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CAMPOS DE BATALLA Y CAMPOS DE RUINAS (CRONICAS DE LA GRAN GUERRA)

La Primera Guerra Mundial fue contemplada desde una posición de privilegio por los habitantes de nuestro país, al no ser España escenario de los combates que se desarrollaban al otro lado de los Pirineos.

Cierto es que, a nivel ideológico, académico y personal hubo quien defendió los intereses expansionistas del Kaiser alemán y hubo quien, desde posiciones mucho más liberales, se alineó con las potencias aliadas frente el bando germanófilo. Sin embargo, los únicos que realmente tomaron consciencia de aquella contienda -la que estaba destinada a terminar con las confrontaciones entre los seres humanos- sólo fueron quienes comerciaron con los gobiernos de ambos bandos, a pesar de ser España un país neutral.

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La contienda trajo, además, la llegada de un nuevo concepto de periodismo, el cual ya se había desarrollado durante las contiendas coloniales de Cuba y Filipinas, pero despojado, éste, del componente sentimental y patriótico que empapó aquellas luchas allende de los mares.

Uno de aquellos primeros reporteros de guerra fue el escritor y diplomático guatemalteco Enrique Gómez Carrillo. Hijo del historiador Agustín Gómez Carrillo, su vida estuvo marcada por viajes y por su labor de divulgación, ya fuera como escritor, periodista o traductor. Becado por el gobierno de su país para viajar hasta España, Enrique Gómez Carrillo aprovechará su estancia en nuestro país para conocer Francia y así poder perfeccionar su conocimiento de la lengua francesa. Fruto de aquellas experiencias llegará su nombramiento como cónsul de Guatemala en París, en 1889.

Años después y cuando residía en Madrid, Gómez Carrillo recibió la invitación, por parte del ministro de defensa francés, de visitar el frente y conocer, de primera mano, las vicisitudes del escenario bélico, en primera persona, sin que nadie tamizara lo que allí sucedía. De esta forma y como corresponsal de los diarios El Liberal de Madrid y La Nación de Buenos Aires, el escritor llegó a Francia en noviembre del año 1914, sólo unos meses después del estallido de la contienda y permaneció en el frente hasta marzo del siguiente año.

Acostumbrados como estamos ahora a la inmediatez sensacionalista, a veces torticera y sin demasiado contenido, las crónicas de Enrique Gómez Carrillo sorprenden por lo rico de sus descripciones, por el afán del periodista en describir lo que ve, lo que oye, lo que siente al llegar a un pueblo, a una aldea, a un cruce de caminos o a un acuartelamiento militar. Su mirada está libre de las imposiciones de quienes sólo ven el periodismo como una fuente de ingresos y se dejan en el tintero la obligación que tiene esta profesión de contar los hechos tal cual son y no cómo nos gustaría que fueran.

En palabras del gran Benito Pérez Galdós, escritas en 1915 -que sirven de prólogo para la edición que recopila los artículos de Enrique Gómez Carrillo, publicada por Ediciones del Viento, bajo el título Campos de batalla y Campos de ruinas- la labor del periodista guatemalteco merece la pena de ser destacada por las siguientes razones: 

Pocas veces he visto un ejemplo tan acentuado de flexibilidad, de entusiasmo y de razón. Al escribir, este completo estilista no realiza, por decirlo así, ninguna función de escritor. Carrillo no se embriaga con el hermoso sesgo de sus ideas, con la música y el sonido de sus frases. Ya se trate de un fogoso corcel o de un borriquillo de Arabia, permanece siempre dueño de su cabalgadura, de las cuadrigas que conduce con un hábito de maestro que se desconoce a sí mismo y no se pone como ejemplo ni para sí ni para los demás.

Los escritores que poseen en grado tan alto la fuerza descriptiva  y la fuerza emotiva, piden a gritos teatro amplísimo, actualidad compleja y grandiosa para emplear dignamente sus prodigiosas facultades. La fatalidad, la espantosa tragedia de los tiempos presentes, ha colmado las medidas a Gómez Carrillo, que como cronista de una guerra tan ominosa y bárbara, tiene ancho campo para sus ojos, que rápidamente ven y pintan, y para su ágil pluma, que nos transmite sus intensas impresiones.

Los más de veinte artículos recopilados en Campos de batalla y Campos de ruinas nos dibujan la contienda y sus participantes, especialmente los soldados de a pie, y los habitantes de una Francia arrasada por el empuje de las fuerzas germánicas de una forma que rara vez se ha podido ver, más si se tiene en cuenta que la mayoría de la bibliografía relativa a la contienda está escrita por escritores e historiadores británicos, franceses, alemanes o estadounidenses.

Cuando quedan ya pocas semanas para terminar el año 2014, fecha en la que se ha celebrado el centenario de la contienda armada que a punto estuvo de acabar con el futuro de nuestro cacareado continente, leer el libro de Enrique Gómez Carrillo se me antoja como el mejor de los revulsivos para quienes aún defienden los populismos exaltados, los tiempos pasados, el espíritu marcial y los pomposos desfiles que sólo sirvieron para llevar al matadero a millones de seres humanos.

Agradezco a Eduardo Serradilla Sanchis el haberme cedido esta reseña para publicarla en la sección de literatura.

CAMPOS DE BATALLA Y CAMPOS DE RUINAS (CRONICAS DE LA GRAN GUERRA)

Autor: Enrique Gómez Carrillo

Introducción de Jorge M. Reverte

Prólogo de Benito Pérez Galdós

Encuadernación Rústica

Número de páginas 264

ISBN: 978-84-15374-69-6

Precio: 19€

Ediciones del Viento.

 

© Ediciones del Viento, 2014

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