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España revisará las bases de datos para evitar 'infiltrados'

ASESINATO DE TRES ESPAÑOLES EN UNA BASE AFGANA

El asesino de los guardias civiles y del traductor tenía acceso a la base desde hacía 5 meses.

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El asesinato de tres españoles en la base afgana de Qala e Naw propiciará que se revisen las bases de datos de los alumnos y el personal que accede habitualmente al acuartelamiento, informaron fuentes de la investigación iniciada después de que el atentado fuese perpetrado por el chófer de la policía afgana. Durante cinco meses tuvo acceso a la instalación donde llegó a alcanzar niveles de confianza con el personal de la base en la que imparten las clases los agentes españoles.

Ésta es una de las medidas de seguridad que se aplicarán en la base aunque, según añadieron las mismas fuentes, se trata de un proceso complejo dada la cantidad de personal presente en el acuartelamiento, entre alumnos, efectivos de la Policía o militares el Ejército afgano.

La conclusión, tras el atentado, es que se trató de un hecho desafortunado en el que no tuvieron que ver las medidas de entrada y salida del recinto -el asesino realizaba los accesos en un coche de la policía afgana-. Por su parte, los miembros de la Policía Judicial de la Guardia Civil presentes en la zona ya han iniciado la redacción del atestado de lo sucedido.

Ghulam Sakhi, el terrorista de los dos guardias civiles y un traductor español en Afganistán ejercía las labores de chófer del jefe de la Policía afgana desde hacía cinco meses en los que tuvo acceso a la base de Qala i Naw. Allí hacía tiempo paseando por el acuartelamiento, lavando el coche, durmiendo "siestas" en el vehículo o manteniendo contacto con el personal de la base con el que "se llevaba bien", informaron las mismas fuentes, que destacaron que "habría tenido oportunidad de generar más bajas en otras ocasiones" durante estos cinco meses.

La función del conductor de 26 años consistía concretamente en trasladar al jefe policial afgano a la base para que estuviese presente en las clases de adiestramiento impartidas por los guardias civiles. Se trataba de sesiones de entre dos y tres horas en las que el asesino acostumbraba a hacer tiempo en el interior del acuartelamiento, si bien las fuentes consultadas niegan que tuviese acceso a información sensible sobre las tropas que pudiera haber sido transmitida a la insurgencia.

La investigación indica que el terrorista accedió a la base con total normalidad como era habitual y que estuvo varios minutos en el interior del acuartelamiento tras aparcar el vehículo junto al lavadero de coches. Fue cuando observó agrupados a los guardias civiles que impartían la clase en el patio de la base cuando procedió a perpetrar el atentado con una Kalashnikov que portaba en el vehículo.

Salió corriendo tras la ráfaga

En concreto, se trató de una ráfaga de disparos contra los agentes sin ningún objetivo concreto en el que fueron alcanzados los tres fallecidos. Inmediatamente después, Sakhi salió corriendo, pero tan sólo logró avanzar unos metros antes de ser abatido.

La investigación sostiene que se trató de un atentado premeditado y preparado contra las tropas españolas, si bien las fuentes consultadas aún no se ha logrado confirmar la autoría talibán.

Asimismo, se investiga si los incidentes registrados con los habitantes de la localidad afgana que minutos después trataron de acceder a la base formaba parte de un plan previamente establecido o si se trató de una consecuencia del nerviosismo que se generó en el lugar tras el incidente.

Las fuentes consultadas explicaron además que esta etapa del año es especialmente sensible en esa región debido a la celebración del Ramadán en el que, según la religión musulmana, se impone el ayuno hasta la caída del sol durante un mes.

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