo y abandonado en medio del desierto –puede que le toque a uno estar con un embajador, que tan pronto como uno llegue se coja vacaciones, pero solo, solo uno nunca está- sino que cuenta con colegas de profesión.

Según cuenta Schwartz, el diplomático es uno de los pocos seres que sabe perfectamente su lugar dentro del escalafón, y lo que es más importante quién le precede y quién está por debajo. Esto, queridos lectores, facilita la labor para saber quién se va a jubilar antes y, por lo tanto, cuánto le falta a uno para llegar a la tan ansiada promoción, con subida de sueldo y, si es posible, cambio de destino a uno de mejor clase.

Sí, yo también me quedé extrañada, pero resulta que, según comenta el autor, los destinos se dividen en diferentes clases (A, B y C), siendo la clase A algo así como la antigua primera clase en los aviones de Iberia, donde a uno le deleitaban con vino o champán y le tiraban de la levita cosa mala. Ese tiempo ya, tristemente, pasó a la historia. La clase C sería equiparable a viajar en las últimas filas de RyanAir… Creo que entenderán la diferencia.

Volviendo al tema de los colegas –pocos serán compañeros- por encima de todos está el embajador. Este suele ser una figura que se ve poco, odiado por sus subalternos porque tiene “la firma”, y codician su puesto. Luego está una pléyade de cargos intermedios que se encargan de diferentes cosas tan protocolarias –como innecesarias- relativas al estamento y que no desean otra cosa que subir en el escalafón. Para ello harán uso de todo tipo de trucos y artimañas, siempre y cuando no se descubra quién está detrás. Como verán, un nido de serpientes al lado de este escalafón es poca cosa…

 Sin embargo, no todo es un complot tras otro. Hay momentos en los que, si se juntan las personas precisas, se pueden dar situaciones memorables, aunque tal y como indica la frase condicional, esta condición no se da muy a menudo.

Educación y Descanso es un recuento personal y, por lo tanto, subjetivo de diferentes episodios que tuvieron lugar durante los veinticinco años de carrera profesional en la diplomacia española, vividos por Fernando Schwartz.

No se trata de un tratado, ni de pautas a seguir si uno está interesado en formar parte del cuerpo diplomático. Más bien se podría decir que el autor nos muestra escenas de lo que él vivió, con cariño, con dolor, o partiéndose de risa, por lo que su historia resulta muy personal y cercana, y si me permiten añadir, una delicia.

Si tienen un momento no dejen de leer este libro. Les aseguro que verán a los diplomáticos de una forma diferente a partir de entonces.

 

LAS ANÉCDOTAS DE LA DIPLOMACIA. Educacion y descanso

Autor: Fernando Schwartz

Nº de páginas: 192 págs.

Encuadernación: Tapa blanda bolsillo

Editorial: PLANETA

Lengua: CASTELLANO

ISBN: 9788408039914

 

   

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