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Silencio, se pacta

ESPERPENTO EN EL CABILDO POR INFECAR

Bravo eludió hablar de la oferta laboral a Olarte - Insinúa que el CCN ofreció su silencio si Martel entraba en el gobierno - Domínguez pone el ventilador en su defensa con facturas de Olarte y de NC de 2007

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Un político tan bregado en patinazos dolorosos y consensos históricos, como es José Miguel Bravo de Laguna Bermúdez, no podía salir del salón de plenos del Cabildo de Gran Canaria sin decir al menos esta boca es mía. Se debatía crear una comisión de investigación sobre la gestión de su vicepresidente primero Juan Domínguez al frente de la vieja Feria del Atlántico, por la denuncia al pleno del ex presidente ejecutivo de Infecar, Lorenzo Olarte, cesado este mes por ello.

Y se trataba también, ante la insistencia constante de PSC-PSOE, NC y lo que queda de CC, de aclarar aquel almuerzo en el hotel Parque, en el que Olarte asegura haber recibido una proposición indecente. Aquel almuerzo descrito por el presidente del CCN, Nacho González, por el hecho de que Bravo no paraba de pedir "platos y más platos" y que, en un momento dado, la presidenta insular del PP, Australia Navarro, comenta a Olarte que presidir la Zona Franca le reportaría 4.500 euros mensuales, mucho más del doble que al frente de Infecar.

El almuerzo del Parque no pasará a la historia isleña como el pacto de Las Cañadas, aquel parto de la Autonomía en que el centrismo grancanario de los Olarte, Bravo y compañía prefirió tener la Delegación del Gobierno de España y la Jefatura Superior de Policía en Las Palmas de Gran Canaria a compartir, al menos, el Parlamento de Canarias con Santa Cruz de Tenerife. Pero de este almuerzo, sí que su menú y sus cafés, sus disquisiciones políticas y laborales, quedarán adosados hasta 2015 a la presidencia de este Cabildo, sujeto, no al capricho e instigación al transfuguismo de un político correcto como es Bravo, sino al desastre que hizo con su lista CC en la isla por querer hacer daño a NC.

Porque, más allá del ruido a veces cómico, las otras vergonzoso, de cómo desde NC solo Carmelo Ramírez sabe sacar pimienta en un debate cabildicio, o cómo el propio Juan Domínguez se arrastra por el fango de su asesoramiento de trinchera gladiadora poniendo el ventilador en marcha para, además, encharcarla hasta el fondo, lo que realmente quedó en el aire es que Bravo almorzó el 21 de diciembre con Olarte y en presencia de todos los capitostes ya publicados: en su impecable y esperado alegato final, el presidente del Cabildo se limitó a enumerar lo que ha hecho desde el 27 de diciembre, la fecha en que el ex presidente de Infecar desveló los pufos al pleno. Y de paso a repartir a todos a diestro y siniestro, recordando los cadáveres que tiene cada cual en su armario. Ni media del hotel.

Bravo no se refirió nunca al almuerzo del hotel Parque de manera formal

Bravo tiene la última palabra. Hizo bien también en no concedérsela a Ramírez tras su intervención final porque podía haber ardido Troya. Y a Carmelo, solo una vez en la vida lo saca la Policía Nacional de la Casa Palacio, no se vaya a enfadar más Soria. Pero el presidente del Cabildo, en un alarde de quiebro legal y pose institucional, no se refirió nunca al almuerzo del Parque de manera formal: enumeró todos sus actos, que en apariencia son ajustados a derecho, desde que escuchó a Olarte en el pleno del 27 y se limita a esperar a ver qué hace el Ministerio Fiscal en las Islas. Asegura por tanto Bravo, que como Olarte dijo en el pleno que aquel no le había pedido conocer su intervención de antemano, pues poco le podía haber ofrecido por su silencio si no sabía lo que iba decir...

No coneja. Bravo estuvo en ese almuerzo. No lo niega. Otra cosa es que, como político que es, considere adecuado dejar para los reservados todo tipo de negociación, no venga un Vladimiro cualquiera ahora a reclamar el final de la diplomacia secreta del 17. Pero no tuvo arrestos el presidente del Cabildo de Gran Canaria para proclamar a los cuatro vientos que sí, que almorzaron con Antona, Australia, Domínguez, Nacho y Olarte ante la gravedad de lo que se avecinaba, y que se habló de muchas cosas políticas, sin necesidad de entrar en esos detalles tan, así, tan chabacanos. O incluso un "no me consta" tan genovés estos días, por eso de que Australia a lo peor habló bajito al oído de Lorenzo.

Claro que Bravo estuvo en el festín del Parque: hasta se le escapó que "tampoco he querido decir que el CCN hubiese pactado [el silencio de Olarte] si hubiese entrado en el gobierno del Cabildo como consejero [no electo] Juan Martel [nuevo presidente insular y concejal en Telde]". O que, de haber cuajado esa misma oferta de Juan Martel, no estaría este lunes el PP en peso -incluída Rosa Rodríguez y sus dibujos- apoyando a Domínguez en su acusación de despilfarro a Olarte, con viajes a Tenerife o Madrid a cargo de Infecar. Fue tan patético que todo un vicepresidente cabildicio aireara facturas de Olarte sobre visitas a restaurantes en busca del Guiness de la loncha de jamón más grande del mundo, o de fichajes de NC de 2007 que al final no resultaron ser de NC, que la cosa empezó a cobrar tintes marxianos. De los payasos de la tele.

A eso del mediodía de este lunes, después de horas entretenidas de cargas opositoras a la gestión de Juan Domínguez, las contramedidas absurdas de este al reconocer que sí, que contrató a su cuñado por legal y más barato, y con la presencia del propio Olarte en los bancos de la prensa -a quien, sin necesidad alguna, se dirigió el portavoz del PP Carlos Sánchez Ojeda, de nuevo bajo lupa judicial en el caso Unión- había consejeros del Cabildo que ya daban por finiquitado el caso Infecar, o los dimes y diretes de Olarte y su Don Juan.

Nada más lejos de la realidad. La sola insinuación de Bravo de que el CCN estaba dispuesto a callar las irregularidades de Domínguez denunciadas por Olarte si se daba entrada a Martel en el gobierno insular abre otra espita de incalculables dimensiones. De entrada, para este martes, cuando Olarte, a buen seguro con Nacho González y el mismo Martel, den su versión de lo que este lunes dio de sí otro pleno más del Cabildo de Gran Canaria. Que así lo vimos. Pero no volvemos.

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